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sábado, 16 de octubre del 2021

La salud de las mujeres es una responsabilidad social

Las mujeres necesitan una atención especializada en materia de salud fí­sica y mental, que incluya la atención de los derechos sexuales y reproductivos

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Las mujeres no sólo son madres también son hermanas, hijas, niñas, adolescentes, adultas, ancianas; deciden si quieren o no tener descendencia, deciden tener como pareja a un hombre o a una mujer, deciden manifestar su identidad de género siendo femeninas o masculinas o transexuales; son mujeres las que viven con alguna discapacidad fí­sica o mental, aquellas viviendo con VIH. Todas y cada una de ellas tienen derecho “a controlar todos los aspectos de su salud, en particular su propia fecundidad” (1995- Plataforma de Acción de Beijing).

La conmemoración del 28 de mayo como el Dí­a Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres insta a una discusión regional, en Centroamérica y República Dominicana, acerca de los determinantes sociales que inciden directamente en la salud de las mujeres, aquellos que están muy relacionados a su dí­a a dí­a y con una marcada diferencia en la situación de los hombres.

El trabajo dentro o fuera del hogar, sea o no remunerado, la decisión en el uso de los recursos económicos, el uso del tiempo, la participación polí­tica, la migración, la capacidad de resiliencia a los desastres, el cambio climático, la trata y los desplazamientos son algunas determinantes que deben considerarse al momento de analizar el acceso a los servicios de salud que gozan o no las mujeres.

Se tiene información sobre variables de interés, pero también es verdad que en cuanto a la violencia social hacia las mujeres, el embarazo en adolescente y el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva hay buenos esfuerzos, sin embargo, es necesario ampliarlos.

Por ejemplo, a nivel mundial, al hecho de que en el trabajo remunerado, los hombres representen casi el doble de mujeres (38% frente al 21% (*), se suma la alta probabilidad de que estas últimas pertenezcan a un sector informal descubierto, lo que impide a las mujeres tener acceso a seguridad social y prestaciones, como incapacidades y licencias de maternidad remuneradas.

Y si bien el trabajo doméstico no remunerado es vital para el funcionamiento de la sociedad, el hecho que este recaiga sobre las mujeres, es un obstáculo para el acceso a servicios públicos de carácter universal. De acuerdo al Informe sobre Desarrollo Humano 2015 “del 41% del trabajo que no es remunerado, las mujeres representan el triple que los hombres (el 31% frente al 10%)”.

A nivel mundial, las mujeres ganan un 24% menos que los hombres, las mujeres agricultoras controlan menos tierras y por consiguiente son menos sujetas de crédito que los hombres, por tanto se limita a pocas o nulas oportunidades económicas (**), la consecuencia de ello es que las mujeres tienen menos recursos a invertir en el cuidado de su salud, a pesar de encontrarse entre la población más vulnerable debido a las implicancias médicas, por ejemplo como cuando se habla de ZIKA.

Se puede continuar señalando hechos en los que las mujeres, quienes representan más de la mitad de la población mundial, se convierten en sujetas de la exclusión social; sin embargo, es momento que las polí­ticas públicas tomen acción.

Las mujeres necesitan una atención especializada en materia de salud fí­sica y mental, que incluya la atención de los derechos sexuales y reproductivos, iniciativas relacionadas a los servicios especializados para mujeres pueden marcar la diferencia y cerrar las brechas de las inequidades y desigualdades en salud.

¿Qué podemos hacer?

La gobernanza otorgada por la Polí­tica Regional de Salud del SICA 2015-2022 y la Polí­tica Regional de Igualdad y Equidad de Género, ambas del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), hace que las iniciativas propuestas para y por los 8 paí­ses miembros del Sistema funcionen como un marco general que guí­e el desarrollo de acciones para la región, complementando las responsabilidades y competencias nacionales. En este sentido, la unión hace la fuerza.

Con estas manifestaciones de voluntad polí­tica, la calidad de vida de las mujeres podrá contar con las bases para exigir un abordaje de la salud de las mujeres con un enfoque de determinantes sociales, desde una perspectiva inclusiva, con enfoque de derechos y respetuosa a las diversidades.

La salud de las mujeres es responsabilidad social en la medida que convirtamos el espí­ritu del 28 de mayo en una constante, en una afirmación al compromiso colectivo de adoptar medidas visibles y cuantificables en pro de una salud equitativa, incluyente y de calidad para todas las mujeres.

(*) http://hdr.undp.org/sites/default/files/2015_human_development_report_overview_-_es.pdf

(**)See more at: http://www.unwomen.org/es/what-we-do/economic-empowerment/facts-and-figures#notes

Fotografí­as: Andrea López-Quijano, COMISCA.

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