Redacción ContraPunto |
La idea de que los gatos olvidan rápidamente a las personas con las que han convivido es uno de los mitos más extendidos sobre el comportamiento felino. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal y estudios recientes en neurociencia y etología sugieren que la memoria de los gatos es más compleja de lo que suele creerse y que no se basa únicamente en el apego emocional.
En declaraciones a Newsweek, Jane Davidson, enfermera veterinaria en el Reino Unido, explica que los gatos poseen un sistema de memoria particular, diferente al de los perros pero igualmente funcional. “Los gatos son únicos. Algunas de sus capacidades de memoria se asemejan a las de los perros, pero con diferencias importantes”, señala. Según la experta, el recuerdo felino está profundamente ligado al entorno físico, a la rutina y a la sensación de seguridad que un espacio les proporciona.
Esto significa que los gatos no recuerdan a las personas solo por el vínculo afectivo, sino también por la asociación entre esa persona y experiencias concretas, como alimentación, protección, juego o ausencia de estrés. Cuando esos estímulos se mantienen o se reactivan —por ejemplo, a través de un olor familiar o un lugar conocido— el recuerdo puede reaparecer incluso tras largos periodos de separación.
Evidencia científica sobre la memoria en mascotas

Estas observaciones coinciden con los resultados de un estudio realizado por el Center on Autobiographical Memory Research de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. La investigación, basada en encuestas a 375 propietarios de perros y gatos, concluyó que el 80 % de los encuestados considera que su mascota es capaz de recordar eventos específicos del pasado.
Según los investigadores, estos recuerdos pueden activarse mediante estímulos sensoriales como olores, sonidos o contextos espaciales, un mecanismo comparable —aunque más limitado— a la memoria autobiográfica humana. En el caso de los gatos, este tipo de memoria parece estar especialmente vinculada a la estabilidad del entorno y a experiencias repetidas en un mismo espacio.
¿Entonces, un gato puede olvidarte?
Desde la psicología animal, la respuesta no es un simple sí o no. Un gato no “olvida” de la misma manera que un humano, pero puede debilitar el recuerdo de una persona si desaparecen los estímulos asociados a ella y si el entorno cambia de forma significativa. Por el contrario, si el vínculo estuvo ligado a experiencias positivas y seguras, el recuerdo puede mantenerse durante años, incluso tras largos periodos sin contacto.
En este sentido, los expertos subrayan que la memoria felina no funciona tanto como un archivo emocional, sino como un sistema de asociaciones prácticas: quién proporcionaba seguridad, alimento, calma y estabilidad. Cuando esas condiciones se reencuentran, el recuerdo puede reactivarse con sorprendente rapidez.


