Por Juana Ramírez de Pinkas
Estaba sentada frente a la ventana esperando algo, cualquier cosa que cambiara el momento, miraba el muro gris pero lo veia cuajado de alelies, madreselvas y jazmines, todo era fruto de su imaginación, de pronto se posó en su mano un ruiseñor, bello y trinando, sorprendida levantó la mano y el ave no se movió, más bien se acomodó y la miró con sus pequeños ojos, ella lo admiró extasiada por tanta belleza y además estaba en su mano siempre había soñado con tener un ave cerca, tenía mucho sueño y se sentía feliz por fin un ave la visitó. Era el atardecer, las flores del muro gris desaparecieron y ella se inclinó a un lado y descansó. Cuando la encontraron con una sonrisa en su rostro y más allá del infinito en su mano vieron un preciosa plumita de ruiseñor.


