Por Alonso Rosales, analista internacional
La reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, celebrada este 28 de diciembre en Mar-a-Lago, Florida, reavivó las expectativas de un posible acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, aunque dejó claro que los principales obstáculos del conflicto siguen sin resolverse.
Ambos mandatarios coincidieron públicamente en que las negociaciones han avanzado de forma significativa. Trump afirmó que “quizá estamos muy cerca de un acuerdo”, subrayando que tanto Zelenskyy como el presidente ruso, Vladimir Putin, desean poner fin a la guerra. Sin embargo, el propio presidente estadounidense reconoció que persisten “uno o dos asuntos espinosos”, en particular el futuro del Donbás, una región estratégica del este de Ucrania cuya anexión total sigue siendo una exigencia central de Moscú.
El encuentro se produjo en un contexto especialmente tenso: apenas un día antes, Rusia lanzó uno de los ataques más intensos contra Kiev desde el inicio de la guerra en 2022. Aun así, Trump adoptó un tono pragmático, evitando condenas directas y equiparando las acciones militares de ambos bandos, lo que refuerza la percepción de que Washington busca priorizar un acuerdo rápido por encima de una narrativa moral del conflicto.
Uno de los puntos más sensibles abordados fue el de las garantías de seguridad para Ucrania, una exigencia clave de Zelenskyy. Trump aseguró que habrá un “acuerdo de seguridad fuerte”, con participación de países europeos, aunque no ofreció detalles concretos ni aclaró si dichas garantías serían legalmente vinculantes, una lección amarga para Kiev tras el fracaso del Memorando de Budapest de 1994.
En cuanto a la central nuclear de Zaporizhzhia, actualmente bajo control ruso, Trump sugirió que podría reactivarse pronto, presentándolo como un signo de desescalada. No obstante, la falta de una posición pública clara de Moscú sobre este punto mantiene la incertidumbre.
Desde la perspectiva ucraniana, Zelenskyy habló de un plan de 20 puntos, del cual, según él, los equipos negociadores ya habrían avanzado en un 90%. Aunque evitó detallar posibles concesiones territoriales, dejó entrever una mayor flexibilidad, algo impensable meses atrás. Este cambio sugiere que Kiev podría aceptar retiradas parciales o zonas desmilitarizadas, sin reconocer formalmente la soberanía rusa sobre los territorios ocupados.
El papel de Trump resulta decisivo. Su disposición a presionar a Ucrania para que acepte concesiones territoriales, a cambio de garantías de seguridad y promesas de reconstrucción económica, redefine el equilibrio de la negociación. Para el mandatario estadounidense, el cálculo parece claro: poner fin a una guerra costosa y prolongada, incluso si ello implica un acuerdo imperfecto.
Sin embargo, el mayor interrogante sigue siendo Rusia. Las declaraciones y filtraciones desde Moscú indican que Putin no ha abandonado sus demandas maximalistas sobre el Donbás, lo que choca frontalmente con las líneas rojas históricas de Ucrania.
En suma, la reunión entre Zelenskyy y Trump marca un avance político relevante, pero no un punto de inflexión definitivo. La paz parece más cercana que antes, aunque todavía atrapada entre concesiones dolorosas, desconfianzas históricas y la pregunta clave que permanece sin respuesta: ¿está realmente Rusia dispuesta a aceptar un acuerdo que no sea una victoria total?


