Zarko Pinkas-Ramírez | Portada : Nasa | Imagen A: Arp 107 (imagen NIRCam y MIRI)
Un descubrimiento del telescopio James Webb revela que las galaxias chocaban entre sí cuando el cosmos apenas comenzaba a formarse.
Durante décadas, la ciencia sostuvo que el universo temprano fue un lugar relativamente ordenado, donde las primeras galaxias se formaron de manera lenta y progresiva. Sin embargo, un nuevo hallazgo del telescopio espacial James Webb acaba de poner en duda esa idea.
Un equipo internacional de astrónomos detectó evidencias claras de una colisión entre galaxias ocurrida cuando el universo tenía apenas una fracción de su edad actual. El descubrimiento es inesperado porque, según los modelos clásicos, en esa etapa temprana las galaxias aún no tenían el tamaño ni la masa suficiente para interactuar de forma tan violenta.
Las imágenes captadas por el James Webb muestran estructuras distorsionadas, flujos de gas alterados y regiones de intensa formación estelar, señales inequívocas de un choque cósmico. Para los investigadores, esto indica que el universo joven era mucho más dinámico, caótico y agresivo de lo que se pensaba.
Este hallazgo obliga a revisar las teorías sobre cómo se formaron las primeras galaxias y cómo evolucionó la estructura del cosmos. En lugar de un nacimiento tranquilo, el universo parece haber crecido entre colisiones, fusiones y enormes liberaciones de energía.
Más allá del dato técnico, el descubrimiento recuerda algo esencial: aún sabemos muy poco sobre nuestros orígenes cósmicos, y cada nueva observación abre más preguntas que respuestas. El universo, incluso en su infancia, ya era un lugar en conflicto.


