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viernes, 25 septiembre 2026

Argentina vuelve a hundirse en la pobreza y el modelo de Milei enfrenta una nueva prueba social

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Argentina vuelve a hundirse en la pobreza y el modelo de Milei enfrenta una nueva prueba social

Por Alonso Rosales

Argentina vuelve a mostrar una de las caras más difíciles de su transformación económica. La pobreza alcanzó al 32,3 % de la población urbana durante el primer semestre de 2026, un aumento de 4,1 puntos porcentuales frente al segundo semestre de 2025, cuando había descendido al 28,2 %, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). La indigencia también aumentó, del 6,3 % al 7,5 %.

El dato representa un quiebre en la tendencia descendente que se había registrado durante varios semestres y vuelve a colocar la situación social en el centro del debate sobre las políticas económicas del presidente Javier Milei.

El impacto es especialmente fuerte entre los niños: el 44,5 % de los menores de 14 años vive bajo la línea de pobreza, mientras que la indigencia alcanza al 10,8 % en ese grupo. En términos absolutos, la medición oficial abarca a 30,1 millones de personas de los principales centros urbanos; si la tasa se proyecta sobre toda la población argentina, el número de personas pobres ronda los 15 millones.

La inflación vuelve a golpear el bolsillo

La explicación no puede reducirse únicamente a una cifra. La pobreza se determina comparando los ingresos de los hogares con el costo de las canastas básicas. Cuando los precios de los bienes esenciales avanzan más rápidamente que los ingresos, hogares que antes estaban por encima de la línea pueden caer nuevamente por debajo.

EFE informó que la inflación interanual volvió a acelerarse durante la primera mitad de 2026, mientras que los ingresos no se recuperaron al mismo ritmo. El INDEC, además, registra señales de debilidad en la actividad económica: en julio el estimador mensual de actividad económica cayó 2,9 % respecto de junio en términos desestacionalizados.

El mercado laboral también presenta dificultades. La desocupación llegó al 7,9 % durante el segundo trimestre de 2026, mientras la informalidad laboral alcanzó el 45 %, de acuerdo con datos oficiales difundidos por EFE.

Estos elementos ayudan a explicar por qué la recuperación macroeconómica no necesariamente se traduce de manera inmediata en una mejora de las condiciones de vida de todos los hogares.

El Gobierno reivindica la reducción respecto de 2024

El Ejecutivo argentino sostiene que el nuevo dato debe analizarse dentro de una perspectiva más amplia. El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció el incremento, pero recordó que la pobreza continúa muy por debajo del 52,9 % registrado durante el primer semestre de 2024, cuando el programa de ajuste recién comenzaba.

La comparación es importante. La pobreza había bajado hasta el 28,2 % en el segundo semestre de 2025, su nivel más bajo en varios años. Por ello, el 32,3 % actual representa no solamente un número elevado, sino también un cambio de dirección después de la fuerte reducción conseguida durante 2024 y 2025.

El problema para Milei es que el argumento de la estabilización macroeconómica enfrenta ahora una pregunta más difícil: ¿cuánto tiempo necesita la sociedad para sentir en sus ingresos, empleo y consumo los beneficios de la estabilidad?

Los analistas advierten sobre el mercado laboral

El investigador Leopoldo Tornarolli, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), señaló que el aumento de la pobreza no fue inesperado. Según explicó a La Nación, la tendencia ya podía observarse desde finales de 2025 y estuvo relacionada con la aceleración inflacionaria y el escaso dinamismo del empleo registrado.

Tornarolli agregó que la desaceleración reciente de la inflación podría contribuir a detener el aumento, pero consideró necesario un mercado laboral más dinámico para recuperar una reducción sostenida de la pobreza.

Otro diagnóstico proviene de Agustín Salvia, coordinador del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). Salvia sostuvo que el cambio de tendencia comenzó hacia el tercer trimestre de 2025 y atribuyó el deterioro a una combinación de inflación, menor dinamismo económico, pérdida de calidad del empleo y ralentización de la recuperación de los ingresos.

Sus declaraciones apuntan a una cuestión estructural: incluso cuando los indicadores macroeconómicos mejoran, existe un núcleo de pobreza que no desaparece automáticamente y que requiere crecimiento del empleo y mejoras sostenidas de los ingresos.

El desafío de convertir la estabilidad en bienestar

La experiencia argentina muestra una tensión que atraviesa buena parte de los programas de estabilización: reducir la inflación y ordenar las cuentas públicas puede mejorar determinados indicadores macroeconómicos, pero el impacto social no necesariamente aparece al mismo tiempo ni se distribuye de manera uniforme.

Los datos oficiales muestran precisamente esa contradicción. Por un lado, la pobreza es considerablemente menor que en el primer semestre de 2024. Por otro, el retroceso desde el 28,2 % hasta el 32,3 % demuestra que la mejora anterior todavía no está consolidada.

Además, la economía argentina registró una contracción trimestral del 0,6 % en el segundo trimestre de 2026, aunque acumuló un crecimiento interanual del 2 % en ese período y del 2,2 % durante el primer semestre. Esto refuerza la diferencia entre crecimiento agregado y situación social: una economía puede mantener crecimiento interanual mientras determinados hogares enfrentan pérdida de poder adquisitivo, desempleo o mayor precariedad.

El Gobierno de Milei ha optado por mantener el rumbo fiscal y monetario, evitando utilizar el gasto público como mecanismo de estímulo electoral. Esa decisión puede ser presentada como continuidad del programa económico, pero también coloca sobre la administración una presión adicional: los resultados macroeconómicos deberán traducirse en mejoras concretas para los hogares si se pretende sostener la legitimidad social del proceso de reformas.

Argentina llega así a una nueva etapa. La pobreza ya no está en los niveles extremos de 2024, pero ha vuelto a aumentar después de una reducción significativa. Y con casi uno de cada tres argentinos urbanos bajo la línea de pobreza y casi la mitad de los menores de 14 años afectados, el desafío económico deja de ser solamente controlar la inflación o equilibrar las cuentas públicas.

La cuestión central pasa a ser otra: cómo transformar la estabilidad económica en empleo, ingresos y oportunidades suficientes para que la reducción de la pobreza sea sostenible y no simplemente un resultado temporal de los ciclos económicos.

Fuentes consultadas: INDEC, EFE, Reuters, Associated Press (AP), La Nación, Universidad Católica Argentina (UCA/CEDLAS) y Observatorio de la Deuda Social Argentina.


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