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martes, 07 de diciembre del 2021

Nunca es tarde para el sexo y los asilos estadounidenses lo reconocen

En mayo, el Hebrew Home de Riverdale celebró un baile. Este asilo del Bronx ha intensificado sus esfuerzos para ayudar a que sus residentes tengan relaciones, como un nuevo servicio de citas llamado G-Date.

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Cuando Audrey Davison conoció a un hombre especial en su asilo para ancianos, querí­a estar con él.

Sus enfermeras y ayudantes en el Hebrew Home de Riverdale no intentaron detenerla. Al contrario, le permitieron que se quedara en la habitación de su novio con la puerta cerrada bajo la “polí­tica de expresión sexual” en el asilo. Una ayudante incluso le hizo un letrero a la pareja, que decí­a “No molestar” para que lo colgaran en la puerta.

“Lo disfruté y fue un muy buen amante”, dijo Davison, de 85 años. “Eso fue parte de lo mucho que nos acercamos; tocamos nuestros cuerpos y nos besamos”.

Davison forma parte del grupo de estadounidenses mayores que están teniendo relaciones í­ntimas ya entrados en sus setenta y ochenta años. En algunos casos los medicamentos como el Viagra y actitudes sociales más tolerantes respecto al sexo fuera del matrimonio han provocado estos cambios. Estos amantes de edad avanzada se han enfrentado a las nociones tradicionales del envejecimiento y, en algunos casos, le plantean nuevos retos logí­sticos y legales a sus familias, a sus cuidadores y a las instituciones que se han convertido en su hogar.

Los asilos para ancianos en todo Estados Unidos han abordado el asunto como parte de un cambio generalizado del cuidado institucional al individual. Muchas instituciones ya han cambiado sus programaciones diarias con el fin de darle a los residentes más opciones para, por ejemplo, la hora del baño o la cena. El siguiente paso es permitir que los residentes tengan sexo y brindarles apoyo a quienes lo hacen.

“El sexo es parte esencial de quienes somos como personas”, dijo Marguerite McLaughlin, directora sénior de la American Health Care Association, la asociación comercial más grande de asilos que representa a casi 10.000 instituciones.

El Hebrew Home ha aumentado las iniciativas para ayudar a los residentes que buscan relaciones. Los empleados han organizado una hora feliz y un baile para ancianos, así­ como un servicio de citas llamado G-Date. Actualmente, cerca de 40 de los 870 residentes tienen una relación.

Beverly Herzog, de 88 años, es viuda y dijo que extrañaba compartir su cama. Su esposo, Bernard, solí­a acostarse con un brazo extendido. Acomódate, le decí­a, y ella se acurrucaba a su lado. “Odio meterme en una cama frí­a”, dijo. “Siento que nadie deberí­a estar solo”.

Sin embargo, la intimidad en los asilos también plantea preguntas sobre si algunos residentes pueden tener sexo consensuado. Henry Rayhons, un exlegislador del estado de Iowa, fue acusado de abuso sexual en 2014 por tener sexo con su esposa, quien sufrí­a de un severo caso de alzhéimer y se encontraba en un asilo. Un jurado lo declaró inocente.

El caso ayudó a debatir la falta de lineamientos claros para muchos asilos; solo unos cuantos, como el Hebrew Home, tienen polí­ticas formales al respecto.

Cheryl Phillips, vicepresidenta sénior de LeadingAge, un grupo comercial que representa a más de 6000 proveedores de servicios para las personas mayores, dijo que el sexo será un tema recurrente con los baby boomers. “Han estado teniendo sexo “”es parte de quienes son”” y solo porque se muden a un asilo no significa que van a dejar de hacerlo”, dijo.

Daniel Reingold, el presidente y director general de RiverSpring Health, la empresa que opera el Hebrew Home, dijo que envejecer se trataba de experimentar la pérdida de facultades como la visión, audición, movilidad e incluso los amigos. ¿Por qué deberí­a acabarse la intimidad? “No perdemos el placer que nos provoca el tacto”, dijo. “Si la intimidad hace que se tengan relaciones sexuales, entonces lidiemos con eso como adultos”.

El asilo creó una polí­tica de expresión sexual en 1995, después de que una enfermera entró a una habitación donde dos residentes estaban teniendo sexo. Cuando la enfermera le preguntó a Reingold qué debí­a hacer, él le respondió: “Sal sin hacer ruido y cierra la puerta”.

Antes de adoptar sus polí­ticas, el Hebrew Home encuestó a cientos de asilos en Nueva York y otros lugares, con lo que encontró que “la mayorí­a de ellos incluso le negaban a sus residentes que tuvieran sexo”, recordó Reingold. Más tarde habló sobre los hallazgos en una conferencia comercial y le preguntó a la audiencia de más de 200 personas si las personas tení­an sexo en sus asilos. Las únicas que levantaron la mano fueron tres monjas en la primera fila, dijo.

Hoy, la polí­tica de expresión sexual está publicada en el sitio web del asilo y todos los empleados la conocen. Reingold dijo que su propósito no solo era animar a que las personas tuvieran intimidad, sino también proteger a otros de acercamientos no deseados y establecer lineamientos para los empleados. Las reglas estipulan, por ejemplo, que incluso los residentes con alzhéimer pueden dar su consentimiento para tener relaciones sexuales bajo ciertas circunstancias.

Aunque el asilo jamás ha recibido demandas, algunas familias se han negado a ese tipo de relaciones. En especial si uno de los residentes aún está casado con alguien que no está en la institución.

Las relaciones también implican más dramas para los empleados, quienes intentan actualizarse para saber quiénes están juntos y quiénes no. El comedor puede ser un terreno minado. A veces, un integrante de una pareja se pondrá celoso cuando el otro le presta atención a alguien más. Otras parejas se vuelven demasiado amorosas, por lo que los demás les piden que “se consigan un cuarto”.

Aun así­, Eileen Dunion, una enfermera que tiene a tres parejas en su piso, dijo que animaba a sus pacientes para que se dieran la oportunidad de tener una relación, pues les recordaba: “Eres mayor, pero aún puedes sentir calor”. Hace algunos años, sirvió de vigilante para un hombre que tení­a dos novias y jamás lo atraparon. “Hice bien mi trabajo”, dijo Dunnion. “Las enfermeras pueden tener muchas tareas distintas”.

Kelley Dixon, de 74 años, dijo que el sexo se habí­a convertido en algo importante para él porque no ocurrí­a tan a menudo como le gustarí­a. “No se trata de hacerlo y despedirse”, dijo. “Se trata de disfrutar la compañí­a de la persona con la que estás teniendo sexo. Ya no llevo la cuenta. No hay marcas en mi pizarrón”.

Durante el año pasado, una decena de personas se inscribieron al servicio G-Date. La mitad de ellas salieron con parejas para una primera cita en una cafeterí­a interna. Nadie encontró el amor, aunque algunos se volvieron amigos. “No nos daremos por vencidos”, dijo Charlotte Dell, la directora de servicios sociales. “Vamos a tener una boda a partir de esto”.

Francine Aboyoun, de 67 años, está esperando que la junten con alguien mediante el servicio G-Date. Dijo que mantení­a la esperanza de conocer a alguien. Mientras viví­a en otro asilo, conoció a un hombre que la visitaba en su habitación por las noches. Aunque no tení­an sexo, se besaban y se acostaban juntos. “Caray, sentí­ que era joven de nuevo”, dijo.

Davison, quien es divorciada, dijo que lo último que esperaba era encontrar al amor de su vida en un asilo. Conoció a Leonard Moche en el elevador: era inteligente y la hací­a reí­r. Se mudó a su piso para estar más cerca de él.

Davison dijo que planeaban casarse cuando de pronto él se enfermó; murió este año y ella sigue de luto.

“Lo considero mi segundo esposo”, dijo. “Fue grandioso, inesperado y maravilloso mientras duró”.

Tomado de: The New York Times.

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