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martes, 19 de octubre del 2021

Hernández Martínez y Bukele

Vos sabes perfectamente que el reino de las comparaciones hiperbólicas no es precisamente el de la razón escrupulosa y sensata sino que el de la propaganda. Que compares a Nayib Bukele con Maximiliano Hernández Martínez ya es preocupante y es más digno de análisis como síntoma de polarización que como ejemplo de análisis frío. La lógica que presidía las acciones del Gral. Martínez era estrictamente militar, buscaba controlar un levantamiento armado y posteriormente castigar a la población que lo apoyó. Y eso supuso persecuciones y asesinatos en gran escala. Ignoro a cuántos opositores políticos y a sus simpatizantes ha mandado a matar Bukele. Seguro que vos disponen de cifras, a ese respecto, que yo no tengo. Está claro que aquí deberíamos establecer diferencias entre los contextos y señalar que el actual control de población impuesto por el gobierno debe analizarse en su singularidad, más allá de las engañosas analogías. Y aquí tu análisis falla tremendamente. Para empezar en tu análisis está ausente la amenaza de la epidemia. Uno lee tu largo razonamiento y en él no aparece la epidemia como condicionante político complejo que ha puesto en aprietos, en otros países, a gobiernos mejor estructurados y más competentes que el nuestro. Como en tantos otros análisis, en el tuyo también desaparece el hecho incontestable de que el gobierno en su gestión de la crisis sanitaria está sometido a dos grandes presiones: la que deriva de los problemas logísticos en el control de la epidemia y la que procede de una oposición sin empatía que no perdona el más mínimo error gubernamental; una oposición que, siguiendo la lógica de la propaganda, convierte hasta los pequeños episodios de la crisis en tragedias nacionales. La difícil gobernabilidad de una situación extrema e inédita como la actual no aparece en tu análisis. La principal herramienta que usas para tu razonamiento es la Constitución, como si esta con su reglamento de comportamientos gubernamentales admisibles e inadmisibles, bastase para explicar y normar lo que ahora sucede. Aquí nos movemos entre dos peligros: el de las medidas urgentes que violan derechos constitucionales o el de la hipersensibilidad constitucionalista que puede desembocar en la parálisis política. Avanzaríamos más si comprendiésemos que la polarización (detectable en tu retrato de Bukele) no es solo un problema del gobierno sino que también de una oposición para la cual la epidemia no existe o solo existe como mecanismo de desgaste al gobierno. Hay un clima crispado en esta pecera, un clima que alimentamos todos no solo el malo de la película, un clima que puede desembocar en una crisis mayor en el momento menos oportuno: el del posible estallido de la epidemia. Hace falta muchísima sensatez.

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