Por Alonso Rosales
Las recientes declaraciones del senador Lindsey Graham, en las que afirma que existe “la mejor oportunidad en 2.000 años” para redefinir el equilibrio en Oriente Medio, no solo han provocado una respuesta inmediata desde Irán, sino que también han reavivado un debate más profundo: el peso de la historia frente a la narrativa política contemporánea.
El vocero iraní Esmail Baghaei respondió con ironía, cuestionando cómo puede hablarse de una “amenaza inminente” de dos milenios hacia un país como Estados Unidos, cuya fundación data de 1776. La crítica no es menor. Señala una contradicción central en el discurso político estadounidense: la construcción de amenazas que, en ocasiones, parecen desbordar la lógica histórica.
No hay comparación posible entre la antigua civilización persa y la historia relativamente reciente de Estados Unidos. Mientras que Persia fue cuna de imperios, cultura, ciencia y durante milenios, Estados Unidos es una nación joven que, sin embargo, ha proyectado un poder global sin precedentes en apenas dos siglos y medio.
La civilización persa no solo sobrevivió a invasiones, transformaciones religiosas y cambios de poder, sino que también dejó un legado duradero en áreas como la arquitectura, la administración estatal y la filosofía. En contraste, Estados Unidos ha construido su identidad sobre la base de la expansión, la innovación y, en muchos casos, la intervención internacional.
Cuando figuras políticas estadounidenses hablan de “neutralizar” a Irán, no se trata únicamente de una estrategia geopolítica: es también un reflejo de cómo se percibe a un adversario cuya profundidad histórica y cultural desafía las narrativas simplistas. Reducir a Irán a una “amenaza inminente” ignora no solo su complejidad interna, sino también su papel histórico en la configuración de la región.
La burla del gobierno iraní, más allá del tono, pone en evidencia una realidad incómoda: no se puede medir con el mismo rasero a una civilización milenaria y a un Estado moderno. La historia no es un argumento absoluto en política internacional, pero tampoco puede ser ignorada cuando conviene.
En última instancia, el debate no gira únicamente en torno a seguridad o diplomacia, sino a la forma en que se construyen los relatos de poder. Y en ese terreno, la antigüedad de Persia frente a la juventud de Estados Unidos no es solo una diferencia de años, sino de perspectiva.
Fuente RT NOTICIAS


