Por: Francisco (Chico) Campos
En los años ochenta, a los gais y mujeres trans se les llamaba peyorativamente «locas» o «culeros». Quienes ejercían el trabajo sexual en las calles de San Salvador eran perseguidos por la Policía Municipal; era común verles correr por la zona de La Praviana, muchas veces travestidas y con los zapatos de tacón en las manos, para escapar de los agentes. Cuando las detenían, las metían en «la palomita» —una ambulancia municipal utilizada para los traslados— y las llevaban a las bartolinas, donde normalmente pasaban unos tres días y debían pagar una multa para poder recobrar su libertad.
La Praviana era una zona muy viva de la capital, situada sobre la Segunda Avenida Norte, entre la Primera Calle Poniente y la Séptima Calle Poniente (ahora Alameda Juan Pablo II). Allí se encontraban bares famosos como El Faro, La Pravia y Elmer, entre otros, adonde acudían muchos hombres para socializar y conocer a personas del mismo sexo. Era también una zona de mariachis, orquestas y combos que amenizaban la vida nocturna capitalina. Este lugar se convirtió en el bastión principal que albergaba a la comunidad en aquellos años, una época en la que eran personas fuertemente discriminadas y mal vistas por la sociedad en general.
Fue quizás en el municipio de Mejicanos, al norte de San Salvador, donde se acogió a la comunidad ofreciéndole algunos espacios. Por ejemplo, se les permitió participar en las fiestas patronales dedicadas a la Virgen del Tránsito. Cada 16 de agosto, desfilaban en una carroza que recorría las calles de la ciudad, muchas veces bajo protección policial para evitar agresiones, ya que algunas personas les lanzaban objetos contundentes o frutas podridas. Debido a esto, Mejicanos fue reconocida durante un tiempo con la frase: «La ciudad de la yuca, las putas y los culeros».
La comunidad LGBTI+ realizó su primer Desfile del Orgullo el 28 de junio de 1997. En aquel evento histórico participaron unas 200 personas, y hoy en día es considerada la marcha más antigua de la región centroamericana. Ya para el año 2025, el desfile concentraba a multitudes, consolidándose como una de las marchas más auténticas del país, sin necesidad de recurrir a «acarreados» ni a participantes pagados con dinero o comida gratuita.
Las personas que conforman la comunidad son cada día más influyentes. Desde aquellas calles donde muchas se veían obligadas a ejercer el trabajo sexual en los años ochenta, han obtenido numerosos logros y reconocimientos. Ahora es posible verlas trabajando en tiendas, almacenes, boutiques y restaurantes sin sufrir discriminación. Asimismo, ocupan puestos —desde cargos básicos hasta posiciones de liderazgo— en oficinas públicas y empresas privadas. Además, muchas han lanzado sus propios emprendimientos, como salones de belleza, o destacan como creadores de contenido en plataformas como YouTube y TikTok.
Este sábado se realiza el 28.º Desfile del Orgullo LGBTI+ en El Salvador. A continuación, presentamos una galería fotográfica que abarca imágenes desde los años ochenta hasta 2026
















