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miércoles, 08 de diciembre del 2021

Flor de muerto

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Por Susana Barrrera

La flor de los muertos (Tagetes erecta) o cempasúchil, se caracteriza por ser una flor de temporada, con un amarillo intenso, salvaje, decora altares para Santos Difuntos, expele un particular olor. Incluso es utilizada para ahuyentar insectos. En este contexto, la citada flor nos hace grandes contrastes, porque el olor y el ambiente de la muerte hoy más que nunca no tiene precedentes.

Desde hace 20 meses nuestras vidas cambiaron para siempre; como sacado de una película de ficción; el mundo, el país, comunidades y nuestras familias están viviendo una de las experiencias más complejas de la historia; definitivamente, esta crisis de salud no solo nos afecta el cuerpo biológico, sino que trae consigo una decadencia económica, política y de lo menos que se habla es de la crisis emocional que está provocando.

 En este contexto, me atrevería a afirmar que no existe familia que no haya perdido un ser querido, o en el mejor de los casos que haya tenido miembros con el COVID 19, lo haya superado pasando por un proceso doloroso. Las cifras oficiales en El Salvador, hasta esta 4ta semana de octubre daban cuenta de: poco más de 3,600 personas fallecidas, 113, 422 casos confirmados en 20 meses, cifras que incluso pueden ser mayores.  Aunque hay una política de vacunación contra el COVID 19, que nos coloca a la cabeza de muchos países, para esta pandemia de tristeza y desesperanza no lo hay, sin embargo, me permito compartir con Ud. Lector, algunas ideas que he recogido en mi experiencia personal y familiar y que han servido para resarcir el duelo:  

  1. Recordar a nuestros seres queridos desde el amor y no desde el dolor. Esto se lo dijo un sacerdote a mi anciana madre el propio día que murió su nieto y no hubo forma de hacer ritual digno de despedida, el clérigo le hacía hincapié, que recordara a su amado desde la corta experiencia compartida y donde primaba el amor.
  • Quedan historias pendientes, palabras que no se dicen, la muerte sorprende a la victimas tanto como a sus parientes; nadie nos enseña a vivir con la muerte; el ser se hace mil añicos y asalta la culpabilidad de lo que no se hizo y pudo haberse hecho, y lo que queda “es comenzar a reconstruir el yo partido en mil pedazos”, dice el maestro, psicólogo y padre de la psicomagia, Alejandro Jodorowsky, quien lo experimentó cuando perdió a su hijo de 24 años de edad. Sugiere “soltar” para liberar el dolor y que crezca el amor.
  • Otros personajes, incluso esotéricos, retoman la frase Bíblica, “Que resplandezca la Luz Perpetua”, haciendo alusión a que tarde o temprano nuestro espíritu se unificará con la Luz primaria (Cristo u otra deidad) y el cuerpo volverá a donde pertenece: “Polvo eres y en polvo te convertirás”, lo que se transmuta es el espíritu, que trasciende a otra forma de vida. Sin embargo, añade Jodorowki, es imposible probar que existe otra vida después. Pero también es imposible probar que no existe otra vida después…entonces es cuando nuestra imaginación y creencias toman fuerza y se da la necesidad de fortalecer el espíritu.
  • Las meditaciones son otras alternativas a libre disposición, piezas dirigidas y de alta frecuencia que arrullan el ser.
  • Sembrar un árbol en nombre de la persona que ha partido, también es una práctica hermosa, si así fuera, y en coherencia con el dato de Our World in Data, tuviéramos un bosque de 5 millones de árboles, que corresponde a cada una de las víctimas mortales del COVID 19.

En fin, cada persona, cada familia está viviendo su propio dolor, quizá también una de las lecciones de este capítulo de terror, sea el repensarnos la muerte, fortalecer el espíritu, entender que no se puede evitar el duelo y como dice el Zen se “puede curarse una enfermedad, pero no puede curarse el destino».

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Susana Barrera
Columnista Contrapunto
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