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miércoles, 04 de agosto del 2021

“Las parejas cambian, pero el sexo que te das a ti te acompaña toda la vida”

¿Cómo vivimos en pareja la masturbación? ¿Qué tan determinante es en nuestro deseo sexual? ¿Es posible superar prejuicios arraigados y entregarnos al autoplacer sin pudor? De estos temas conversamos con la orientadora sexual Rosa Veas, de Starsex

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Junto a psicólogas y sexólogas de Starsex, marca de productos eróticos con enfoque feminista, la orientadora y terapeuta sexual Rosa Veas promueve la democratización del placer y orienta a las personas que diariamente les escriben y visitan sus tiendas. "Muchos, sobre todo mujeres, nos cuentan qué es lo que les afecta y cómo es su sexualidad. La mayoría tiene una historia de machismo y represión muy fuerte. Hemos recibido mujeres que rompen en llanto al contar que se masturban, porque se sientes observadas por Dios o parejas heterosexuales que discuten porque alguno quiere llevar algún juguete. La experiencia nos ha enseñado mucho", dice Rosa.

A casi dos meses de la llegada de Covid-19 a nuestro país, asegura que las ventas online de Starsex –a todo Chile– han aumentado el doble, y los mensajes y consultas no paran. Y es que, según Rosa, el confinamiento ha generado la necesidad de explorar fantasías incumplidas y que es un buen momento para explorar la masturbación, incluso en pareja.

¿Es importante practicar el autoplacer estando en pareja?

Sí. Es fascinante y valioso porque es el primer paso esencial para generar una individualidad erótica. No se puede amar y entregarse al placer sin practicárselo a una misma. Las parejas cambian, pero el sexo que te das a ti te acompaña toda la vida. Es curioso que siempre buscamos el placer con el de al lado, pero hay que pensarlo de otra forma: no nos dan placer, sino que nosotros conducimos y generamos nuestro placer en el sexo. Es importante empoderarse del propio cuerpo. Y mi experiencia me dice que mientras más autoplacer nos damos, más conexión tenemos con nosotros mismos y con nuestra pareja. Realmente aumenta mucho el deseo sexual, además de aumentar nuestras defensas, regular nuestros ciclos hormonales, calmar los dolores menstruales, disminuir el estrés y prevenir, en el caso de los hombres, enfermedades a la próstata.

¿Qué prejuicios en torno a la masturbación estando en pareja, sobre todo heterosexuales, has escuchado?

Hay muchas inseguridades. Se piensa que cuando uno de los dos busca el autoplacer es porque no está encontrando lo que necesita en la otra persona. Nos ha pasado en la tienda que la mujer quiere llevar un dildo que es más grande que el pene de su pareja y eso causa molestia en él porque, históricamente, han validado su masculinidad en torno al tamaño y su capacidad de dar placer. Y también pasa al revés: un hombre quiere llevar un masturbador y a ella no le gusta la idea porque piensa que se va a adecuar a ese producto y que su vagina no es suficiente. Es curioso que la gente más adulta no se masturba y eso es por temas estructurales, sociales y de infancia. Hay poca exploración de la propia sexualidad. Ni siquiera se investiga: nos perfeccionamos en un montón de cosas menos en cómo llevar nuestra sexualidad. En ese sentido me ha llamado la atención que muchas parejas lleguen a la tienda buscando algo para estimularse cuando el problema que tienen es más profundo y se soluciona con comunicación. Es muy probable que alguien que no se comunica no logre ni siquiera acercarse a la masturbación dentro de la pareja y no pueda decir qué es lo que necesita para obtener placer.

¿Qué recomiendas para lograr la masturbación en pareja?

Lo primero es lograr verte a ti misma en tu propia masturbación sin necesidad de ocultar tu cuerpo. A mí, personalmente, me pasaba que siempre que lo hacía me tapaba, aunque hiciera calor, y consultando con otras mujeres descubrí que a muchas les pasaba. Me sentía extraña y con la sensación de estar expuesta, de que estaba siendo observada. Cuando lo identifiqué, comencé a destaparme, a mirarme el cuerpo, a usar espejos y fue muy erótico. Es muy importante naturalizar la observación del propio cuerpo para así no sentir pudor al tocarme frente a mi pareja. Yo recomiendo armar una especie de ritual: estar cómodos los dos, en la cama, con un lubricante y, si es posible, una bala vibradora para estimular zonas erógenas propias y de mi pareja. Desnudarnos y observar nuestros cuerpos suavemente. Creo que la mirada, en general, es algo devaluado en el sexo y yo siento que es de lo más relevante. Mirar al otro cuando se toca es sumamente excitante. No toda masturbación tiene que ir acompañada de penetración: puede que la experiencia sea tan placentera que ni siquiera haga falta. Pero es muy importante para perder la vergüenza conversarlo, manifestar nuestras necesidades y fantasías.

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