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lunes, 10 de mayo del 2021

Falta de espacios para inclusión de jóvenes en la Asamblea Legislativa

Los que están militando en un partido político, siguen siendo la “carne de cañón” en la guerra por el voto.

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Las estimaciones y proyecciones de población elaboradas por la DIGESTYC, evidencian que El Salvador es y ha sido, por casi siete décadas, un país en donde la población adolescente y joven tiene un peso demográfico importante, ya que desde 1950 hasta el 2018, se estima que una de cada cinco personas es adolescente o joven (15 a 24 años).

La juventud constituye un sector clave porque está mejor preparada que los adultos para lidiar con las dos principales claves de la dinámica del siglo XXI: centralidad del conocimiento y permanencia del cambio fomentando la cohesión social y el sentido de pertenencia de los jóvenes a la vez que se promueve la integración (material) de las nuevas generaciones (en términos de acceso a servicios).

Un estudio del Instituto Holandés para la Democracia Partidaria (Netherlands Institute for Multiparty Democracy, por sus siglas en inglés), señala que deben impulsarse iniciativas que fortalezcan el sentido de pertenencia de la sociedad.

Esto debería de colaborar directa o indirectamente con el desarrollo de mayores niveles de cohesión social refiriéndose tanto a la eficacia de los mecanismos instituidos de inclusión social, como a los comportamientos y valoraciones de los sujetos que forman parte de la sociedad. Finalmente en cuanto al sentido de pertenencia a la sociedad, es significativo que se incorporen las dimensiones expresivas  y comunicativas de los jóvenes (que tienen mucho que decir y pocos canales para ser escuchados), e incluir el tema de los espacios deliberativos (escasos y poco atractivos para las nuevas generaciones) que habrá que transformar para que sean más aptos para el fomento de la participación juvenil en la política.

La participación de los jóvenes en la política, no solo es importante si no necesaria, los jóvenes son una parte fundamental para la construcción de cualquier sociedad; los jóvenes han estado acostumbrados a que se tomen decisiones por ellos, a dejarle las riendas de un país a otra persona que se ha estado aprovechando del espacio político para satisfacer sus propios intereses y necesidades sin pensar en el resto de la población; y lo que pueda afectar a la generación que le sigue. La política es un servicio público, la política no es de unas pocas personas, es de todas.


Los jóvenes que están militando en un partido político, siguen siendo la “carne de cañón” en la guerra por el voto. Reparten volantes, llenan mítines, hacen promoción de los candidatos, cantan, bailan y sonríen.

Ante la muy evidente crisis de credibilidad que experimenta el sistema democrático, es imperante que los institutos políticos reconozcan a los jóvenes como actores estratégicos para su propia supervivencia.

No solo basta con inscribir a miles de jóvenes a las filas de un partido; es necesario que, desde  los partidos se hable de juventud, se generen propuestas que impacten directamente a los jóvenes, se invierta en la formación de cuadros jóvenes y que se integren a sus militantes a los procesos de toma de decisión y, por supuesto, postulen a personas jóvenes.

Por todo lo expuesto, es que la Escuela de Formación para la Democracia, ha consensuado elaborar un proyecto de ley en el cual se hagan reformas al Código Electoral y a la Lay de Partidos Políticos, para que la participación de jóvenes en cargos políticos sea de un 50% entre hombres y mujeres de 25 a 35 años de edad.

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