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miércoles, 28 de julio del 2021

El profe promovió el empoderamiento

El Profe era el primero de los presos polí­ticos que habí­an llevado en condiciones lamentables a las celdas colectivas en Arica, Chile, en el mes de Septiembre de 1973, después del golpe de estado contra el Presidente Salvador Allende. Habí­a estado aproximadamente doce dí­as en una celda de castigo o confinamiento, acusado de ser un espí­a cubano que se hací­a pasar como salvadoreño, para hacer la revolución armada en Chile; habí­a soportado tres interrogatorios violentos que culminaron con la perdida de la conciencia, así­ como uno muy respetuoso en que el Profe aceptó que habí­a salido de Cuba en el año 1962.

En la celda colectiva sólo habí­an diez empleados de la Universidad del Norte, en la cual trabajaba el Profe; tres de ellos se portaron solidariamente, ayudándolo a ir al servicio higiénico y haciendo fila para recibir la única comida diaria; con ellos el Profe analizó la situación de los presos polí­ticos en Arica y definieron tentativamente algunas reivindicaciones; el punto más difí­cil fue  la calificación que debí­an darse ante los militares (detenidos, presos polí­ticos, personas con derechos humanos o prisioneros de guerra); cuando ya existí­a acuerdo en que deberí­an autocalificarse como prisioneros de guerra, debido a la justificación dada por el Profe en el sentido que si bien la izquierda chilena no estaba en guerra con los militares, los mismos estaban convencidos que habí­an iniciado una guerra contrainsurgente, que al presentarse como prisioneros de guerra y los militares aceptaban esa calificación, lo demás serí­a relativamente fácil de obtener.

En el séptimo dí­a de análisis se integraron dos militantes del Partido Socialista, un arquitecto y un sociólogo, profesores de la Universidad Técnica del Estado; estos dos nuevos elementos hicieron retroceder el análisis a que debí­an autocalificarse como presos polí­ticos con derechos humanos; pasaron otros tres dí­as discutiendo el asunto.

En estas condiciones y tomando en cuenta que el análisis tení­an que hacerlo a la par del agujero que serví­a para mear y hablando en voz baja, el Profe propuso que dejaran de discutir ese aspecto y que se concentraran en las reivindicaciones. En los siguientes quince minutos acordaron las siguientes: dos comidas diarias; 10 minutos para hacer las necesidades fisiológicas; atención médica y medicinas para enfermedades crónicas y eventuales; instalación de agua potable en el patio a donde los sacaban a asolear; que los militares dijeran cuales eran las reglas que debí­an cumplir los detenidos, que sólo se enviara a las celdas de confinamiento a los que no cumplan con esas reglas;  que disminuya el hostigamiento a los detenidos  de parte de los vigilantes de las celdas (amenazas, burlas, golpes en los barrotes, manguereada en horas de la madrugada cuando el frí­o del desierto era máximo); camarotes, para poder dormir con alguna comodidad; que los interrogatorios se realizaran durante el dí­a; que no se utilizaran medios violentos en los interrogatorios; que a los detenidos se les lleve al patio a tomar el sol en horas tempranas de la mañana o en las últimas horas de la tarde, ya que a medio dí­a es demasiado sofocante; durante la estadí­a en las celdas y en el patio se permita que los detenidos puedan conversar en grupo.

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