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miércoles, 17 junio 2026

De la violencia estructural a la pacificación territorial bajo el gobierno de Bukele

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Por Redacción ContraPunto

El Salvador ha tenido históricamente una tasa de homicidios extraordinariamente alta. Esta comenzó durante la guerra civil de la década de 1980 y nunca terminó del todo después, con picos extremos a mediados de la década de 1990 y de nuevo entre 2015 y 2016. Sin embargo, la media —e incluso los años menos violentos— se mantuvo consistentemente comparable a la de una zona de guerra activa

La violencia no fue un fenómeno espontáneo ni meramente delictivo: fue el resultado de una posguerra incompleta, un Estado débil en amplias zonas del territorio, pobreza estructural, exclusión social y una economía incapaz de absorber a generaciones completas de jóvenes. Las pandillas surgieron como estructuras de control territorial, social y económico allí donde el Estado había desaparecido.

El último año no afectado por una ofensiva antipandillas sostenida fue 2018. En 2019, la nueva administración asumió el poder y lanzó el Plan Control Territorial el 20 de junio de ese año. A partir de julio de 2019 se observa una disminución marcada y sostenida de los homicidios , rompiendo por primera vez una tendencia histórica de violencia crónica.

La tasa de homicidios continuó disminuyendo durante 2020 y 2021 . No obstante, el verdadero punto de inflexión ocurrió en marzo de 2022, cuando el presidente Nayib Bukele decretó el Régimen de Excepción, tras una ofensiva directa de las pandillas contra la población civil. Esta decisión política, respaldada por la Asamblea Legislativa, alteró de forma radical la correlación de fuerzas entre el Estado y las estructuras criminales.

TUIT DESTACADO – Nayib Bukele (X)
“Cuando asumimos el Gobierno, ni siquiera se podía soñar con un solo día sin homicidios. Hoy contamos cientos.”

Desde entonces, la delincuencia se redujo a niveles comparables con los de países considerados seguros (gráfico 3). Para 2023, El Salvador ya registraba una tasa de homicidios inferior a la de Estados Unidos; en 2024, inferior a la de Canadá. En 2025, la tasa volvió a reducirse en torno a un 30 % adicional, situándose por debajo de la de varios países europeos.

TUIT DESTACADO – Nayib Bukele (X)
“El Salvador cerró 2024 con una tasa de homicidios de 1.9 por cada 100,000 habitantes. El país más seguro del hemisferio occidental.”

Este descenso no es únicamente estadístico. La composición del homicidio ha cambiado radicalmente. Aproximadamente el 90 % de los casos actuales corresponden a violencia doméstica o conflictos interpersonales asociados al consumo de alcohol. Se trata de delitos que incluso los Estados más desarrollados encuentran difíciles de prevenir, dado que ocurren en el ámbito privado.

TUIT DESTACADO – Nayib Bukele (X)
“Hoy la mayoría de homicidios no están vinculados a pandillas, sino a violencia intrafamiliar o peleas entre conocidos. Eso demuestra que el crimen organizado fue desmantelado.”

Aun así, el país ha logrado elevar de manera sustancial su tasa de resolución y condena  reduciendo la impunidad que durante décadas alimentó la violencia. Esto refuerza una tendencia descendente que no depende solo de la represión, sino también de la certeza del castigo.

Por primera vez en generaciones, ya no existen zonas controladas por estructuras criminales. La extorsión —que llegó a afectar a cerca del 80 % de los salvadoreños— ha prácticamente desaparecido. Los pocos casos reportados hoy se concentran en modalidades residuales como estafas digitales o chantajes con información privada.

TUIT DESTACADO – Nayib Bukele (X)
“La extorsión dejó de ser una forma de vida para las pandillas. Hoy es un delito marginal.”

El impacto de esta transformación va más allá de la seguridad. La recuperación del control territorial ha permitido la reactivación económica, la reducción del subempleo, el retorno de pequeños comercios y una caída progresiva de la pobreza en comunidades históricamente asfixiadas por el crimen.

En términos históricos, El Salvador pasó de ser la capital mundial del asesinato a convertirse en el país más seguro del hemisferio occidental, un resultado que no puede entenderse sin reconocer el papel central de la estrategia de seguridad impulsada por el presidente Nayib Bukele desde 2019 y profundizada con el Régimen de Excepción a partir de 2022.

El desafío que sigue ya no es derrotar a las pandillas —eso ha ocurrido en gran medida—, sino convertir la seguridad en bienestar estructural, abordando la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, el empleo juvenil y la consolidación institucional.

El Salvador ya no es un caso perdido. Es, hoy, un caso de estudio global.

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Redacción ContraPunto
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Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto

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