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Cipriani: Opus Dei, Basket, Guerrillas y el secreto del tiempo

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Juan Luis Cipriani, el cardenal peruano, tiene una importante historia del balocesto en Perú. Conozca los datos más relevantes que Hans Alejandro Herrera tiene para contarnos.

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


Odiado, amado, reverenciado, temido, pero nunca indiferente, ese es Juan Luis Cipriani, el cardenal peruano. Su paso por la Historia del Perú reciente donde naufragan nombres, se ha convertido en un nombre tatuado a fuego en el país andino. Su apellido despierta emociones que solo el deporte conoce.

1963. Estadio Nacional, Lima. Es la semifinal del Sudamericano de Basket, Perú frente Argentina. La albiceleste va un punto arriba y quedan menos de 20 segundos para acabar el partido. Toda da por hecho que Perú pierde otra vez. Entonces la pelota cae en manos, no de una de las estrellas del equipo peruano, como son los robafocos de los hermanos Duarte, sino en las de un joven y desconocido estudiante de ingeniería industrial de la UNI llamado Juan Luis Cipriani. Todas las miradas se dirigen a él. Quedan 19 segundos.

1988. Ayacucho. El papa Juan Pablo II lo acaba de nombrar obispo auxiliar de Ayacucho. Ayacucho en quechua significa rincón de los muertos, el nombre no podía ser más preciso en esa época. Son los años de la Época del Terrorismo y Ayacucho es donde un oscuro profesor de filosofía incubó el huevo de esa serpiente llamada Sendero Luminoso, una reinterpretación andina del Maoísmo más fanático. Literalmente a un joven sacerdote lo “ascendían” a una zona de guerra. Esto no es de extrañar, tomando en cuenta que, según la archisapiente Wikipedia, un ancestro suyo fue un precursor de la independencia peruana, Hipólito Unanue.

Muertes, desaparecidos, apagones, atentados y secuestros a diario. La ciudad de Huamanga de Ayacucho es una ciudad, en 1988, que apesta a cadáver y miedo. Sendero no era como eran las guerrillas de nuestra herida centroamérica, Sendero Luminoso es una religión del Odio y el Presidente Gonzalo, su cabecilla de entonces, su profeta. Aprovechando la desesperación e impaciencia de los más pobres, Sendero llevó al país andino a la sangría más grande de toda su Historia: casi 70 mil muertos en doce años. Y por supuesto, está secta maoísta le tenía declarada la guerra a la Iglesia, y en especial a los curas.

En 1991, el año en que Sendero asesinaba a dos sacerdotes polacos, el Arzobispo de Ayacucho, Federico Richter, se retiraba por límite de edad, siendo Cipriani nombrado arzobispo de esa ciudad. De inmediato se propuso a la recuperación de muchas iglesias ayacuchanas, reabrió el Seminario Mayor de Huamanga y recuperó la celebración de la Misa todos los domingos en la Catedral, paralizadas por los atentados y las amenazas. Fue a través de la normalización de las fiestas y en especial de los domingos, que el nuevo y joven arzobispo logró ganar la guerra cultural a Sendero en el mismo corazón de las tinieblas. Cuando Sendero apareció, y durante todos sus años de actividad terrorista, fue Ayacucho la zona que más sufrió el terrorismo en todo el Perú, en todo el Perú. El regreso de las misas todos los domingos fue un gran y valiente paso en esa lucha por recuperar la paz en una ciudad, como es Huamanga de Ayacucho, una ciudad religiosa famosa por sus 33 iglesias. Ese paso en la batalla de los símbolos fue determinante para empezar a vencer a Sendero. Hay que recordar también que una de las razones del odio de Sendero a los curas, era su aspecto estratégico de “agudización de las contradicciones”. El clero ante la ausencia del Estado suplía fácticamente sus funciones, al incentivar la autogestión, lo cual estropeaba los planes de la secta maoísta por acelerar el conflicto.

Acelerar la miseria de los más miserables, en un país como Perú con los más altos índices de tuberculosis de la región, no podía ser otra cosa que traición a los más pobres. Pero como diría el presidente Gonzalo: salvo el poder todo es ilusión.

Abrir la catedral a las misas cada domingo en Ayacucho convertía a Cipriani en un blanco fácil y deseado, como en su momento lo fue nuestro monseñor Romero en El Salvador. Mientras Sendero llevaba al Perú al horror, Cipriani tomaba Camino, el libro de aforismos de San José María Escriva, como su espada y escudo. El peligro era grande, pero la fe más grande que las montañas de los Andes.

1963. Lima. La pelota en sus manos, el cabello empapado de sudor. Menos 18 segundos y contando para que termine el partido y Perú vuelva a perder. El chato Cipriani, como le llaman (tiene 1.80 de altura, pero le llaman los de la selección de basket el chato. Chato. Yo tengo 1.68 y considero ese apodo una conchudez), esquiva una, dos veces las manos de los argentinos. Sus piernas se mueven como las de un ciervo. 16, 15 segundos para el final. Cipriani tiene el aro a su alcance, pero espera. En las graderías los hinchas peruanos le gritan, le exigen que la lance ya. Cipriani espera. 14 segundos, 13 segundos. El tiempo corre lento, pesa, peligra la victoria cuando la prisa es vocación. Todo se hace una eternidad.

Diciembre de 1996. Lima. En la residencia del embajador de Japón una columna del MRTA, una guerrilla guevarista ha secuestrado a cientos de políticos, diplomáticos, empresarios y militares de alto rango. La noticia corre por todo el mundo. Es la época de Fujimori. La subversión hace algunos años que viene retrocediendo. En Lima ya no hay apagones, y el terrorismo casi parece un recuerdo, pero en vísperas de Navidad el fantasma regresa en forma de secuestro masivo. El mismo canciller de la República es uno de los rehenes. La Iglesia interviene entre los garantes. Junto a la Cruz Roja buscan una salida pacífica. En las pantallas de la televisión internacional aparecen dos sacerdotes conversando a las afueras de la residencia. Por todos lados francotiradores. Los dos sacerdotes son el cardenal Vargas Alzamora, vestido de blanco, y un sacerdote de negro y mangas cortas llamado Juan Luis Cipriani, el Arzobispo de Ayacucho. Cipriani se prepara para entrar a la boca del lobo.

En un artículo de El País de España, de diciembre de 1996, el periodista Juan Jesús Aznárez escribe: «Ex jugador de baloncesto, adquirió relevancia cuando asumió la titularidad de la diócesis de Ayacucho, ciudad andina donde nació el maoísta Sendero Luminoso (…) No se descarta que haya sostenido una larga entrevista con Néstor Cerpa Cartolini, Comandante Evaristo, para tratar sobre sus exigencias y la disposición del Gobierno a un arreglo (…) Cipriani, quien aclaró que no era mediador en el conflicto, dijo haber conversado amplia y libremente con Néstor Cerpa, jefe del comando guerrillero que tiene en su poder la embajada, y expresó que todos, rehenes y captores, tienen “deseos de Paz” (…) “Hay una semilla de paz, debemos tratar de conocer la huella de Dios que todos los hombres de bien tienen en su espíritu”, expresó el obispo, quien recalcó en una de sus respuestas que se refería a todos los que se encontraban en el interior de la sitiada sede diplomática».

El 25 de diciembre, Cipriani celebra misa en la residencia, tanto para secuestrados cómo para los secuestradores.

Como resultado de sus buenas gestiones, y unas horas después de la conferencia con Cipriani, el MRTA hizo otro gesto en dirección a sus objetivos políticos al liberar al embajador de Guatemala, José María Argote. Su liberación es, en palabras de nuestro diplomático, “un reconocimiento al proceso de paz que se está produciendo en Guatemala”, país donde el gobierno y la guerrilla firmarán la paz el día 29 de diciembre de ese año.

Por su parte The Washington Post, informa en esos días finales de 1996. «“There is a small light on the horizon that we must take care of,” Cipriani said. “God willing, these conversations could start soon.”»

Varias semanas después, ya en pleno 1998, el Diario El tiempo de Colombia informa: «La imagen de este hombre, de figura erguida y seguro al hablar, que por espacio de cuatro meses le dio la vuelta al mundo por sus frecuentes visitas a los rehenes, se desvaneció luego de pronunciar estas palabras: “he dicho que para mi todos los rehenes eran parte de mi familia. Por eso…” En ese instante monseñor dejo de hablar y algunas lágrimas bajaron por su mejilla. “Perdón” dijo monseñor y continúo “…Por eso la muerte del doctor Giusti (magistrado de la Corte Suprema), de los miembros de las Fuerzas Armadas y de los jóvenes del MRTA, me llena de un dolor muy grande”, expresó Cipriani a manera de comentario personal (…) Minutos antes de hacer estas declaraciones, Cipriani leyó el comunicado preparado por la Comisión de Garantes en el que se reconocía que pese a los esfuerzos y las largas horas de trabajo en procura de un camino que condujera a una liberación pacífica de los rehenes la situación concluyó inesperadamente para nosotros bajo la responsabilidad y autoridad exclusiva del Gobierno peruano , decía el comunicado».

1963. Lima. “¡Lanzala carajo! Gritan las graderías. La gente está desesperada. Cipriani parece no oírlos. 15 segundos, 14 segundos… En cualquier momento le pueden quitar la pelota. Va y viene, corre con lo último que le queda de fuerzas. Las piernas le arden y los brazos pesan, pero no queda de otra que consumir los segundos. Cabeza fría sobre un cuerpo que quema. 13, 12 segundos…

1999. Lima. La avanzada de edad del cardenal Vargas Alzamora, fuerza un relevo en el arzobispado de Lima. El Arzobispo de Ayacucho asciende al de Lima y primado del Perú. Poco después será elevado a cardenal en 2001. La relación con los presidentes del Perú será inevitable y variada, la caída del fujimorato abre paso a unos gobiernos que son incapaces de gobernar sin conflictos sociales y que se desgastan rápidamente. La presidencia de la República se debilita. El poder de la Iglesia en cuanto prestigio se mantiene y fortalece. Cipriani tiene una columna en el periódico más importante y un espacio para evangelizar en la radio más escuchada. Sin embargo son muchos entre los bien pensantes que no lo soportan. El cardenal media entre poderes y facciones políticas que son incapaces de dialogar entre sí, sin embargo la ingobernabilidad avanza cuando la polarización llega a la exasperación durante la segunda vuelta presidencial de 2016 entre Kuczynski y Keiko Fujimori. Será su última mediación entre esas hienas hambrientas del poder que son los miopes políticos peruanos. Luego de eso, un temprano retiro. Luego de él… la anarquía política del Perú.

1963. Lima. Cipriani sabe que si lanza antes, teniendo 9 u 8 segundos, todo el esfuerzo sería en vano. Paciencia, paciencia mientras el cuerpo y el tiempo se quema.

28 de diciembre del 2018. Lima. Es el día que cumple 75 años, Juan Luis Cipriani presenta su renuncia al Arzobispado de Lima por límite de edad conforme a reglas del Derecho Canónico.

2019. Lima. «El cardenal Juan Luis Cipriani se despide del Arzobispado de Lima luego de que el papa Francisco aceptara su renuncia por límite de edad» informa el diario peruano El Comercio. Una de las declaraciones del Arzobispo saliente es una que denota el significado de la cruz: “No es fácil. Pesa”. Así describe los años de servicio al frente de la Iglesia peruana. Si un presidente en cinco años envejece rudamente (solo hay que comparar las fotografías de los presidentes peruanos cuando entran al poder frente a cuando salen para darse cuenta), ¿cómo podrá sentirse el cuerpo de un arzobispo de Lima de 20 años en el trono de Santo Toribio, eso sin sumarle los 10 años difíciles de arzobispo de Ayacucho?

“Tengo una pasión por el Perú muy grande. Antes que Cardenal soy peruano. Y ese ser peruano me ayudó desde mi juventud cuando vestí la camiseta peruana siendo basquetbolista”, dijo Cipriani en su momento al alejarse no solo del arzobispado sino también poco después cuando la Iglesia lo llamó a Europa. Pero como dicen las palabras de la misa, que tan bien recordó Graham Greene en una de sus novelas, “tuyo es el poder y la gloria”.

Poco después de su temprano retiro de nuestro ecosistema político, la República del Perú comenzó a descomponerse de manera acelerada. Si ya en 2018 había renunciado el presidente Kuczynski, a partir de 2020 empezaría la metástasis de la Gran Crisis de la Presidencia de la República del Perú: tres presidentes solo en un año. Luego la humillación del Congreso de la República a la presidencia cuando le denegó la entrada al hemiciclo al presidente saliente Sagasti; y ahora un presidente que sufre la amenaza permanente de la censura mientras sus índices de aprobación caen a niveles históricos. El Perú simplemente está en la anarquía institucional. El otrora hombre fuerte de la Iglesia Católica en Perú, servía, además de su función pastoral, a ser una especie de mediador en un país, que personalmente yo considero, secuestrado por una banda de políticos desorganizados, incapaces y, lo peor de todo, mezquinamente ciegos. En la guerra política por la casa de Pizarro, los políticos peruanos han llevado a su país a la mayor Crisis política de su historia. Ya el régimen político vivió crisis anteriormente, pero sostengo que las habilidades políticas y de facilitador de diálogo del cardenal Cipriani, y su buen manejo de los tiempos políticos como su paciencia ayudaron a que los gobernantes y los poderes del Estado no llegaran a la situación en la que está el Perú hoy: el caos. Porque en Perú una mala costumbre es llegar tarde siempre, y otra peor es la impaciencia que apresura todos los errores. Y Entretanto el tiempo corre. Cinco segundos, cuatro segundos, tres…

1963. Lima. Tres segundos. Y finalmente la lanza. La pelota se acerca al aro. Todos mirando a un solo punto. El corazón en la mano. Todo dentro del segundo tres. El tiempo pesa.

2022. Lima. Casa de Los Andes.

Periodista: ¿Teníamos expectativas de ganar el partido antes de empezar?

Padre A. Ducay: Más o menos. Argentina era superior. La final del Sudamericano todos estimaban que iba ser Brasil con Argentina. “Los últimos segundos del partido Argentina nos ganaba por un punto, y entonces Juan Luis mantuvo la pelota y esperó a que faltasen cuatro o cinco segundos para lanzar, porque sabía que si lanzaba y metía y luego Argentina cogía la pelota, Argentina nos podía meter otros dos puntos y pasar otra vez adelante. Él se arriesgó cuando faltaban 5 o 4 segundos, lanzó y metió canasta. Luego de eso ya no quedó más que un par de segundos y Argentina ya no pudo resolver el partido. Terminó. Y en pocos segundos pasamos de perder ante Argentina por un punto, a ganarle por la misma diferencia. Y Nicomedes de Santa Cruz, que estaba ahí, fue hasta Juan Luis y lo cargó en hombros. Al día siguiente Juan Luis aparecía cargado por Nicomedes en todos los periódicos, porque fue Juan Luis el que hizo ganar a Perú frente a Argentina. Y porque el riesgo fue suyo. Javier, su hermano, se acuerda de eso… y alguien más se acuerda también de eso.

Periodista: … y alguien más se acuerda de eso.

Padre A. Ducay: Quién puede ser alguien más, no lo sé.*

S. V d.C. “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé…” San Agustín de Hipona.

“El mal es más ruidoso, el mal es más vistoso, pero el bien tiene la última palabra siempre”. Juan Luis Cipriani Thorne, cardenal y basquetbolista peruano.

*Agradezco a Javier Cipriani, su hermano, por compartirme está historia y lo más extraordinario, la foto de Juan Luis Cipriani cargado en hombros por Nicomedes Santa Cruz después de ese partido que merece por justicia un lugar en nuestra memoria. Se cuenta que Nicomedes Santa Cruz, famoso compositor de décimas, compuso en ocasión a ese partido una décima, hoy posiblemente perdida, en honor a ese joven muchacho que siempre será Juan Luis Cipriani y que nos enseñó que el tiempo tiene forma de pelota de basket.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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