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viernes, 22 de octubre del 2021

La paz apresada

Acabo de descubrir un libro que se titula "La paz apresada”. Tiene como subtítulo "Las elites y la construcción de la paz en El Salvador". Su autora es Christine J. Wade. Fue editado en el 2016 por la Ohio University Press. 

Su tesis es que la paz fue cooptada por las elites de nuestro país. Lo interesante es que quien plantea esta hipótesis no es un radical trasnochado sino que una académica norteamericana. 

Si la nuestra es una paz apresada, tomada como botín por unas elites, cabe interrogarse sobre los resultados del sacrificio de la guerra y sobre la calidad de nuestra convivencia. Para abreviar, más que discutir si fue inútil la guerra o si los acuerdos de paz han sido un fraude, sería más importante evaluar los logros y fracasos del orden que nació en 1992. 

Treinta años de relativa estabilidad política, aunque no social, ya merecen un balance crítico ponderado. Lo que está claro, más allá de cualquier disputa retórica en torno a la naturaleza de dicha estabilidad, es que sus grandes constructores y gestores (Arena y el FMLN) han terminado defraudando a la ciudadanía. 

Esta ya los rechazó una vez en las urnas y todo indica que volverá a repetir su rechazo electoral el mes que viene. Lo que haya dicho Bukele respecto a la guerra y la paz posterior es discutible y reprochable, pero es lo que ahora piensa en la práctica un gran sector del pueblo, aunque no lo exprese verbalmente. 

Pero que no lo manifieste con palabras no significa que no lo haya dicho ya por medio del voto. Abramos nuestro debate partiendo de un hecho histórico: en las últimas elecciones presidenciales, un gran sector de la ciudadanía votó en contra de los dos partidos que firmaron la paz en Chapultepec. 

Ese rechazo multitudinario tiene más importancia e implicaciones más profundas que cualquier cosa que haya podido decir el presidente Bukele. Pero está claro que nos sentimos más cómodos rebatiendo un juicio facilón que analizando el trasfondo y las consecuencias de la aparatosa derrota electoral de los dos partidos que nos han gobernado en la posguerra. 

Mucha tinta se ha gastado inútilmente para demostrar la obviedad de que ni las ideas ni la política de Bukele son nuevas, cuando lo escandaloso realmente es que no constatemos que la situación política que estamos viviendo sí que es nueva y bastante cargada de preguntas e incertidumbres.

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