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jueves, 2 julio 2026

Guerra inminente entre Pakistán y los talibanes

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La reciente escalada entre Pakistán e Taliban (en el poder en Afganistán) apunta hacia una confrontación abierta de consecuencias regionales.

Por Alonso Rosales.

La reciente escalada entre Pakistán e Taliban (en el poder en Afganistán) —y en particular la insistencia paquistaní en que el régimen de Kabul ponga fin al refugio de militantes en su territorio— apunta hacia una confrontación abierta de consecuencias regionales. A continuación, analizo tres vectores clave: la capacidad de Pakistán, los fracasos de negociación y el legado histórico que condiciona esta crisis.

1. ¿Tiene Pakistán músculo para sostener un “frente total” contra los talibanes?

Pakistán es una nación con fuerzas armadas considerables y una industria de defensa que le da capacidades. Sin embargo, hay varios factores que complican la idea de que Islamabad pueda, sin sangrar, llevar a cabo una campaña extensa contra los talibanes u otros grupos insurgentes:

Ventajas estructurales de Pakistán

  • Cuenta con el aparato militar y de inteligencia más avanzado en su zona (el Inter‑Services Intelligence —I S I—y el ejército paquistaní tienen gran experiencia en operaciones de frontera).
  • Tiene un coste de vida y gastos militares relativamente más bajos que muchas potencias occidentales, lo que le da cierta resiliencia financiera comparativa.

Pero enfrenta graves limitaciones

  • El recurso humano, logístico y político ya está sobreexigido. El combate interno contra la Tehrik‑e‑Taliban Pakistan (TTP) —grupo distinto al régimen talibán en Kabul— ha sido prolongado, costoso y con avances limitados.
  • Los frentes son múltiples: frontera de más de 2.600 km con Afganistán donde se producen incursiones, refugios, zonas tribales de difícil control.
  • Las negociaciones previas (ver más abajo) han logrado poco, lo que sugiere que Pakistán no puede encargarse solo de una movilización prolongada sin graves costes domésticos (económicos, sociales, políticos).
  • La economía paquistaní no está al margen: enfrenta retos enormes (deuda, inflación, déficit), lo que podría limitar la capacidad de sostener un “frente total” sin implicaciones para la estabilidad interna
  •  sí, Pakistán tiene capacidad para lanzar operaciones, incursiones o presionar mucho, pero sostener un conflicto prolongado de “exterminio” contra los talibanes (o contra todos los grupos insurgentes en su frontera) parece desproporcionado al riesgo que ello implica para su propio orden interno. En otras palabras: el músculo está —la voluntad quizá también— pero el coste y la escalada podrían superar lo manejable.

2. ¿Por qué han fracasado las negociaciones entre Pakistán, los talibanes y los insurgentes paquistaníes?

El fracaso de los diálogos es multifactorial; aquí resumo los puntos más relevantes.

a) Negociaciones Pakistán–TTP (insurgentes paquistaníes)

  • Pakistán intentó en varias ocasiones negociar con la TTP, ofreciendo amnistías, integración o alto el fuego. Pero dichas conversaciones no prosperaron porque la TTP condicionaba mucho su entrega —por ejemplo: retirada del ejército de ciertas zonas tribales, cambios constitucionales— lo que el Estado paquistaní no pudo aceptar en serio.
  • El costo de llegar a concesiones profundas implicaba debilitar la autoridad del Estado en ciertas regiones, algo que Islamabad no estaba dispuesto a hacer.
  • Las negociaciones les dieron a los insurgentes pausa y legitimidad, pero no obligaron realmente al grupo a desmantelarse: quedaron con capacidad para reactivarse.

b) Negociaciones Pakistán–Afganistán (talibanes de Kabul como tercero)

  • Las conversaciones recientes entre Pakistán y el gobierno talibán en Kabul —mediadas por Turquía y Qatar— fracasaron porque Pakistán exigía que Afganistán cumpliera con el control de militantes que desde su territorio atacaban Pakistán. Kabul señaló que “no tiene control directo” sobre ciertos grupos.
  • El régimen talibán en Afganistán se resiste a actuar como brazo de represión de Islamabad, en parte por razones de soberanía, en parte porque preservar algunos contactos con militantes pashtunes le da margen de negociación regional.
  • En el pasado, Pakistán apoyó a los talibanes afganos (o al menos les sirvió de base) lo que genera una mezcla de vínculos históricos, suspicacia y arrepentimientos simbólicos. Así, la relación de confianza es frágil.

c) Contexto de fondo que socava cualquier negociación

  • Los objetivos de las partes difieren radicalmente: Pakistán quiere estabilidad fronteriza y el fin de ataques; los talibanes quieren reconocimiento, legitimidad y preservación de autonomía.
  • Las zonas tribales y el tejido social pashtun cruzan la frontera Pakistán-Afganistán, lo que complica el control estatal.
  • Los grupos insurgentes quieren conservar capacidad de negociación para asegurar su supervivencia, no su desarme inmediato. Las treguas han servido para reagruparse más que para integrarse.

En suma, los fracasos negocionales reflejan un choque entre exigencias paquistanas de control y exigencias insurgentes de autonomía y poder, todo en una zona de frontera difícil y con múltiples actores.

3. El legado paquistaní y lo que cambia ahora

Para entender esta fase, no basta ver solo los hechos recientes: hay un trasfondo histórico que condiciona la situación.

  • Durante los años 90 y comienzos de los 2000, Pakistán jugó un papel de apoyo activo al ascenso de los talibanes afganos: el ISI, según informes como los de Human Rights Watch, facilitó logística, rutas, entrenamiento, incluso combustible y municiones para los talibanes afganos.
  • Esa política —una mezcla de conveniencia estratégica, deseo de influencia en Afganistán y rivalidad con India— dejó secuelas: el territorio paquistaní fue utilizado una y otra vez como santuario de militantes, lo que generó un costo interno altísimo en seguridad.
  • Ahora, Pakistán pretende revertir parte de esa historia: exige que Afganistán (y por extensión los talibanes) actúen contra militantes que atacan Pakistán desde su suelo. Pero ese cambio de postura tensa los antiguos vínculos.
  • En ese contexto, la amenaza pública de “exterminio” formulada por Islamabad contra los talibanes afganos (o al menos contra sus refugios) —según informes recientes— es más que retórica: indica que Pakistán considera que su paciencia se agotó.

4. ¿Hacia un conflicto abierto?

Sí, existe una probabilidad real de escalada hacia un conflicto mayor, y mi apreciación es que estamos en la antesala de un conflicto limitado, pero significativo, más que de una guerra convencional total.

Indicadores de escalada

  • Islamabad ha advertido que “no requerirá usar ni una fracción de su arsenal completo” para hacer retroceder al régimen talibán de Afganistán si estos no cesan los ataques
  • Las negociaciones entre Pakistán y los talibanes afganos concluyeron sin resultados concretos, lo que abre la puerta a acciones unilaterales de Pakistán.
  • La frontera está activa con combates, incursiones y ataques, lo que genera una dinámica de desconfianza mutua.

Pero limitantes del conflicto total

  • Los talibanes afganos también tienen defensas, alianzas y no estarán quietos; una campaña masiva de Pakistán implicaría altos costes políticos y de imagen interna.
  • Los otros actores regionales (Irán, China, EE.UU., India) tienen interés en que la situación no se desborde; pueden actuar como estabilizadores o como freno.
  • Pakistán necesita balancear entre combatir y mantener estabilidad interna: un conflicto prolongado puede revertir en inestabilidad doméstica.

Escenario probable
Mi estimación: Islamabad lanzará operaciones selectivas —bombardeos, incursiones de fuerzas especiales, presión diplomática— buscando debilitar la capacidad de los talibanes afganos para dar refugio a militantes. No obstante, un enfrentamiento prolongado, frontal, entre ambos ejércitos es menos probable en el corto plazo. El conflicto será:

  • Intenso, en zonas de frontera
  • Con riesgos de expansión hacia Afganistán occidental
  • Con implicaciones para la seguridad en Asia Central, Pakistán e incluso en el “lejano oriente” como usted bien aludió
  • Y con posibilidad de que los talibanes afganos busquen aliados para contrarrestar a Pakistán.

5. Implicaciones para el lejano oriente

Aunque la zona geográfica está en el sur de Asia, los efectos reverberan hacia el “lejano oriente” por varias razones:

  • Cualquier inestabilidad mayor en Pakistán-Afganistán puede reactivar redes terroristas que tienen ramificaciones internacionales.
  • Pakistán, como potencia nuclear y socio estratégico de China, Estados Unidos y otros, afecta alianzas en Asia-Pacífico. Si Pakistán se ve en un conflicto mayor, su capacidad de atención en otros frentes caerá.
  • Las rutas de Asia Central hacia China (por ejemplo, la Iniciativa de la Franja y la Ruta) pueden verse afectadas por inseguridad o desvíos.

Mi punto de vista
Pakistán ha decidido dejar de tolerar los refugios de militantes en Afganistán y exige que el gobierno talibán actúe. Ante la inacción de Kabul, Islamabad amenaza con medidas que podrían derivar en una confrontación. Aunque Pakistán tiene recursos y voluntad, un conflicto amplio será difícil de sostener sin costes. En ese sentido, el escenario más probable es una escalada controlada, con operaciones cruzadas y presión sostenida, más que una guerra abierta total —al menos por ahora. Pero el riesgo de que se convierta en algo mayor está latente.

Para usted, que observa desde El Salvador, este es un ejemplo más de cómo conflictos regionales en Asia pueden tener eco global: el equilibrio de alianzas, la financiación del terrorismo, y la inestabilidad fronteriza tienen ramificaciones que cruzan continentes.

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