domingo, 7 julio 2024
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El Salvador y el «fenómeno» Nayib Bukele

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Al llegar a la presidencia, Nayib Bukele heredó una situación marcada por un peligro inmediato para el Estado: las “maras”: Pascal DROUHAUD.

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Por Pascal DROUHAUD.
Publicado en Paris, Francia.

El 1 de junio de 2024, el presidente Nayib Bukele(1) inició un segundo mandato en El Salvador, Centroamérica. Desde su llegada al poder, este país ha emprendido el camino hacia una evolución sin precedentes, tanto a nivel político y económico, como en términos de cohesión nacional y de política exterior. En 2019, al frente de un nuevo movimiento político, “Nuevas Ideas”, y con su compañero de fórmula (y ahora vicepresidente) Félix Ulloa, un reconocido académico y constitucionalista, el candidato formaba parte de un deseo de romper con el bipartidismo presente en la vida política en el poder desde 1989(2). Con su elección, logró transformar las bases de la democracia salvadoreña.

Esta evolución se ha puesto al servicio de una nueva visión de un país que pretende desempeñar un papel central en una región cuya integración se ve obstaculizada, si no detenida, por la falta de unidad y de un proyecto común. Para convertirse en un motor, el Presidente salvadoreño colocó la cuestión de la seguridad en el centro de un proyecto global. Y con razón!

Al llegar a la presidencia, Nayib Bukele heredó una situación marcada por un peligro inmediato para el Estado: las “maras”. En crecimiento desde la década del 2000, las famosas pandillas controlaban parte del territorio nacional: barrios y distritos de las principales ciudades del país -como San Salvador, San Miguel, Usulután- estaban bajo su control, lo que hacía que algunos alcaldes intentasen negociar con ellos. Esto contribuyó a debilitar la autoridad de un Estado cada vez más desacreditado por la corrupción que manchaba a las principales figuras nacionales. La falta de justicia, un desarrollo del tráfico ilegal en el “Triángulo Norte” (3), elementos que hicieron de El Salvador uno de los países del mundo con mayor tasa de homicidios. En el 2019, fue de 38 por 100.000 habitantes (2.500 asesinatos por año), en el 2021 fue de 18,1 (1.147 fallecidos). Se esperaba que cayera en 2023 a 7,8: el nivel más bajo jamás alcanzado desde la década de 1980.

El restablecimiento de la seguridad se convirtió en la condición sine qua non para una nueva dinámica económica, principalmente en los servicios digitales y financieros. ¿No fue El Salvador en el primer país del mundo en establecer el bitcoin como moneda de curso legal, al igual que el dólar? Al enfatizar en una nueva forma de comunicación, de carácter digital, Nayib Bukele logró atraer a las nuevas generaciones hacia una estrategia destinada a transformar tanto la imagen del país como el contrato social construido en la posguerra civil (1979-1992).

La percepción de cambios y la verificación de resultados constituyen las bases de una gobernanza sin precedentes, marcada por una super-presidencia aceptada por la opinión pública y comprometida con la lucha contra la inseguridad.

Al lograr desmantelar las pandillas, reorganizar los sistemas policial y judicial, rediseñar el mapa administrativo nacional, Nayib Bukele ha comprometido a su país en una transformación que apunta a convertirlo en el nuevo polo de desarrollo de Centroamérica. Por ahora, se habla de su experiencia como “un modelo exportable” en un continente sacudido por cuestiones de inseguridad, migraciones y tensiones internacionales que resultan en una “tentación del Sur Global” (4) para algunos, como Colombia o Brasil, y en un apoyo a Occidente para otros, como Argentina o Costa Rica.

Orígenes de la inseguridad

Nayib Bukele fue elegido en 2019 con un programa disruptivo, anunciando que quería poner fin a la inseguridad crónica, que ponía a El Salvador entre los países con una de las tasas más altas de homicidios y secuestros. Los casos de corrupción al más alto nivel dañaron la imagen del Estado, reforzaron la desilusión de la población y provocaron una abstención recurrente en las elecciones. Se iniciaron investigaciones contra los expresidentes Francisco Flores y Antonio Saca (ARENA) y  Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén   (FMLN), que derivaron en encarcelamiento y huidas al extranjero. La desilusión democrática estuvo a la altura de los escándalos, lo que llevó a una ruptura del sistema político bipartidista en 2019, confirmada en 2024.

Una narrativa política acompaña esta acción: para el recién reelegido presidente, se trata de responder a “una guerra”, recordando que en la última década se produjeron más de 41.000 homicidios (5). Estas cifras hacen referencia a la violencia generada por las pandillas, que intentan borrar la memoria del estigma de la guerra civil de los años 1980, la cual en su origen llevó al cierre de los espacios democráticos, sumiendo al país en una lucha ideológica que se reforzaba y se desarrollaba en un entorno internacional, en el mundo bipolar, construido alrededor de la rivalidad Este-Oeste.

Durante una década, El Salvador se había convertido en uno de los “puntos calientes” de la Guerra Fría: para algunos, se trataba de frenar la expansión de las guerrillas marxista-leninistas en Centroamérica, a la frontera sur de los Estados Unidos: Nicaragua, desde 1979, estuvo en manos de los sandinistas, encabezados por Daniel Ortega, quien desde entonces ha establecido un régimen que violaba todas las reglas democráticas, pero cobijado bajo el “paraguas” de la URSS. Guatemala también atravesaba un conflicto interno con la guerrilla de la URNG(6). Honduras era una retaguardia aliada de Estados Unidos. Todos los sectores de la sociedad estaban involucrados, incluyendo a la Iglesia.

La Teología de la Liberación, al afirmar que los hombres debían romper con el determinismo social que podía encerrarlos en el papel de víctimas de regímenes considerados opresores, especialmente si eran pro-occidentales, reforzó la imagen de una Iglesia de los pobres, considerada por los sectores conservadores como un actor político. Una figura destacada en la región fue el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Romero, asesinado durante una homilía el 24 de marzo de 1980(7).

El año 1989, marcado en el escenario internacional por la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre, fue el año de cambios en El Salvador. El 11 de noviembre se llevó a cabo una gran ofensiva guerrillera denominada Hasta el Tope: Febe Velásquez Vive, que llevaba el nombre de una sindicalista asesinada en un ataque contra las instalaciones de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS)(8), el 31 de octubre; campaña militar que provocó la muerte de más de 3.465 personas, lo que representa el 10% de todas las víctimas durante una década de conflicto interno! El fracaso de la ofensiva así como la violencia de los crímenes cometidos por fuerzas especiales, como el de los padres jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA) en la mañana del 16 de noviembre de 1989(9), propiciaron un retorno al diálogo.  La Cumbre de Malta, celebrada los días 2 y 3 de diciembre de 1989, entre los presidentes George Bush y Mikhail Gorbachev, abrió las bases para un fin planificado de las relaciones Este-Oeste. El Salvador inició en 1990 un diálogo entre el nuevo gobierno de Alfredo Cristiani y la guerrilla del FMLN-FDR (Frente Democrático Revolucionario), que concluyó con los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de 1992. Cerraban un período oscuro de la historia salvadoreña contemporánea, y debían contribuir a la construcción de un nuevo contrato social. Un enfoque liberal de la economía y una apertura del comercio a un continente que estaba saliendo de los difíciles años 80, también marcados por la hiperinflación, presagiaban un nuevo período.

Fue también en esta época que se formaron los ingredientes de la inseguridad que se extendería a la región: El Salvador, como la mayoría de los países centroamericanos, andinos y caribeños, tiene una gran comunidad en Estados Unidos. Allí viven casi 3 millones de salvadoreños. El apoyo financiero que envían a sus familias, las remesas, representa un 25% del PIB nacional. Basta decir que este vínculo es estratégico para el país. Entre estos millones de salvadoreños, unos pocos centenares no han logrado integrarse o han cometido delitos. Regresados ​​a su país de origen desde el establecimiento de programas judiciales en los años 1990, crearon una red en su área de influencia, constituyendo grupos que, a lo largo de los años, tomaron el control del tráfico y de los territorios. Nacieron las “maras”, con sus códigos, sus jerarquías, sus estrategias. Las más conocidas eran la Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y “Pandilla Calle 18/Barrio 18”. El desarrollo territorial iba acompañado de rivalidad entre ellas. El número de víctimas de delitos y crímenes se volvió exponencial. La presidencia de Salvador Sánchez Cerén (2014-2019) se enfrentó al crecimiento del fenómeno que se convertía en la prioridad de una población que se veía cada vez más sometida a la ley de la violencia pública.

Prioridad absoluta: vencer la inseguridad

Es en este contexto que Nayib Bukele fijó como prioridad absoluta la lucha contra la inseguridad. El presidente habla entonces de una “guerra contra las pandillas”, que conducirá a una reforma de la policía, del ejército y del sistema judicial. Erradicó la inseguridad colocando a los miembros de las maras en una estructura penitenciaria especialmente diseñada para este fin: ¡el Centro de Contención del Terrorismo (CECOT) es así la prisión más grande de América con 40.000 reclusos! CECOT tiene como objetivo romper las estructuras de las pandillas, desmantelarlas y acabar con el tráfico que las financiaba. Vistos los resultados, la población está, por el momento, dispuesta a que el Estado se fortalezca, corriendo el riesgo de abrir un debate sobre las libertades individuales.

El fortalecimiento del poder ejecutivo vino acompañado de una redefinición del mapa territorial así como del mapa relativo a la representación legislativa. De 262, el número de ciudades y centros urbanos cayó a 44. El objetivo era racionalizar la estructura de los territorios reduciendo el gasto público. Asimismo, la Asamblea Nacional vio caer su número de parlamentarios de 84 a 60. Al ganar las elecciones presidenciales del 4 de febrero de 2024, con el 84% de los votos, Nayib Bukele abrió un nuevo ciclo político: su partido Nuevas Ideas cuenta con 54 diputados(10) en la Asamblea Legislativa (parlamento unicameral), frente a una oposición moribunda: ARENA (2), PCN (conservadores, 2), PDC (demócrata-cristianos, 1) y Vamos (1). El debate sobre la legalidad de su reelección quedó barrido tanto desde el punto de vista de la ley, ya que el Presidente tuvo que renunciar a su cargo seis meses antes de las nuevas elecciones, como por el plebiscito resultante de las urnas.

Ahora, después de haber consolidado su mayoría, el Jefe de Estado salvadoreño maneja toda la maquinaria del Estado. ¿El objetivo ahora? Relanzar la economía, hacer atractivo a su país, que le gustaría ver transformado en un “hub” de innovación tecnológica y digital. La seguridad también tranquiliza a los sectores económicos extranjeros y a los inversores que se benefician de medidas de exención de impuestos. Por eso, por ejemplo, Google decidió instalarse en San Salvador. Infraestructuras y grandes obras, en particular en la red vial, puentes como los que actualmente se encuentran en las afueras de la capital, en un importante eje que la une con la ciudad de Sonsonate y la costa hacia La Libertad, obras para aliviar la congestión y el flujo, facilitar el transporte de bienes o acceso a sitios turísticos. El Aeropuerto Internacional de Comalapa sigue creciendo, convirtiéndose en un centro de comunicaciones para toda Centroamérica, que tiene una población de 60 millones.

Ahora la seguridad debe estar al servicio de una economía que depende en un 69,3% de los servicios, un 5,1% de la agricultura y un 25,6% de la industria. Consolidar las finanzas públicas, hacer atractivo al país mediante medidas de incentivos, convertirse en un “hub” digital haciendo el vínculo con América Latina, otros tantos pilares que la Ministra de Economía, María Luisa Hayem lleva bajo la coordinación del Vicepresidente Ulloa al escenario internacional.

Si los vínculos con Estados Unidos son evidentes, teniendo en cuenta la geografía, la historia y los flujos de población, Nayib Bukele inició una diversificación de socios. El reconocimiento de la República Popular China ha incrementado el nivel de inversión en El Salvador: edificios públicos como la nueva Biblioteca Nacional (BINAES) en la capital, grandes obras viales, presencia en el puerto de aguas profundas de Acajutla, todos estos sectores que marcan una relación que no pretende ser exclusiva. Así, el Emir de Qatar, Jeque Tamim Ben Hamad Al Thani, realizó un viaje a San Salvador en septiembre de 2023, luego de visitar Guyana para fortalecer los intercambios energéticos bilaterales. Naturalmente, el comercio regional es importante: El Salvador alberga la sede del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)(11). Si Nayib Bukele se abstuvo durante las votaciones de la Asamblea General de la ONU sobre la guerra en Ucrania, tomó posiciones firmes tras los ataques del 7 de octubre de 2023 de Hamás contra Israel. Mientras tanto, su salida de la presidencia y de la campaña electoral lo había mantenido alejado de los asuntos internacionales.

Conclusión

Desde el fin de la pandemia del Covid-19, América Latina se enfrenta a una inseguridad, en particular por causa del desarrollo del narcotráfico: en Ecuador(12), el presidente Daniel Noboa declaró en enero de 2024 la “guerra” a las bandas que se han extendido por la costa marítima de un país que se ha convertido en una puerta de exportación para países productores como Colombia, Perú, Bolivia y parte del Brasil amazónico. La última campaña presidencial en México mostró la influencia sobre ciertos territorios de cárteles como los de Sinaloa o “Nuevo Jalisco”. La situación de crisis permanente en Haití constituye un riesgo de desequilibrio en la región del Caribe. La República Dominicana, miembro del SICA, está sujeta a presiones migratorias que revelan la complejidad de la situación.

En este tenso contexto, la política encaminada a restablecer la seguridad liderada por el presidente Nayib Bukele es aplaudida en el continente. El jefe de Estado salvadoreño lo utiliza como herramienta de promoción para iniciar una nueva etapa, anunciada durante su toma de posesión el 1 de junio de 2024: lograr un crecimiento económico de largo plazo que presuponga capacidad de atracción internacional y apoyo al consumo interno. Este conjunto refleja un deseo: hacer de El Salvador un polo de estabilidad al servicio del desarrollo económico para una reactivación de la integración centroamericana actualmente estancada.

Pascal DROUHAUD

Especialista de America latina. Investigador asociado del Instituto Choiseul, presidente de la Asociación Francia-América Latina “LatFran” (www.latfran.fr).

Articulo reproducido con autorización de su autor. Publicado en París, Francia.
Tomado de la REVUE DEFENSE NATIONALE. Mensual- Verano 2024 No. 872
Traducción libre


(1) Nayib Bukele fue elegido Presidente de la República el 3 de febrero de 2019, luego de haber sido alcalde de San Salvador, la capital, de 2015 a 2018. El regreso a la seguridad fue el eje central de su primer mandato. Sus resultados le ofrecen la reelección en febrero de 2024 (84% de los votos emitidos); anuncia el 1 de junio de 2024 que hará de la economía su nueva prioridad. Fue autorizado por la Corte Suprema de Justicia a competir por un segundo mandato, con la condición de abandonar sus funciones como jefe de Estado seis meses antes de finalizar su mandato.

(2) Tras la desaparición del Partido Demócrata Cristiano liderado en los años 1980 por el presidente Napoleón Duarte (1984-1989), el movimiento derechista Alianza Republicana Nacionalista de El Salvador (ARENA) fue la fuerza mayoritaria entre 1989 y 2009: sus candidatos ganaron las elecciones presidenciales en 1989 con Alfredo Cristiani, en 1994 con Armando Calderón Sol, en 1999 con Francisco Flores (procesado por malversación de fondos públicos, falleció en 2016) y en 2004 con Antonio Saca. Este último, procesado por corrupción, fue condenado a 10 años de prisión en 2018; fundó la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). El ex guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) llegó a la presidencia en 2009 con Mauricio Funes (perseguido por malversación de fondos públicos y condenado a 14 años de prisión por connivencia con las “maras”), huyó a Nicaragua, país del cual adquirió la nacionalidad) y en 2014, con Salvador Sánchez Cerén (adquirió la nacionalidad nicaragüense tras ser procesado por la justicia salvadoreña por corrupción).

(3) El “Triángulo Norte” está formado por tres países: Guatemala, El Salvador y Honduras. Representa el 50% del comercio centroamericano.

(4) DROUHAUD P., “América Latina – La tentación del “Sur Global””, RDN, n° 865, diciembre de 2023, p. 120-123 (https://www.defnat.com/e-RDN/vue-article.php?carticle=23329).

(5) Informe del Instituto Salvadoreño de Medicina Legal.

(6) Durante la década de 1980, la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca -URNG- estuvo en conflicto con los gobiernos nacionales. En 1986 se logró el retorno a la democracia con la elección a la presidencia de Vinicio Cerezo (1986-1990). En diciembre de 1996 se firmaron acuerdos de paz entre la URNG y el presidente Álvaro Arzú.

(7) El Papa Francisco lo canonizó en 2018 como San Romero de las Américas.

(8) El ataque nunca fue reivindicado oficialmente, aunque las sospechas se centraron en una organización clandestina antiguerrillera, “los comandos urbanos anticomunistas Maximilieno Hernández Martínez”.

(9) Durante un mes, se produjeron enfrentamientos en la capital y en determinadas zonas, en particular en los departamentos de Chalatenango y Morazán, en el norte del país. Se cometieron crímenes por ambas partes, como recuerdan los Acuerdos de Chapultepec (México) firmados el 16 de enero de 1992 bajo el control de la ONU. La mañana del 16 de noviembre, los padres jesuitas, directores de la Universidad Centroamericana (UCA), considerados de extrema derecha por ciertos movimientos, fueron ejecutados por miembros del batallón “Atlacatl”.

(10) La mayoría simple es de 31 diputados, la mayoría cualificada es de 40. La ampliación de las medidas excepcionales en materia de seguridad pública requiere 45 parlamentarios.

(11) Creada el 8 de Diciembre de 1991 mediante el Protocolo de Tegucigalpa, sus miembros son 6 estados: Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y República Dominicana.

(12) DROUHAUD P., “América Latina – Ecuador y el desafío del creciente tráfico de cocaína”, RDN n° 863, octubre de 2023, p. 115-119 (https://www.defnat.com/e-RDN/vue-article.php?carticle=23276&cidrevue=863).

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Redacción ContraPunto
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Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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