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sábado, 15 de mayo del 2021

Las chilenas al cielo: homenaje al colega y amigo Hugo Burgos

De buen porte, zurdo y desde la media cancha siempre buscando las puntas para atacar al equipo contrario, le encantaba -y lo hacía muy bien-, lanzarse en chilena con las que anotó muchos goles en diversos equipos entre ellos el Chalatenango y los que integramos en la Prensa Internacional y Prensa Deportiva

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Este jueves 21 de mayo a las 10:30 de la noche falleció el amigo, colega y compañero de sueños de vida y del fútbol, Hugo Burgos.

Futbolista en equipos de la Liga Mayor, fue llamado a la selección que en 1982 nos representó en España y por eso su amistad con Jorge “Mágico” González, pero no asistió a ese torneo mundial.

La guerra civil le llamó para subirse al hombro una cámara en aquel equipo de Carlos Rosas Gaitán (+), empresario y comunicador guatemalteco que fundó Telediario Salvadoreño, que por muchos años se transmitió por Canal 4 de televisión.

Hace unos días charlábamos con mis hijos sobre Hugo, no recuerdo porqué, pero aludimos que a veces llegaba en zapatos suecos blancos, no sé si la memoria me falla en el color, los que por su suela lo hacían verse más alto y atraía miradas.

Y este viernes, cerca de las 06:00, tenía un mensaje de Will Pérez avisándome de su muerte. No lo podía creer, pero era cierto, lo confirmó su hija Gabriela. Tenía 59 años y jugaba fútbol.

De buen porte, zurdo y desde la media cancha siempre buscando las puntas para atacar al equipo contrario, le encantaba -y lo hacía muy bien-, lanzarse en chilena con las que anotó muchos goles en diversos equipos entre ellos el Chalatenango y los que integramos en la Prensa Internacional y Prensa Deportiva.

Hugo Burgos entrevistando al "Mágico"

Alegre, divertido y conversador siempre atento a sus amistades, la cual llegamos a cultivar durante años en el trabajo periodístico y jugando fútbol. El popular deporte era en esos años aciagos una forma de distraernos y competir para ganar, por lo que siempre luchamos y algunas veces lo logramos.

En las fiestas, reuniones o comidas con amigos periodistas siempre la jodarria, el chiste y largas tertulias con seriedad.

A veces armábamos una visita a la playa Las Flores en donde comíamos un rico pescado frito o lonjas que preparaba Luis Galdámez, bebíamos algo y el mascón en la accidentada playa negra cerca del Puerto La Libertad. Risas, discusiones por alguna entrada fuerte o la mofa al que se equivocaba en la improvisada cancha.

Luis y Hugo fueron lesionados de bala durante la guerra civil en 1989. A Luis le atravesó una bala su brazo derecho cuando se dirigía a casa en Ilopango y Hugo cuando hacía tomas desde un helicóptero al sobrevolar Usulután, en donde la guerrilla hizo blanco en la nave aérea y en su brazo izquierdo.

Ambos hasta bromeaban su tragedia. Una de esas fue cuando una vez comíamos en La Libertad, frente al mar, y simularon una pelea con sus manos lisiadas. Luis decía que era “la garra” y Hugo “la gaviota”, por la forma en que quedaron las manos de ambos debido a las heridas y simulaban que se atacaban.

Todos reímos por la ocurrencia, pero más cuando sus insensibles dedos se trabaron y por la risa no les ayudábamos a destrabarse. Una anécdota que recordamos siempre.

Los dos equipos de prensa jugamos en la preliminar de la selección nacional contra un club chileno, a mitad de los 90 en el estadio Cuscatlán, desde los graderíos aficionados le gritaban “loco hace un gol” y Hugo desde el campo de juego les sonreía y saludaba.

Jugamos en muchos lugares y cuando aún no se popularizaba el fútbol playa también lo hicimos en la arena. Participamos en un torneo de fútbol “macho” y lo ganamos. Los premios eran bolsas de productos de consumo, pero no nos importaba, era el estar juntos, disfrutar y luchar por la victoria.

Jugamos en la playa La Puntilla y Hugo alegre por el triunfo y por las cervezas ingeridas, aconsejaba a mi hijo Iván y al sobrino Heriberto, que jugaran fútbol profesional, que se esforzaran porque tenían habilidades,  rapidez y potencia en los remates, que podían dar mucho y más con mi apoyo. Les dijo “ya hubiera querido tener un padre así…”

Esa tarde de retorno a San Salvador lloró y aclaró que no estaba borracho, solo alegre, pero que fue mucha la emoción. Así era Hugo.

Otra tarde de fútbol, como lo hacíamos todos los viernes, a finales de los 90s o inicios del 2000, terminamos un partido con Prensa Deportiva y al lado de las viejas canchas externas del Estadio Cuscatlán, estaba Raúl Magaña entrenando al Atlético Marte y con nosotros había jugado el Mágico.

Oscureció y no nos íbamos, todos entretenidos con la charla a veces loca y otras profunda, en la que los personajes eran Jorge, Raúl y Hugo. Inolvidable.

Como inolvidable es Hugo Burgos con su a veces controvertida vida, pero un ser humano que nos alegró con su fútbol y amistad.

“El cielo va a disfrutar tus Chilenas, hasta siempre Hugo…”, escribió mi hijo Iván Barrera.

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