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sábado, 25 de septiembre del 2021

Mundo Doge

Según Wikipedia, “una criptomoneda, criptodivisa o criptoactivo es un medio digital de intercambio que utiliza criptografía fuerte para asegurar las transacciones, controlar la creación de unidades adicionales y verificar la transferencia de activos usando tecnologías de registro distribuido”.​​ Este tipo de criptodivisas reflejan un tipo especial de valor: algunas reflejan la capitalización de empresas con proyectos de vanguardia sobre la infraestructura del blockchain, contratos inteligentes, automatización de cadenas de valor, distribución de contenido descentralizado, autoría descentralizada, en general, formas distribuidas de realizar economía. Todas ellas, prometen un producto o servicio que cambiaría el mundo. Y luego están criptos como Dogecoin o simplemente “Doge”.

Dogecoin no tiene fundamentalmente ningún valor, de hecho, está reconocida como una “broma” por parte de su creador Billy Markus, quién creó la moneda en 2014 como una parodia a la idea del dinero digital. Esa “broma” fue apadrinada por el empresario Elon Musk, quién es uno de los emprendedores más controvertidos y poco convencionales del siglo XXI, además, es un multimillonario y líder del conglomerado tecno-espacial TESLA-SpaceX, y sirvió de molde para crear la versión fílmica de Tony Stark en “Los Vengadores”. En una serie de tweets, y en la más populista forma de actuar, Musk ha estado promoviendo la marca DOGE como una forma de burlarse no sólo de los propietarios del token sino de la idea del dinero en sí. La reacción de su vasta audiencia ha sido, no obstante, contrario a lo esperado: los propietarios del DOGE en lugar de vender sus códigos broma y vaciar el mercado de DOGE, han tendido a multiplicarse por 1000 al ritmo de las publicaciones de Musk. Y no es para menos, Elon Musk tiene un culto de seguidores en twitter de 46.2 millones (+/- 7 veces la población de El Salvador), lo que permite que sus mensajes coloquen productos a escala viral en cuestión  de segundos.

Pero, esta promoción de DOGE, que ya le ha agenciado una investigación del FBI por supuesta manipulación de mercado, ¿es una forma de rebelión o es una forma de agenciarse dinero fácil inflando el precio de un activo? Lo cierto es que es incierto. Sin embargo queda una perturbarte lección en el aire: el poder de un individuo puede amplificarse considerablemente en las plataformas tecnológicas y moldear una tendencia de mercado como lo hacen los políticos sin posibilidad que el poder judicial pueda hacer mayor cosa para regularlo o detenerlo. Queda en el aire la cuestión de que Musk no está coaccionando a nadie a gastar su dinero en Dogecoin, tampoco realiza consejos de compra o sugerencias financieras, simplemente atiza el llamado “momentum” del fenómeno, con sutiles y crípticos mensajes aludiendo a perritos, y ríe a carcajadas frente a su celular. Más de lo que esto habla de Musk como persona, ¿qué dice de nosotros como imaginario colectivo? ¿A dónde nos llevara un simple tweet en el futuro bajo las circunstancias y el contexto propicio?  

En respuesta a sus críticas, Musk ha abanderado el simbolismo del Shiba Inu (Doge) y ha declarado “Buena suerte atrapando mi cohete. Doge vivirá para siempre. #Dogefather” en referencia y de forma simultánea a la investigación en su contra por parte del Gobierno Federal, a su empresa SpaceX y su nuevo autonombramiento como “padrino” del token Dogecoin. La respuesta ha sido manía pura: Doge tiene a mayo de 2021 una capitalización global de mercado de 72 mil millones de dólares, lo cual coloca a la moneda meme por encima de marcas globales como BMW, FORD, Spotify, HP, Adidas, Ferrari, Colgate y el propio Twitter; de hecho, Dogecoin ahora vale más que muchos países del tercer mundo, por ejemplo, equivale ahora a tres veces el PIB anual de El Salvador.   

Estos signos que deberían despertar a la reflexión por parte de las instancias de educación mundial por la proliferación de manías colectivas sin freno regulatorio, también deberían llamar a un poco de sentido del humor por parte de los que observamos el “Mundo Doge” desenvolverse. Si, desde una perspectiva Hegeliana, por ejemplo, imagináramos la encarnación del espíritu monetario en un Shiba Inu siendo sacado a pasear por la figura heroica de Elon Musk siendo éste último la representación de una humanidad alcanzando Marte y más allá. Es típico de la mente, cuando las explicaciones racionales y el pensamiento crítico falta, tender a depositar su racionalidad consciente en la fe y los mesías. Es un meme de la humanidad, sin duda, pero los memes tienen poder, nosotros se los otorgamos.  

De cierta forma la realidad política, económica y social del Mundo Doge coinciden de forma más básica y elemental: el “momentum” de la marca congrega los espíritus de votantes, consumidores y ciudadanos. Al final, el momentum se expresa en la capacidad de una idea de hacer perder la perspectiva crítica a las personas, y confundir movimiento con tracción, gasto con costo, ingreso con deuda, crecimiento con desarrollo. La marca Doge es sólo la expresión digital de una cultura transitando hacia lo inmaterial y lo banal de ese momentum como la forma acabada del capitalismo del siglo XXI. Líderes “meme” que dirigen economías “meme” para sociedades “meme”, epítetos apropiados, para este nuevo mundo Doge.

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