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miércoles, 04 de agosto del 2021

EXCLUSIVO: Reflexiones sobre COVID-19, de Bill Gates

Es importante el llamado de Bill Gates, quien no solo anunció venir la epidemia, sino que incluso anduvo en Asia y en Asia atendiendo casos personalmente

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Antes de referirme al punto central, quiero decir que en mi vida he pasado por situaciones extremas, inusuales para un escritor o cualquier ciudadano. No es el momento de exponerlo; pero sí debo decir sobre la importancia que da aprender de la vida para fortalecer los conocimientos adquiridos. La actual situación es igual o peor que cualquier experiencia por la que se haya pasado: sobre todo incertidumbres, ansiedades, y pánico.

Pero mi intención es referirme en parte, a un artículo de Bill Gates publicado en los periódicos de España y de los EE.UU. Bien, la Fundación Bill & Melinda Gates tiene más de veinte años invirtiendo en investigación, y en apoyo a iniciativas en educación, centrado esto en maltrato infantil y por la igualdad de la mujer, poniendo énfasis en África y en Asia: Birmania, Malasia, Tailandia. Sobre todo ha hecho hincapié en la mejoría de las condiciones sanitarias y hospitalarias de millones de personas contra las epidemias, y se ha hecho presente en dichos países lo cual le da autoridad para opinar sobre temas de epidemias. Esto me motiva a comentar sus planteamientos relativos a la actual pandemia mundial del COVID-19.

Bill Gates anunció que después del ébola podría venir otra pandemia grave y que debíamos estar preparados. Hubo pocas repuestas, así como las hubo recién aparecido el COVID-19, incluso de estadistas de las grandes potencias que no le dieron atención a las características inusuales de dicha pandemia. Nos llegó como una erupción o un terremoto que nadie espera. Y peor aún, porque de éstos se les espera tarde o temprano y se busca cómo paliarlos. En el caso del virus actual, una vez aparecido todo ha sido  inesperado.

Aún más, se adujo que otras epidemias han causado millones de muertes, caso del VIH, tuberculosis y fiebre amarilla. Cierto, como también es cierto que han atacado con más fuerza a países pobres de todo el planeta: África y el sudeste asiático.

Entonces, ¿qué es lo inédito que ni grandes estadistas e investigadores pudieron prevenir lo sorpresivo y la rapidez del contagio? Fuera de esos números fatales que conocemos, lo desastroso del COVID-19 es la saturación del sistema de salud. Algo que no se había tomado en cuenta, pues frente a un rápido ataque del virus ni infraestructura especial, y menos en personal hospitalario se cuentan. Nadie, ni siquiera en países como España e Italia, y los EE.UU, dada la dimensión y rapidez con que se propagó el virus. Sin embargo, las ciudades que controlan el virus aplauden a los sanitarios heroicos involucrados en la acción sanitaria. Lo he visto en Wuhan y en ciudades de España.

“Me preocupan los daños económicos (en países como Italia o España) –apunta Bill Gates– pero mucho peor será la pandemia al afectar a estados que no pueden ejercer el distanciamiento social, por una baja capacidad hospitalaria, e igual golpea a los países más desarrollados”. Ante esa realidad, Gates promueve una solución mundial contra la pandemia.

Pienso que ante esas palabras autorizadas, no cabe más que una madurez reflexiva, para evitar mayores desastres, humanos y económicos. Recuerdo que el gobernador de Michigan, hace unas dos semanas hizo un llamado a su presidente a tomar medidas equivalentes a un estado de calamidad. Y esa premonición llegó rápido, Michigan es el tercer estado más abatido, después de New Jersey y Nueva York. Y aun hace cinco días el gobernador de Texas afirmó que era una simple gripe, que se morirían quienes ya no presentaban fuerza laboral.

Ante esas declaraciones que podrían parecer desesperadas, la realidad ha llevado a declarar emergencia en los cincuenta estados de EE.UU. Me pregunto, ¿hay que culpar a los políticos que ponen en balanza la alternativa de la economía o las pérdidas humanas? No se puede culpar a los políticos que no esperaban el desastre. Aún cuando la muerte no solo era anunciada sino que estaba presente, ya era indetenible. Y es que lo grave de esta pandemia es lo impredecible. Incluso al afirmar que después este desastre nuestros países e instituciones ya no serán los mismos. Nadie sabe. Pero ojalá sea para bien de la humanidad.  

Es importante el llamado de Bill Gates, quien no sólo anunció venir la epidemia, sino que incluso anduvo en Asia y en Asia atendiendo casos personalmente. Se puede decir cualquier cosa menos que se trata de motivación política, pues su Fundación trabaja desde hace una década en la ruta de los países, incluyendo con acción presencial en estos países. Conoce sin ser un experto médico. Cuando estamos en el siglo de la información y del conocimiento, afirmar otra cosa es perder la perspectiva del presente y próximo futuro.

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Manlio Argueta
Escritor, poeta, novelista. Integrante del Círculo Literario Universitario. Director de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Colaborador de ContraPunto
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