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viernes, 14 de mayo del 2021

Carta a Rosario de Gioconda

Rosario:

Cierto que tu polí­tica de comunicación desde que llegaste al gobierno se ha regido por la máxima aquella de que “una mentira repetida suficientes veces, se convierte en verdad” Por once años has sembrado vientos en este paí­s, convirtiendo a quienes no estaban de tu lado en viles adversarios y proclamando una patria solidaria que no existí­a más que en tu imaginación, Pero sembraste vientos y ahora cosechas tempestades. Mentir ha sido un desacierto. Ahora todas las mentiras, como hormiguitas negras te persiguen.

Y, sin embargo, el espectáculo de la verdad falseada no cesa. ¡Qué horribles dí­as han sido éstos: muertes, tras muertes, policí­as jefeando hordas de paramilitares, jóvenes desaparecidos, golpeados! Tanta violencia ha culminado ayer en el dantesco y tristí­simo incendio donde pereció una familia entera con niños pequeños y donde la gente enardecida quemó a los que consideró culpables.

No sé qué podrí­amos esperar de vos que no mostraste ninguna piedad con tu hija, carne de tu carne y sangre de tu sangre. Pero sobre el dolor de más de 170 personas muertas, no has parado mientes ni sentido ningún escrúpulo para orquestar, en la mesa del Diálogo Nacional, ante los Obispos y el pueblo sufriente, el discurso cí­nico y falaz del Canciller Moncada y de los otros participantes de tu gobierno. El guión ensayado que siguen tiene tu sello: pretende eximirles a ustedes de culpa y presentar a los agredidos como agresores; otro caso de las palomas disparándole a las escopetas.

En ese mismo diálogo, sin ninguna vergüenza, el Canciller Moncada leyó un comunicado de los Bomberos del Estado sobre el funesto incendio. Pero somos un paí­s pequeño y todo se sabe: el Benemérito Cuerpo de Bomberos, el cuerpo voluntario, aclaró que fueron ellos, y no los que suscribieron el comunicado, quienes acudieron al llamado de la población. Fueron ellos y los vecinos, como lo vimos en video, quienes intentaron apagar las llamas. Pero la población que ayudaba fue acusada por los falsos bomberos de haber obstaculizado sus labores.

Otro de tus personeros, Edwin Castro, salió el viernes al final de la sesión, evadiendo periodistas con la excusa de que en León estaban quemando la Renta. Resulta que los que iban a quemarla -paramilitares- llegaron al sitio después de su anuncio, y fue la población alzada quien impidió el incendio. No se sincronizó bien el engaño. Y todos somos testigos. Lo hemos visto igual que hemos visto camiones vaciar de contenido las dependencias del Estado que luego incendian matones para culpar a los jóvenes que protestan.

Quisiera recomendarte, Rosario, que salieras de tu recinto de El Carmen a hablar con las personas que afirmas representar.

Acercate en tu jeep Mercedes Benz a los tranques de la heroica Masaya para enterarte qué piensan de vos y tu esposo. No tengas miedo. La gente no es asesina, tu pueblo no es asesino. Los asesinos están armados y cumplen órdenes de tu compañero comandante. Los hemos visto pasar por los barrios, pasar en camionetas Hilux, detrás de las unidades de Policí­a, armados hasta los dientes y con la licencia para matar que ustedes les han suplido. Dieciocho camionetas cargadas de esos paramilitares escoltados por la Policí­a, pasaron por el Barrio Santa Rosa. Están filmados en ese barrio y en otros que han asediado y aterrorizado. Nada de eso está oculto, como no está oculto dónde residen los tenebrosos que con violencia inaudita han querido dominar este paí­s.

Durante once años has pronunciado con obsesiva constancia discursos empalagosos de amor a Nicaragua y amor a este pueblo. Has pasado ordenando y desordenando nuestro sistema de Gobierno, atropellando nuestra libertad y nuestra democracia. Pero la verdad tiene su manera de brillar. La última encuesta de Cid Gallup registra que el 70% de la población quiere que renuncien y se marchen. Mirá que rápido se revelaron los verdaderos sentimientos del pueblo nicaragüense cuando perdieron el miedo y se atrevieron a hablar la verdad de sus corazones.

Rosario, ¿te atreviste el 14 de Junio a ver algún canal de TV que no fuera los que repiten tu discurso? ¿Viste la respuesta nacional al llamado de paro general? ¿No contemplaste los negocios cerrados, las calles desoladas en las ciudades y pueblos del paí­s?  Ese dí­a, la gente gritó con su silencio cuán cansada está de falsedades, hasta de esa extraña religiosidad con que nos mandas a rezar mientras tu gente amenaza de muerte a los Obispos valientes que han defendido al pueblo. ¿Y qué pensás que motivó a tantos conciudadanos a botar las arbolatas que nos impusiste como decorado excesivo y derrochador de Managua? Muchedumbres contentas y en jolgorio derrumbando los sí­mbolos sicodélicos de un paí­s que has intentado personalizar como si te perteneciera.

Dejame recordarte que la paliza que le dieron tus “muchachos” viejos de la JS a los estudiantes -la que todos vimos en vivo y a todo color gracias a las cámaras de los celulares- fue lo que desató esta rebelión. Vestidos con camisetas de Paz y Amor con tu firma y la de Daniel patearon y golpearon personas indefensas. Si vieras esos videos y los de los estudiantes muertos en los dias siguientes de tiros en la cabeza, quizás tendrí­as más pudor en esa campaña colorida que nadie cree ya de que #Nicaragua quiere la paz, #Amor a Nicaragua. Nicaragua sí­ quiere la paz, pero no esa que predicas y que ha costado 170 muertos, más de dos mil heridos y decenas de desaparecidos en sólo dos meses.

¡Qué poca decencia que luego tus delegados al diálogo, lleguen nombrando las pocas bajas que han sufrido ustedes! Sus muertes también son de lamentarse, no hay duda, pero ¿qué esperaban? El que a hierro mata a hierro muere. Es la terrible secuela de la nube negra de violencia que ustedes han soplado sin misericordia sobre nuestro paí­s. ¿Cómo puedes, Rosario, enviar a la Ministra de Salud, Sonia Castro, a decir que a nadie se le ha impedido ingresar a los hospitales, que a nadie se le ha negado el auxilio, cuando hay pruebas y muertos que atestiguan cómo se les negó atención médica a los jóvenes estudiantes?. ¿Por qué no hablás con la mamá de Alvaro Conrado, de 15 años, que murió porque se le negó el acceso al Hospital Cruz Azul? Ella te dirá la verdad, como te la dirí­an otras madres si te atrevieras a escucharlas.  Yo vi a la Ministra Castro negar la entrada de los estudiantes de medicina al hospital de León como represalia por haber participado en las protestas. Los rechazos de los hospitales están grabados en video por la población. No son fantasí­as de las ví­ctimas.

Sos la única que sigue aferrada en propagar fantasí­as que en nada se parecen a la realidad. Por los canales de TV y los medios de tu familia, desde el primer dí­a, se han puesto en uso las más sucias técnicas de propaganda para convertir a la población descontenta en “bandas delincuenciales de la derecha”. Es un viejo esquema: convertir a los que protestan en enemigos para poder matarlos y pedir a otros que los maten sin piedad. Esas técnicas de deshumanizar a un supuesto “enemigo” se usaron efectivamente contra los judí­os en la Alemania nazi. Así­ se ha lanzado aquí­ a nicaragüenses contra nicaragüenses inventando golpes de estado, complots y otros motivos similares que sólo quieren tapar el sol con un dedo.

Ese sol de la libertad que mueve esta revolución cí­vica y desarmada, ¿no te has dado cuenta de que se ha extendido por todo el territorio nacional? El pueblo mismo se ha auto-convocado sin más liderazgo que el de sus lí­deres comunitarios y su grito es “Que se vayan”

No tengo muchas esperanzas de que amaine la crueldad y saña que se intenta disfrazar con piel de oveja. Es una lástima que hayas decidio usar tu inteligencia y tu capacidad de organización para llevarnos a esta terrible encrucijada. Con tu caligrafí­a, esa con la que has marcado toda Nicaragua, has escrito la página más negra en la historia del FSLN, has ensuciado su legado, has vuelto a matar a todos los héroes y mártires que lucharon porque en Nicaragua no hubiese otra dictadura.

En los campos y montañas, en las ciudades y pueblos hay millones de ojos observándote, algunos con incredulidad, otros con horror, pero ya nadie con temor. Lo que estamos viendo jamás lo olvidaremos. Jamás olvidaremos que el Dí­a de las Madres, durante la marcha más gigantesca que haya visto la ciudad, y en las otras marchas de los departamentos murieron dieciocho personas inocentes. ¿Crees que nos convencerás de que los de la marcha se dispararon ellos mismos?

No es la primera carta que te escribo, Rosario. De tu maní­a por tergiversar las cosas y de tu habilidad para torcer la realidad, he sido testigo más de una vez. Admito que no pensé que el poder destruyera tan absolutamente tu poesí­a, que la mujer a quien di refugio en el pasado, dilapidara no sólo su presente, sino también su futuro.

Ni vos, ni Daniel pasarán a la historia en la página colorida y magní­fica que habrás imaginado. A ustedes, ni la historia, ni el pueblo los absolverá jamás.

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