Por Alonso Rosales
Horas después del operativo militar de Estados Unidos que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el presidente estadounidense Donald Trump compareció ante la prensa para defender la acción, justificar la estrategia de su Gobierno y lanzar una advertencia que resonó en toda América Latina: lo ocurrido en Venezuela podría repetirse en cualquier otro país de la región.
“Esta operación exitosa debe ser una advertencia a cualquier persona que amenaza la soberanía o que pone en peligro la vida de los estadounidenses”, afirmó Trump, visiblemente satisfecho con el desenlace del operativo. “Todas las personas deben entender que lo que le pasó a Maduro les puede pasar a ellos y les va a pasar si no son justos aun con su propio pueblo”, añadió, en referencia a los cargos de narcoterrorismo, narcotráfico y tráfico de armas que Estados Unidos atribuye al mandatario venezolano y a su esposa, acusaciones que el Gobierno de Venezuela rechaza de forma categórica.
El mensaje, lejos de limitarse a Venezuela, se proyectó de inmediato sobre otros países clave de la región, en particular Colombia y México, dos naciones con las que Washington mantiene relaciones estratégicas, complejas y marcadas por la cooperación —y la tensión— en materia de seguridad y narcotráfico.
Colombia en la mira
Trump volvió a arremeter contra el presidente colombiano Gustavo Petro, con quien mantiene una relación particularmente tirante. En declaraciones recientes, el mandatario estadounidense aseguró que Petro “tiene que cuidar su trasero” y lo acusó de permitir la existencia de “fábricas donde se hace cocaína”. Al día siguiente, elevó el tono al afirmar que Petro es “un hombre al que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos, y no lo va a hacer por mucho tiempo”.
Petro respondió desde su cuenta en la red social X, donde exigió a Trump que dejara de “calumniarlo”. “No vea narcotraficantes donde solo hay genuinos guerreros por la democracia y la libertad”, escribió. Posteriormente, la Cancillería colombiana emitió un comunicado rechazando las declaraciones del presidente estadounidense y defendiendo los esfuerzos del país en la lucha contra el narcotráfico.
México y la línea roja de la soberanía
México tampoco quedó al margen del discurso de Trump. En una entrevista con Fox News, el mandatario estadounidense se refirió a la presidenta Claudia Sheinbaum como “una buena mujer”, aunque aseguró que “está muy asustada con los cárteles”. “Tenemos que hacer algo”, remató, dejando abierta la puerta a una mayor intervención estadounidense.
La respuesta de Sheinbaum no tardó. En su conferencia matutina, la presidenta mexicana rechazó cualquier intervención en los asuntos internos de otros países y subrayó que México es una nación libre y soberana. “Cooperación, sí; subordinación e intervención, no”, afirmó, marcando una línea clara frente a cualquier acción unilateral de Washington.
¿Puede repetirse Venezuela?
Las declaraciones de Trump han encendido las alarmas en la región. ¿Podrían Colombia o México enfrentar acciones militares similares a las ejecutadas en Venezuela?
Analistas consultadas por CNN coinciden en que un operativo militar de ese tipo es poco probable en el corto plazo, aunque advierten que no puede descartarse a mediano o largo plazo bajo la actual doctrina de seguridad de la Casa Blanca.
“La regla general con el presidente Trump es que las opciones nunca están fuera de la mesa”, señaló Katherine Thompson, analista del Cato Institute. Si bien consideró que una intervención inmediata es improbable, advirtió que el simple hecho de que se contemple genera incertidumbre estratégica en la región.
Renata Segura, directora del Programa para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, coincidió en que un ataque directo no es inminente, pero sostuvo que tanto Petro como Sheinbaum “deberían estar preocupados”. Según Segura, en un escenario de intervención, Estados Unidos no buscaría capturar a los mandatarios —como ocurrió con Maduro— sino atacar directamente infraestructuras vinculadas al narcotráfico.
“Lo que estamos viendo es la implementación en la vida real de la doctrina de seguridad nacional que Trump puso sobre la mesa hace semanas: América Latina es considerada área de influencia directa de Estados Unidos y no habría mayores reparos en intervenir militarmente si Washington lo considera necesario”, explicó.
Tensiones acumuladas
Desde el inicio del segundo mandato de Trump, el 20 de enero de 2025, las fricciones con México y Colombia se han intensificado. En el caso mexicano, la relación ha sido descrita como respetuosa pero firme, con desacuerdos claros en torno a soberanía y seguridad. En contraste, la relación con Colombia ha estado marcada por choques diplomáticos recurrentes, especialmente en temas migratorios, comerciales y de drogas.
El rechazo regional al operativo en Venezuela quedó plasmado en un comunicado conjunto suscrito por Colombia, México, Brasil, Chile, Uruguay y España, en el que se calificó la captura de Maduro como “un precedente sumamente peligroso para la paz y la seguridad regional”, con potenciales riesgos para la población civil.
Implicaciones para América Latina
El mensaje de Trump trasciende a Venezuela, Colombia o México. Representa un cambio —o una profundización— en la forma en que Estados Unidos concibe su rol en el hemisferio occidental: menos multilateralismo, más acción directa y una interpretación amplia de la seguridad nacional.
Para América Latina, el desafío es doble. Por un lado, enfrentar el narcotráfico y el crimen organizado, problemas reales y persistentes. Por otro, evitar que la lucha contra estos flagelos se convierta en la justificación para intervenciones unilaterales que erosionen la soberanía y reconfiguren el equilibrio regional.
El factor que podría frenar esta estrategia, coinciden los analistas, no está en la región sino en Estados Unidos. La reacción de la opinión pública estadounidense y el costo político interno de estas operaciones podrían ser el principal límite a la política de fuerza de Trump.
Mientras tanto, México y Colombia —y el resto de América Latina— observan con atención. El operativo en Venezuela no solo marcó un punto de inflexión para ese país, sino que abrió una nueva etapa de incertidumbre para toda la región.
FUENTE CNN


