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sábado, 15 de mayo del 2021

¿Aceptarí­a usted pagar la tarjeta de crédito o la hipoteca de alguien más?

Durante el frenesí­ neoliberal impulsado en El Salvador por el ultra derechista partido ARENA (1989-2009), el paí­s privatizó sus recursos y empresas vendiendo al mejor postor a corporaciones en las que miembros de ese partido participaron. Adicionalmente, durante 20 años el paí­s adquirió deudas por un monto aproximado de USD $850 millones y como ustedes sabrán, los compromisos suscritos por los gobiernos de ARENA en nombre del paí­s, del Estado, no están firmados por partidos polí­ticos, son obligaciones que todos debemos pagar (aún los no nacidos) pero que decidieron un par de funcionarios tecnócratas fanáticos del "consenso de Washington" en aquella época. Luego, devino la campante corrupción (caso RHESSA, FECEPE, Flores, Majano en el ISSS, Caso Mathies Hill, entre otros). Y para colmo Francisco Guillermo Flores Pérez en un arrebato "dolarizó" la economí­a y con ello produjo que nos paguen en colones pero las tasas de intereses y precios al consumidor están en dólares.

En 2009, al cambiar de signo ideológico y partido polí­tico, el gobierno en su afán de paliar la embestida neoliberal procedió a aplicar una serie de programas sociales que ya habí­an sido sugeridos por el Banco Mundial y desplegados en varios paí­ses de América Latina. Para no afectar a la población menos favorecida, la administración Funes desistió de revisar y actualizar la carga tributaria y para no incrementar la polarización polí­tica evitó perseguir la evasión y elusión fiscal, los gastos sociales y la inversión en nuevos proyectos fueron sufragados con más préstamos internacionales y cooperación internacional y la carga impositiva siguió siendo casi la misma.

En definitiva, la deuda del paí­s crece y las presiones del Fondo Monetario Internacional para honrar los acuerdos suscritos también. A falta de menos de dos años de administración del Presidente Sánchez Cerén, estas condiciones las enfrenta el segundo gobierno del partido FMLN, pero no las originó. Es menester comprender eso. Sea quien sea que gane las próximas elecciones presidenciales en 2019, enfrentará la misma situación y ya sabemos cómo actuarí­a la derecha ante esto: más privatizaciones en beneficio del reducidí­simo sector empresarial, despidos masivos en el sector público, eliminación del gasto social (subsidios) y aumento al IVA. Punto. La derecha analiza y actúa anteponiendo su rentabilidad y no su "sensibilidad social".

¿Y qué hacer?

El gobierno deberá poner en mesa limpia sus prioridades y re pensar a qué sectores de la sociedad representa. Como es sabido, no se puede gobernar para todos, todo el tiempo. Los sectores "medios" constituidos por empleados públicos, trabajadores de servicios y comercio; sectores profesionales; micro y pequeña empresa y de ingresos medios, quienes depositaron su confianza en el FMLN para recuperar las facultades del Estado en favor de las mayorí­as que les incluyen, son quienes han resultado más golpeados a razón de los nuevos impuestos, al final del dí­a son quienes financian al Estado y las deudas que contrajo ARENA. Esto se explicarí­a brevemente así­: los sectores menos favorecidos son beneficiados con los subsisidos y programas sociales mientras que la burguesí­a, sigue cómodamente evadiendo y eludiendo impuestos y hasta se da el lujo de invertir en paí­ses de la región como Nicaragua, Dominicana y Panamá. Un sector merece atención: el impresionante comercio informal que se extiende a lo largo y ancho del paí­s, que se nutre del contrabando y que no paga impuestos.

Por otra parte, el FMI presiona por un nuevo ajuste estructural que podrí­a sanear las finanzas públicas (porque esa corporación sólo piensa en cifras frí­as) pero que afectarí­a a la población a un costo polí­tico impagable por el partido FMLN y el proyecto histórico que representa. El gobierno deberá presionar ante el congreso para que se persiga agresivamente la evasión y elusión fiscal de las grandes empresas calculada en 2015 en USD$1,800 millones, por simplista que parezca solo imaginar recuperar esos recursos de un solo año, resolverí­a la situación.

Pero pues sí­, volvamos, ¿usted aceptarí­a pagar la tarjeta de crédito o la hipoteca de alguien más?

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Herbert Vargas
Colaborador

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