spot_img
jueves, 2 julio 2026

Crónicas del Vinilo | A-ha — Hunting High and Low: la melancolía elegante de los años 80 (videos)

¡Sigue nuestras redes sociales!

Historias, memorías y análisis de los discos que marcaron generaciones

Zarko Pinkas-Ramírez | Foto: Zarko Pinkas

No sé si mi memoria la embelleció o si realmente era así de luminosa. Era rubia, de pelo corto, ojos azules, y tenía algo que la hacía parecer salida de otra dimensión. A veces pienso que la asocié —sin saberlo— a esos referentes visuales que me formaron sin permiso: la Princesa Zafiro, Heidi, Candy, los dibujos japoneses de los setenta, la televisión como ventana a un mundo más amplio que el barrio, la casa o el toque de queda.

En Chile, durante esos años, la noche era un territorio prohibido. No se salía. Había miedo, control, silencio. La televisión se volvió un refugio, una escuela estética, un laboratorio emocional. Creo que esa exposición temprana a lo visual —series, caricaturas, videoclips, música— me ayudó a desarrollar una sensibilidad extraña, una forma particular de percibir la belleza, el deseo y la nostalgia.

La vi por primera vez en un microbús. Se llamaba Marcela, pero todos le decían “Marce”. Yo tenía alrededor de trece años, una edad en la que la atracción deja de ser solo imaginaria y empieza a volverse torpe, intensa, confusa. Me gustaba. Me gustaba mucho. Pero no desde un lugar sexual ni burdo: era una fascinación limpia, idealizada, casi platónica, como si perteneciera a una historia que todavía no sabía cómo contar.

Me costó semanas atreverme a hablarle. Incluso organicé una fiesta solo para crear una excusa para acercarme. Ser chileno —o extranjero en ciertos contextos— despertaba curiosidad, abría puertas, generaba conversación. Pero la historia nunca se cuenta completa: yo estaba enamorado, y ella hablaba de otro.

El último día de clases, en un acto que hoy me parece valiente y patético a la vez, le declaré mi amor. Su respuesta fue clara, directa, casi cruel en su honestidad. Me hizo entender —por primera vez— que el deseo no siempre es recíproco, que la atracción no obedece a la lógica ni al mérito, y que hay gustos que uno no puede disputar.

También comprendí algo cultural: yo venía de una percepción distinta de la belleza, de una sensibilidad formada en otros referentes, mientras ella respondía a un ideal más local, más normado, más familiar para su entorno. No era rechazo personal solamente: era también una diferencia de imaginarios.

Al año siguiente desapareció. Cambiamos de curso, de etapa, de vida. Nunca más la volví a ver.

Décadas después, con la llegada de Facebook, la curiosidad me llevó a buscar rostros del pasado. La encontré. Vi las fotos. Vi el paso del tiempo. Vi como el tiempo no tiene compasión con nadie y más con otros. Y sentí algo inesperado: tranquilidad. Una calma extraña. Como si la vida me hubiera hecho un favor al haberme dicho que no y di gracias a Dios por ese NO.

Porque hay amores que no se concretan —y menos mal—.
Porque hay nostalgias que funcionan mejor como recuerdo que como destino.

Y cada vez que escucho A-ha, Hunting High and Low, “Take On Me” o “The Sun Always Shines on T.V.”, siento que esas canciones son parte de ese mismo archivo emocional: televisión, encierro, adolescencia, deseo, belleza inalcanzable, melancolía elegante y salvación sin brillo.


Hay discos que no solo se escuchan: se quedan a vivir dentro de uno. Discos que no pertenecen únicamente a una década, sino a una memoria emocional, a una forma de sentir el mundo, a una época donde la música, la imagen y la sensibilidad artística estaban alineadas con una precisión casi irrepetible. Hunting High and Low (1985), el álbum debut de A-ha, es uno de esos discos.

Foto: Zarko Pinkas |

A-ha, banda noruega liderada por Morten Harket, irrumpió en los años 80 con una propuesta que combinaba synthpop, new wave, romanticismo melancólico y una estética visual de alto impacto. No se trataba solo de canciones pegajosas o producción elegante: había una filosofía emocional detrás de su música, una forma de entender la nostalgia, el deseo, la soledad y la esperanza.

La voz de Harket —difícil de clasificar, situada entre un tenor pop de gran rango y un registro emocionalmente vulnerable— se convirtió en una de las más reconocibles de la década. No solo cantaba: transmitía urgencia, añoranza, fragilidad y anhelo. Su timbre era capaz de hacer que una canción pop se sintiera como una confesión íntima o como una carta enviada desde otro tiempo.

Foto: Zarko Pinkas |

“Take On Me”: un himno generacional y una obra maestra del pop

Hablar de Hunting High and Low es inevitablemente hablar de “Take On Me”, una de las canciones más emblemáticas de los años 80 y, probablemente, una de las piezas más representativas del synthpop new wave.

Musicalmente, es una canción perfecta: ritmo contagioso, sintetizadores brillantes, estructura impecable y un coro que parece diseñado para quedarse grabado en la memoria colectiva. Pero su grandeza no radica solo en su arquitectura sonora. Hay en “Take On Me” una sensación desesperada de huida, de deseo, de querer ser tomado de la mano y sacado de un lugar emocionalmente hostil.

La letra sugiere urgencia, romanticismo y una especie de súplica juvenil. Y cuando llega el coro —ese salto vocal casi imposible de superar—, la voz de Harket convierte la canción en un estallido emocional. No es un simple gancho pop: es un momento de liberación, un grito elegante, una elevación del deseo en forma de música.

Pero “Take On Me” también es imagen. Su videoclip es una de las piezas más icónicas de la cultura pop de los 80: la animación rotoscópica, el cruce entre el mundo real y el mundo ilustrado, la narrativa romántica y la innovación técnica lo convirtieron en una obra de arte audiovisual.

Hay videos que se olvidan. Y hay videos que se quedan tatuados para toda la vida. Para muchos —y aquí hablo también desde la memoria personal—, la imagen de “Take On Me” es imborrable: la carrera, los trazos de lápiz, el cruce entre dimensiones, la estética romántica, la sensación de estar viendo algo nuevo, algo mágico, algo adelantado a su tiempo.

Un videoclip bien hecho no solo acompaña la canción: la inmortaliza.

“The Sun Always Shines on T.V.”: melancolía, espectáculo y simulacro

Si “Take On Me” representa el romanticismo urgente, “The Sun Always Shines on T.V.” encarna una melancolía más profunda, más existencial, más introspectiva.

Es una canción que dialoga con la fama, la ilusión, la distancia entre la imagen pública y la vida interior. Musicalmente es intensa, elegante, dramática. Emocionalmente, es una exploración del vacío, la expectativa y el deseo de sentido.

Y nuevamente, el videoclip se vuelve parte esencial de la experiencia. La estética de los maniquíes, la atmósfera fría, teatral y simbólica, la puesta en escena casi museística, hacen de este video una pieza inolvidable. Como ocurre con “Take On Me”, la memoria visual queda anclada para siempre: hay imágenes que no se borran, porque se convierten en parte de nuestra biografía emocional.

A-ha entendió algo que muchas bandas no comprendieron del todo: en los años 80, el vinilo debía expandirse hacia la imagen. MTV no era solo una vitrina: era un espacio artístico. Y ellos lo usaron con inteligencia, vanguardia y estilo.

“Hunting High and Low”: romanticismo, nostalgia y elegancia triste

La canción que da título al álbum, “Hunting High and Low”, completa el triángulo emocional del disco. Es un tema profundamente romántico, cargado de nostalgia, perseverancia emocional y tristeza elegante.

Si las otras dos canciones funcionan como polos de urgencia y melancolía, esta representa la búsqueda, la insistencia sentimental, la voluntad de amar incluso en la incertidumbre. Es una pieza que confirma que este álbum no depende de un solo hit: hay una coherencia artística, emocional y estética a lo largo de todo el proyecto.

Más allá de otras canciones valiosas —que merecen mención en la ficha técnica—, estas tres concentran el corazón del disco y justifican por qué Hunting High and Low es una pieza esencial para cualquier coleccionista de vinilos. No solo por su estatus icónico, sino porque es un disco genuinamente bueno.

A-ha entre los grandes del new wave y el synthpop

A-ha merece ser colocada al nivel de las grandes bandas del new wave y el synthpop, junto a nombres como Depeche Mode, Duran Duran, Pet Shop Boys o The Human League. No como un acto de nostalgia, sino como un reconocimiento artístico real.

Comparados con otras bandas europeas de la época, su propuesta resulta más sólida, más refinada, más duradera. Su música, su producción, su estética visual y su identidad artística los colocan entre las propuestas más relevantes del pop alternativo de los 80.

Además, su estilo de vestimenta y su imagen pública eran impecables. Harket vestía con una elegancia moderna, sobria, atractiva. La banda proyectaba una estética coherente, sofisticada, juvenil y vanguardista. No había fisuras evidentes entre música, imagen, actitud y discurso visual.

Visto en retrospectiva, Hunting High and Low es un disco que no deja espacios fáciles para la crítica: suena bien, se ve bien, envejece bien y sigue emocionando.

La música como emoción, memoria y evolución humana

Más allá del análisis técnico o histórico, hay algo más profundo en la música de A-ha: su capacidad de generar emociones reales.

La música —como el cine de Ennio Morricone en Cinema Paradiso o La Misión— no solo entretiene: activa recuerdos, despierta nostalgia, provoca lágrimas, inspira escritura, pintura, danza, poesía, amor. Nos permite viajar en el tiempo, doblar la memoria como si fuera un pliegue del universo, como si abriéramos un pequeño agujero de gusano emocional que nos devuelve a quienes fuimos.

Recordar “Take On Me” o “The Sun Always Shines on T.V.” no es solo recordar canciones: es recordar personas, épocas, sentimientos, momentos irrepetibles. La música funciona como una máquina del tiempo sentimental.

Quien tiene la capacidad de sumergirse en la música, de dejarse atravesar por ella, de permitir que despierte emociones profundas, habita otro nivel de experiencia humana. No es una cuestión de superioridad ni desprecio: es una diferencia en la forma de percibir la realidad, en la intensidad con que se vive el mundo.

El arte —y la música en particular— es un indicador de sensibilidad, introspección y deseo de evolución interior. Aunque alguien no sea artista, si puede emocionarse, conmoverse y transformarse a través de la música, está conectado con una dimensión más profunda de la existencia.

Un legado que persiste, una voz que resiste

Hoy, la noticia de que Morten Harket enfrenta el Parkinson y que los conciertos se han visto afectados añade un tono triste al presente de la banda. Es una señal melancólica, una herida en la continuidad del tiempo. Pero también es un recordatorio de que la música sobrevive al cuerpo, al desgaste y a los años.

Hunting High and Low permanece como un testimonio de sensibilidad, elegancia, melancolía y emoción pura. Un disco que no solo definió una década, sino que sigue dialogando con quienes buscan algo más que ruido: quienes buscan sentir, recordar, comprender y evolucionar.

Porque hay discos que se escuchan.
Y hay discos —como este— que se convierten en parte de nuestra vida.

Foto: Zarko Pinkas |


Hunting High and Low
Álbum de estudio de a-ha
Publicación28 de Octubre,1985
Grabación1982-1985
Eel Pie Studios
Género(s)Synthpop
New wave
FormatoCD · LP · Casete y Descarga Digital
Duración36:39
DiscográficaWarner Bros. Records
Productor(es)Tony Mansfield, John Ratcliff, Alan Tarney y a-ha
Calificaciones profesionales
Cronología de a-ha
Hunting High and Low
(1985)
Scoundrel Days
(1986)
Sencillos de Hunting High and Low

Publicado: 15 de abril de 1985″Take On Me”
Publicado: 19 de agosto de 1985″The Sun Always Shines on T.V.”
Publicado: 16 de diciembre de 1985″Train of Thought”
Publicado: 24 de marzo de 1986″Hunting High and Low”
Publicado: 2 de junio de 1986 “Love Is Reason”
Miembros
Morten Harket
Pål Waaktaar-Savoy
Magne Furuholmen

También te puede interesar

Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

Últimas noticias