Crédito France 24
Por Alonso Rosales
El departamento del Chocó intenta levantarse después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano el lunes 10 de agosto y cuyo epicentro se localizó en las inmediaciones de San José del Palmar. El desastre dejó una estela de muerte, viviendas destruidas, hospitales sobreocupados, comunidades incomunicadas y una población que ahora enfrenta el desafío de reconstruir sobre una región que durante décadas ha reclamado mayor presencia del Estado.
El balance nacional continúa aumentando. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres reportó 285 personas fallecidas en Colombia y cerca de 3.900 heridas al 14 de agosto. Sin embargo, esta cifra corresponde al conjunto del país y no exclusivamente al Chocó.
En Quibdó, capital departamental, se han confirmado 13 personas fallecidas, además de centenares de viviendas afectadas. Sectores como Medrano presentan casas con paredes derrumbadas, escaleras deterioradas y estructuras que todavía representan peligro para sus habitantes.
Entre los territorios chocoanos directamente golpeados se encuentran San José del Palmar, epicentro del terremoto; Quibdó, donde se concentra una parte importante de los daños; Unión Panamericana, uno de los municipios con víctimas mortales; Istmina y comunidades del Alto Baudó, donde las dificultades de comunicación y transporte han retrasado la evaluación de los daños.
La situación es especialmente dramática en las comunidades rurales e indígenas. Algunas permanecen incomunicadas debido a derrumbes y daños en las vías, mientras el transporte fluvial se ha convertido en una de las principales alternativas para trasladar heridos, alimentos y ayuda humanitaria.
El Hospital Departamental San Francisco de Asís, en Quibdó, funciona bajo una presión extraordinaria. Su ocupación llegó a superar ampliamente su capacidad, mientras parte del personal médico también sufrió daños en sus propias viviendas. A pesar de ello, médicos, enfermeros y trabajadores sanitarios continúan atendiendo a la población.
La tragedia ha vuelto a colocar sobre la mesa una pregunta que durante años ha acompañado al Chocó: ¿por qué una región tan rica en oro, platino y biodiversidad continúa enfrentando niveles tan elevados de pobreza y precariedad institucional?
El terremoto no creó esa crisis. La hizo visible.
El departamento posee una de las mayores riquezas ambientales de Colombia, pero históricamente ha enfrentado graves deficiencias en infraestructura, salud, vivienda, carreteras y servicios públicos. Ahora, miles de familias necesitan viviendas seguras y asistencia para reconstruir sus hogares.
La gobernadora Nubia Carolina Córdoba-Curi dio por terminada la fase de búsqueda y rescate y pidió trasladar equipos hacia otras zonas afectadas. El siguiente desafío será mucho más complejo: pasar del rescate a la reconstrucción.
Los habitantes del Chocó observan con esperanza, pero también con desconfianza. Muchos temen que la atención nacional disminuya cuando desaparezca la emergencia de los titulares y que las promesas de reconstrucción terminen como otras promesas anteriores.
El terremoto dejó destrucción, pero también puso nuevamente al descubierto una deuda histórica. Reconstruir el Chocó no significa únicamente levantar paredes derrumbadas. Significa construir hospitales, carreteras, viviendas resistentes, escuelas y servicios públicos capaces de responder a las necesidades de una población que durante décadas ha reclamado no ser olvidada.
La emergencia sísmica puede terminar, pero la reconstrucción apenas comienza.