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viernes, 22 de octubre del 2021

A propósito de la violencia en Guantes de seda

La violencia, en todas sus manifestaciones, explícita e implícita en las acciones (o en la inacción) de los personajes, es el leitmotiv que le da al libro una suerte de cohesión

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Me parece pertinente comenzar este breve comentario sobre Guantes de seda, del escritor salvadoreño Vicente Chinchilla, diciendo que he leído el libro como una lectora ávida por conocer un poco más sobre las nuevas tendencias que están encontrando un lugar en ese amplio espectro de la nueva narrativa salvadoreña. Dicha lectura me ha dejado un buen sabor de boca en cuanto a lo relevante que puede resultar una prosa cuyo propósito primordial es trazar una cartografía no sólo de la violencia social enquistada en nuestras sociedades, sino también de esas aristas que conforman las diversas subjetividades que pueblan los relatos que dan forma a este libro.

Guantes de seda es un ejercicio narrativo estructurado en cinco relatos cerrados, es decir, que pueden leerse de forma independiente pero que, a su vez, por su temática y ambiente urbanos, establecen un diálogo entre sí. Encontramos en las cinco historias a un narrador heterodiegético que va tejiendo desde la omnisciencia y ab ovo una gramática de la violencia, que le advierte al lector sobre la normalización de la violencia social (en todas sus formas) y sus consecuencias, y sobre la indiferencia de los habitantes en las grandes urbes, producto de dicha normalización.

La violencia, en todas sus manifestaciones, explícita e implícita en las acciones (o en la inacción) de los personajes, es el leitmotiv que le da al libro una suerte de cohesión. De esta forma, en “Guantes de seda”, cuento que da título al libro, el narrador nos muestra la indiferencia ante la necesidad y el dolor ajenos, y nos hace cuestionarnos sobre quiénes son los verdaderos héroes: aquellos que tienen que lidiar con las carencias y la falta de solidaridad día a día o esos personajes mitificados e inmortalizados cuyos bustos proliferan en las plazas. 

Encontramos en este relato una bien lograda radiografía de la violencia vertical e institucionalizada, de las relaciones de poder que invisibilizan a los ciudadanos en situación de vulnerabilidad y, por consiguiente, determinan el valor de los seres humanos. 

Por su lado, la violencia suscitada entre los pasajeros que no obtienen una respuesta a la “Situación inesperada” (título también del relato) a la que se enfrentan es una muestra, desde ese microcosmos, de la violencia cotidiana incrustada en la sociedad. 

A nivel estructural, me interesa destacar el buen manejo del aspecto verbal para poner de relieve el momento cumbre o clímax de la historia. En “Amada Paz”, relato alegórico, la lucha perpetua por mejorar la situación del pueblo, la efímera paz y la violencia social que se enseñorea en la urbe cobran protagonismo para recordarnos que es necesario revisar de forma crítica nuestra historia y, a su vez, honrar la palabra. “Espíritus descartables” es un relato con un dejo metafísico en el que todas las violencias han traspasado la “materialidad”. El ser humano ha perdido su “humanidad”, la esencia-espíritu que le procura la conexión con su prójimo se ha degradado, puesto que se ha dejado absorber por la cotidianeidad y la mecanicidad de la vida moderna que sumerge al individuo en lo vacuo. Finalmente, “Barmitología” me parece un ejercicio narrativo en el que se da una desterritorialización enunciativa-dialógica, en la que todo el imaginario mitológico-rural se trasplanta a ese mundo citadino-tecnológico-mecanicista. En este relato, que cierra el libro,  la violencia aparece mediante la reificación de la mujer. 

Es necesario un personaje femenino-mitológico (dotado, por tanto, de una fuerza sobrenatural) para frenar la violencia de género que se despliega en el momento cumbre del relato.

Guantes de seda es, pues, un libro en el que los resabios de la guerra, si bien no enunciados, subyacen en todos los relatos. Encontramos en ellos a seres desvalidos expuestos a todo tipo de violencias (desde la violencia institucionalizada, la indiferencia social, hasta la violencia de género) que, mediante un narrador que se sitúa fuera de la acción, se nos muestran de forma descarnada y sin la posibilidad de vislumbrar una solución a los conflictos sociales de los que forman parte.

(*) La autora es de York College of The City University of New York

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Juana M. Ramos
Escritora salvadoreña, del York College of The City University of New York; colaboradora y columnista de ContraPunto
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