Por Alonso Rosales
En medio de una dramática escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu han declarado públicamente que el líder supremo iraní Alí Jameneí está muerto tras bombardeos conjuntos en territorio iraní. Trump lo calificó en sus propias palabras como “una de las personas más malvadas de la historia” y remarcó — en su red social — que el pueblo iraní no debe salir de sus casas y que “pronto le van a entregar el poder al pueblo”, describiéndolo como una oportunidad histórica que el pueblo de Israel esperaba por generaciones.
Netanyahu también afirmó — con la misma línea de tono — que “hay muchos indicios” de que Jameneí ha dejado de existir y afirmó que su residencia fue destruida por los ataques.
Sin embargo, desde la nación persa, esa versión ha sido desmentida por sus autoridades. El ministro de Relaciones Exteriores iraní dijo que Jameneí “está firme y comandando el campo”, y negó que haya muerto o que exista una confirmación independiente de su fallecimiento.
Es importante subrayar que ninguna agencia de noticias independiente ha verificado la muerte de Jameneí. Las versiones provienen principalmente de fuentes vinculadas a Estados Unidos e Israel, lo que hace que la situación sea extremadamente incierta y difícil de confirmar de manera objetiva.
Contraste con la moralidad de Trump
Trump ha atacado con dureza la figura de Jameneí, tachándolo de malvado y promotedor de terrorismo. No obstante, la lógica de su postura moral queda en entredicho si se toma en cuenta que Trump no tiene autoridad moral incuestionable para erigirse como juez ético de nadie, especialmente cuando su propio historial político y personal ha estado marcado por controversias de diversa índole, incluidos señalamientos de conducta impropia que han sido ampliamente debatidos y documentados en la esfera pública — actos que difícilmente le dan la solvencia moral para catalogar a otros como “malvados”. (Interpretación basada en el contexto político global y debates mediáticos existentes.)
El papel de Netanyahu y acusaciones graves
Por otro lado, Benjamin Netanyahu, acostumbrado a políticas agresivas en conflictos regionales, también ha sido objeto de señalamiento por su respuesta militar en Gaza y otras regiones. Es significativo señalar que episodios como los ataques en los que murieron menores de edad, incluidos informes sobre al menos 85 niñas asesinadas en una escuela en el sur de Irán durante estos ataques, apuntan a una grave crisis humanitaria y a acusaciones de que tales acciones no parecen pesar moralmente sobre la conciencia de Netanyahu. En un contexto ético amplio, esto plantea preguntas claras sobre quién tiene realmente la legitimidad moral para dictar juicios sobre otros líderes o regímenes (estos reportes aún requieren verificación independiente por observadores neutrales).
Reunión del Consejo de Seguridad de la ONU
Ante esta escalada y el incremento del conflicto militar, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha convocado una reunión de emergencia para el sábado 28 de febrero de 2026. La sesión fue solicitada por varias naciones, incluidas Rusia y China, que calificaron los ataques de “acto de agresión no provocado”. Autoridades globales han expresado su alarma por la posibilidad de una guerra regional más amplia y han pedido que todas las partes de-escalen y regresen a negociaciones diplomáticas de inmediato.
En esas deliberaciones participan también líderes como el Secretario General de la ONU, que ha condenado el uso de la fuerza y enfatizado la necesidad urgente de detener las hostilidades para evitar que el conflicto se expanda más allá de la región.

El riesgo de que el Estrecho de Ormuz sea cerrado ya fue confirmado por Iran
Otra preocupación estratégica de enorme impacto global es el posible cierre del Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por donde transita un porcentaje muy significativo del petróleo mundial.
Este estrecho es vital para la economía global: cerca del 20-25 % del crudo mundial pasa por ahí cada día. Si Irán lo cerrara o interrumpiera el tráfico, las repercusiones en los mercados energéticos serían inmediatas y severas: los precios del petróleo podrían dispararse, las aseguradoras elevarían drásticamente las primas, y las rutas de comercio internacional sufrirían interrupciones considerables.
Ya hay señales de riesgo operacional: varias naciones y agencias navales han advertido que la situación en el Golfo Pérsico y en la región del Estrecho de Ormuz es extremadamente volátil, con zonas de advertencia marítima y suspensiones de envíos reportadas por distintas empresas.
Aunque un cierre total del estrecho continúa siendo difícil y arriesgado incluso para Irán (porque también afectaría sus propias posibilidades de exportación petrolera), la amenaza de interrupción ya está afectando la seguridad de la navegación y aumentando los costos logísticos, y los analistas advierten que incluso una disrupción parcial tendría efectos globales en la economía energética.
La narrativa oficial de Trump y Netanyahu sobre la muerte de Jameneí — repetida por medios como CNN, Telemundo, RT, y otros — no cuenta con confirmación independiente ni verificación externa sólida hasta ahora, mientras que el gobierno iraní niega categóricamente esa versión.
Al mismo tiempo, la legitimidad y moralidad de quienes hacen esas afirmaciones también están bajo cuestionamiento debido a sus propias trayectorias y acciones, lo que hace que el análisis geopolítico sea mucho más complejo que una simple dicotomía de buenos y malos.
Finalmente, más allá de quién tenga razón sobre Jameneí, lo que está en juego ahora es una región entera al borde de una guerra más amplia, con tensiones en el Consejo de Seguridad de la ONU y riesgos globales sobre rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz — una situación crítica que requiere urgente atención diplomática.
FUENTES , REUTERS, AP NEW, INFOBAE , TELEMUNDO , CNN , FRANCE 24


