Zarko Pinkas-Ramírez |
En las últimas horas,ha comenzado a circular un titulares alarmantes: “Un estudio de la NASA reveló cuáles son los lugares del mundo en los que no se podrá vivir en 50 años”,”El fin del mundo se acerca y la NASA confirmó que estos lugares serán inhabitables en 50 años: las ciudades que desaparecerán “, “La NASA reveló que hay lugares del mundo en los que no se podrá vivir en 50 años” entre otros . Sin embargo, una revisión cuidadosa de la información muestra que la afirmación, tal como está planteada, es engañosa.
La NASA no ha publicado ningún informe oficial en el que declare que determinadas regiones del planeta serán “inhabitables” dentro de medio siglo. Lo que sí existe son estudios científicos sobre cambio climático, algunos de ellos elaborados por investigadores que trabajan con datos de la NASA, que analizan escenarios de calor extremo y aumento de la humedad bajo determinadas proyecciones de calentamiento global.
Estos estudios se basan, entre otros factores, en el concepto de temperatura de bulbo húmedo, un indicador que combina temperatura y humedad para medir la capacidad del cuerpo humano de enfriarse mediante la transpiración. Cuando este valor alcanza niveles muy altos, la exposición prolongada al calor puede volverse peligrosa para la salud, especialmente para personas mayores, trabajadores al aire libre o poblaciones sin acceso a sistemas de refrigeración.
Lo importante es la precisión: ninguno de estos trabajos afirma que esos territorios dejarán de ser habitables en sentido absoluto, ni establece una fecha exacta como un punto de no retorno inevitable. Se trata de modelos climáticos que muestran riesgos crecientes si continúan las actuales tendencias de emisiones y si no se aplican medidas de mitigación y adaptación.
Algunos medios han tomado estas proyecciones y las han convertido en titulares categóricos, simplificando escenarios complejos y presentándolos como certezas. En ese proceso, se diluye un matiz fundamental: la ciencia climática trabaja con probabilidades, escenarios y rangos, no con decretos apocalípticos.
El problema de este tipo de titulares no es solo la exageración, sino el efecto que generan. Por un lado, desinforman, al atribuir a la NASA afirmaciones que no ha hecho. Por otro, pueden provocar fatiga o desconfianza en la audiencia, que termina percibiendo las advertencias científicas como exageraciones mediáticas.
El cambio climático es un fenómeno real, documentado y con impactos cada vez más visibles. Precisamente por eso, no necesita ser adornado con titulares falsos o distorsionados. Informar con rigor, contexto y precisión no le quita gravedad al problema; al contrario, lo hace más comprensible y creíble.
En tiempos de sobreinformación, distinguir entre lo que dice la ciencia y lo que dicen los titulares es más necesario que nunca.


