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viernes, 5 junio 2026

Ataques coordinados sacuden Mali

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Por Alonso Rosales

Una serie de ataques coordinados perpetrados por grupos armados sacudió este sábado a Mali, afectando tanto a la capital, Bamako, como a varias ciudades clave del país. Las ofensivas, descritas por autoridades y organismos internacionales como “complejas y simultáneas”, evidencian el deterioro de la seguridad en la región del Sahel, marcada por más de una década de violencia persistente.

Desde primeras horas de la mañana, se reportaron intensos tiroteos en distintos puntos estratégicos. En Sévaré, una localidad central considerada un importante nudo logístico, testigos relataron que “se escuchaban disparos por todas partes”. En Bamako, los ataques se concentraron en áreas cercanas a instalaciones militares, particularmente en Kati, una base clave en las afueras de la capital que alberga importantes infraestructuras de defensa.

El Ejército maliense reaccionó rápidamente, desplegando fuerzas y bloqueando accesos en las zonas afectadas. Hacia el mediodía, las autoridades aseguraron que la situación estaba “bajo control”, aunque continuaban las operaciones de rastreo para neutralizar posibles focos de resistencia. Sin embargo, la magnitud y coordinación de los ataques sugieren una capacidad operativa significativa por parte de los grupos involucrados.

Diversas fuentes de seguridad apuntan a la participación de Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), una organización vinculada a Al Qaeda y considerada una de las principales amenazas en el Sahel. Aunque el grupo no reivindicó oficialmente los ataques de inmediato, su implicación es ampliamente considerada probable. Paralelamente, el Frente de Liberación de Azawad (FLA), una alianza rebelde de mayoría tuareg, afirmó haber tomado posiciones en ciudades del norte como Kidal y Gao, lo que añade una dimensión separatista al conflicto.

El Estado Islámico en la Provincia del Sahel (ISSP), otro actor relevante en la región, no ha asumido responsabilidad por los hechos, pero su presencia continúa siendo un factor desestabilizador en el panorama general.

Expertos coinciden en que estos ataques podrían representar uno de los mayores desafíos recientes para el gobierno militar encabezado por Assimi Goïta. Desde su llegada al poder tras los golpes de Estado de 2020 y 2021, la junta ha enfrentado dificultades para contener la expansión de los grupos armados, a pesar de cambios estratégicos en sus alianzas internacionales.

En los últimos años, Mali rompió vínculos con potencias occidentales como Francia y optó por reforzar su cooperación con Rusia, incluyendo la presencia de fuerzas vinculadas al antiguo grupo Wagner, ahora reorganizado bajo control directo del Ministerio de Defensa ruso. Asimismo, se han explorado nuevas colaboraciones con Estados Unidos en materia de vigilancia aérea y lucha antiterrorista.

No obstante, la persistencia de ataques como los registrados este sábado pone en duda la eficacia de estas estrategias y subraya la complejidad del conflicto, donde convergen intereses yihadistas, tensiones étnicas y disputas territoriales.

Desde 2012, Mali ha sido escenario de una crisis multidimensional que comenzó con una rebelión separatista tuareg en el norte, rápidamente aprovechada por grupos extremistas para expandir su influencia. A más de una década de ese punto de inflexión, el país continúa atrapado en un ciclo de violencia que amenaza la estabilidad de toda la región.

Fuentes: France 24, AFP, Reuters

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