Por Juana Ramírez de Pinkas
Caminaba hacia el supermercado, cuando la vi venir, tan frágil y ancianita pero muy erguida, cuando me acerqué la saludé con mucho cariño, y le pregunté ¿Cómo ha estado doña Rosita?, muy bien me dijo, con los problemas propios de la vejez… yo la miré y le pregunté ¿ y sus hijos?, mirándome contestó , en el norte, (EEUU) ya sabe, a ganar pisto para los cipotes, pero ya se olvidaron de mí , vivo en un cuarto que me hicieron los vecinos de buen corazón… y le pregunto ¿y sus nietos?
– La más tierna salió embarazada, ya se acompañó, responde.
-Los demás a saber dónde andan.
– ¿Cómo hace solita para vivir?
– Aaah Dios es bueno, no me desampara, ahorita voy a planchar, gano mi pistillo y tengo para las tortillas, el café y el queso, suficiente a mi edad.
– La miro y la abrazo, con toda la ternura de mi corazón, le pongo en su manito arrugada por los años y el trabajo, algo que le ayude y me despido.
– Ella me mira con sus ojos con lágrimas, pero sonríe y me dice púchica niña Juanita hacía tiempo que no me abrazaban, me ha hecho bien su abrazo y agrega, primero Dios que todo vaya bien para usted, espero verla de nuevo.
-La veo alejarse sonriéndole a la vida. Y yo continúo mi camino con los ojos húmedos, tratando de sonreír. No tiene nada y lo tiene todo. Se llama valentía frente a la adversidad, son seres humildes que nos dan lecciones de vida.


