Por Alonso Rosales.
Las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra el mandatario colombiano Gustavo Petro constituyen un ejemplo claro y preocupante de violación de la soberanía de un Estado y de un peligroso precedente en el marco del derecho internacional. Aquí un análisis crítico de lo que está en juego.
1. Las acusaciones de Trump y su entorno
Trump acusó a Petro de ser un “líder ilegal de la droga” (illegal drug leader) y afirmó que Colombia está “fomentando la producción masiva de estupefacientes” que luego se dirigen a Estados Unidos, generando “muerte, destrucción y caos”.
En concreto, Trump escribió en redes sociales:
“President Gustavo Petro, of Colombia, is an illegal drug leader strongly encouraging the massive production of drugs… The purpose of this drug production is the sale of massive amounts of product into the United States.”
Además, advirtió:
“He better close up these killing fields immediately, or the United States will close them up for him, and it won’t be done nicely.”
También, simultáneamente el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, confirmó un ataque militar estadounidense contra una embarcación supuestamente ligada al grupo guerrillero colombiano ELN en el Caribe, afirmando que fueron “terroristas del narcotráfico”.
Por último, Trump anunció la suspensión de pagos o subsidios estadounidenses hacia Colombia, alegando que tales fondos habían sido “un robo a EE.UU.” dado el supuesto fracaso de Bogotá para combatir el narcotráfico.
2. Reacción de Petro y Bogotá
Ante estas acusaciones y hechos, el presidente Petro respondió con firmeza:
- Negó las acusaciones de estar implicado en el narcotráfico, afirmando que “intentar promover la paz en Colombia no es ser narcotraficante”.
- Acusó al gobierno de EE.UU. de haber cometido “asesinato” y “violación de nuestra soberanía” en aguas territoriales colombianas tras un ataque a un barco de pescadores en septiembre 2025.
- El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia calificó las declaraciones de Trump como “una amenaza directa a la soberanía nacional” y advirtió que acudirían a instancias internacionales.
3. ¿Qué normas internacionales están en riesgo?
a) Soberanía estatal
El uso de lenguaje ofensivo, la amenaza de intervención directa (“lo haremos por usted”) y la suspensión unilateral de pagos por parte de EE.UU. hacia Colombia implican una injerencia evidente en los asuntos internos de un Estado soberano. Un Estado que pretende actuar como “policía” para otro país sin su consentimiento atenta contra el principio de soberanía reconocido en la Carta de las Naciones Unidas.
b) Derecho internacional marítimo y uso de la fuerza
Los informes indican que EE.UU. ha realizado ataques contra embarcaciones en el Caribe —algunas afirmadas como narcotraficantes, otras denunciadas por Colombia como barcos de pescadores— en zonas que podrían estar en aguas colombianas o en la región del Caribe regulada por convenciones internacionales.
Si los ataques ocurrieron en aguas bajo soberanía o jurisdicción colombiana, sin autorización de Bogotá ni el debido proceso legal, existiría una violación del derecho internacional marítimo y de los tratados sobre uso de la fuerza.
Además, la lógica de “cerrar los campos ustedes o lo hacemos nosotros” es equivalente a una amenaza de intervención militar con objetivos de otro Estado —lo cual está prohibido salvo en casos de legítima defensa o mandato del Consejo de Seguridad de la ONU.
c) Coerción económica como herramienta de política exterior
La decisión unilateral de cortar subsidios, condicionar ayudas y utilizar aranceles o vergüenza diplomática como instrumento de presión constituye una forma de coerción entre Estados que vulnera los principios del derecho internacional de relaciones amistosas. Por ejemplo, Colombia ha sido tradicional aliado de EE.UU., y de pronto es objeto de sanciones por una acusación no claramente demostrada.
4. Por qué es incongruente
- Si EE.UU. quiere realmente combatir el narcotráfico, la blanda acusación sin pruebas públicas —“usted está promoviendo drogas”— genera desconfianza y debilita la cooperación internacional.
- Atacar embarcaciones sin transparencia, sin colaboración bilateral, y luego culpar al otro Estado es una estrategia desarticulada: no fortalece la institucionalidad, sino que la mina.
- El mensaje de Trump parece más político y electoral que técnico o diplomático: el uso de términos como “it won’t be done nicely” (“no se hará bonito”) revela un tono de intimidación más que de estrategia cooperativa.
- Para que haya respeto mutuo entre Estados, los equilibrios requieren diálogo, evidencia, cooperación. La vía de la amenaza unilateral es regresiva.
- Cuando un Estado grande actúa como si estuviera patrullando aguas ajenas sin rendir cuentas, deteriora la arquitectura normativa internacional y abre la puerta a que otros hagan lo mismo —lo que al final debilita la ley internacional que debe proteger a todos los estados, grandes o pequeños.
5. ¿Qué implicaciones para Colombia y la región?
- Colombia puede quedar más aislada diplomáticamente o convertirse en escenario de nuevas tensiones geopolíticas.
- El modelo de cooperación antinarcóticos, basado históricamente en la asistencia estadounidense, se ve amenazado: cortar la ayuda sin plan alternativo deja vulnerabilidades.
- Si EE.UU. normaliza ataques unilaterales en aguas del Caribe sin supervisión internacional, esto puede desembocar en escaladas —y en daños colaterales a civiles o pesqueros colombianos.
- En América Latina se refuerzan los temores de que EE.UU. use su poder militar y económico para dictar la agenda: esto puede generar rechazo, repunte de nacionalismos, y una disminución real de la seguridad cooperativa.
La postura de Trump plantea una ruptura grave con las normas jurídicas que rigen las relaciones entre Estados. Acusar sin evidencia sólida, cortar ayudas, amenazar con intervenciones armadas, y actuar con prerrogativas de “policía del hemisferio” ante un país soberano como Colombia es incompatible con los principios de igualdad soberana, no injerencia y respeto a los tratados internacionales.
En definitiva, si el mundo permite que un Estado, por muy poderoso que sea, actúe de esta manera sin respuesta institucional, se abre una puerta peligrosa: la del derecho de los fuertes, no del derecho de los Estados que se supone protege la comunidad internacional.
Fuentes . Reuter , AP


