Por Alonso Rosales
A pesar de la entrada en vigor de un alto al fuego de 10 días acordado entre Israel y Líbano, continúan reportándose ataques en el sur del territorio libanés, lo que genera incertidumbre sobre la viabilidad de la tregua. Según la Agencia Nacional de Noticias libanesa (NNA), la artillería israelí ha seguido bombardeando zonas como Qian y Bibine, mientras que residentes informan haber escuchado fuego de ametralladora en distintos puntos de la región.
Además, se han registrado sobrevuelos de aeronaves de reconocimiento israelíes sobre la ciudad de Rasaya y las laderas occidentales del Monte Hermón, lo que refuerza la percepción de que la actividad militar no se ha detenido por completo. Estos hechos han despertado preocupación tanto a nivel local como internacional, dado que el acuerdo buscaba poner fin a más de seis semanas de enfrentamientos en territorio libanés.
Desde el lado israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha reiterado la necesidad de desalojar determinadas zonas del sur de Líbano, argumentando que representan una amenaza para la seguridad de su país. Esta postura ha sido interpretada como una señal de que Israel podría continuar operaciones militares selectivas incluso bajo el marco del alto al fuego.
Por su parte, Hezbolá ha advertido que no podrá respetar la tregua si persiste lo que consideran una ocupación o incursión militar israelí en suelo libanés. El grupo ha subrayado que cualquier violación del acuerdo será respondida, lo que aumenta el riesgo de una rápida escalada del conflicto.
En el ámbito internacional, Irán ha reaccionado con cautela ante el acuerdo. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que el alto al fuego es resultado de la resistencia de Hezbolá y la cohesión de sus aliados regionales. No obstante, indicó que su país evaluará cuidadosamente el desarrollo de la tregua antes de emitir un respaldo definitivo.
El acuerdo fue anunciado en Washington tras negociaciones impulsadas por Estados Unidos, pero los acontecimientos recientes ponen en duda su implementación efectiva. La continuidad de los ataques y las advertencias de ambas partes reflejan un escenario frágil, donde cualquier incidente podría desatar una nueva ola de violencia en la región.


