Por Alonso Rosales | Periodista y analista internacional
Las importaciones de cemento de El Salvador alcanzaron durante el primer semestre de 2026 su nivel más alto para un período similar en tres décadas, una señal que confirma la intensidad de la actividad de la construcción y, al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este crecimiento y su impacto sobre la economía nacional.
Según cifras del Banco Central de Reserva (BCR), entre enero y junio de 2026 El Salvador importó $36.15 millones en cemento, un incremento de $10.16 millones, equivalente al 39 %, respecto a los $25.99 millones registrados durante el mismo período de 2025. Se trata del mayor valor para un primer semestre desde 1994, año desde el cual existe esta serie estadística.
El comportamiento también se observa en términos físicos. Las importaciones llegaron a 389.33 millones de kilogramos, frente a los 289.06 millones del primer semestre de 2025. Es decir, ingresaron al país unos 100.2 millones de kilogramos adicionales, un aumento del 34.6 %.
Un termómetro de la economía
El cemento constituye uno de los principales indicadores indirectos de la actividad constructora. Cuando aumenta significativamente su importación y consumo, normalmente existe una mayor demanda vinculada con viviendas, edificios, infraestructura, carreteras, instalaciones comerciales y grandes proyectos públicos o privados.
En ese sentido, el récord registrado por el BCR no puede interpretarse simplemente como un aumento de las compras externas. También refleja una economía donde la construcción está adquiriendo un peso importante como generadora de actividad, empleo y demanda de otros sectores.
La construcción tiene además un efecto multiplicador: requiere transporte, acero, maquinaria, electricidad, servicios profesionales, mano de obra y materiales complementarios. Por ello, un aumento de casi 35 % en el volumen de cemento importado puede traducirse en una expansión considerable de la cadena productiva asociada.
Sin embargo, existe una segunda lectura económica. Más cemento importado también significa una mayor salida de divisas, especialmente cuando la oferta nacional no logra cubrir la demanda generada por el crecimiento de la construcción.
China cambia el mapa de proveedores
Uno de los elementos más llamativos es el origen de las importaciones. China se convirtió en el principal proveedor, con $9.33 millones y una participación del 25.8 % del total.
El cambio es particularmente significativo porque las compras de cemento chino se dispararon desde apenas $1.30 millones en el primer semestre de 2025. Vietnam ocupó el segundo lugar, con $8.6 millones, seguido de Honduras, con $5.9 millones, y Guatemala, con $4.4 millones.
El incremento de las importaciones procedentes de China coincide con la ejecución de grandes proyectos de infraestructura y construcción en El Salvador. Entre ellos destaca el nuevo estadio construido con cooperación china, además de otros proyectos que han incrementado la demanda de materiales.
Desde una perspectiva comercial, esta transformación también evidencia una mayor integración de El Salvador con proveedores asiáticos. La disponibilidad de cemento proveniente de China y Vietnam puede contribuir a contener presiones de precios cuando la demanda local aumenta, aunque también incrementa la dependencia de las cadenas internacionales de suministro.
El desafío: convertir construcción en crecimiento sostenible
El récord de importaciones es positivo si representa inversión productiva y construcción de infraestructura que eleve la capacidad económica del país. Un nuevo hospital, una carretera, una planta industrial, un centro logístico o infraestructura turística pueden generar beneficios durante décadas.
Pero si el auge depende excesivamente de grandes proyectos puntuales, el crecimiento puede ser difícil de mantener cuando estos concluyan.
El verdadero desafío económico para El Salvador será transformar el actual boom de la construcción en mayor productividad, empleo formal, inversión privada y crecimiento económico sostenible.
El dato del cemento, por sí solo, no demuestra que toda la economía esté creciendo al mismo ritmo. Pero sí ofrece una señal clara: durante el primer semestre de 2026, la construcción mantuvo una demanda extraordinariamente elevada de uno de sus principales insumos.
El récord de tres décadas, por tanto, es tanto una oportunidad como una advertencia. La oportunidad consiste en aprovechar el ciclo de inversión para modernizar infraestructura y aumentar la productividad. La advertencia es evitar que el crecimiento de la construcción se convierta únicamente en un fenómeno temporal alimentado por grandes obras.
El Salvador está importando más cemento que en cualquier primer semestre de los últimos 32 años. Ahora el reto económico es que ese cemento se convierta en más producción, mejores empleos y mayor capacidad para generar riqueza en el largo plazo.


