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Por Alonso Rosales
La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia abrió una nueva etapa en las relaciones entre Bogotá y Washington, marcada por una mayor coincidencia política y, especialmente, por una agenda compartida en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, pese al acercamiento entre el mandatario colombiano y el presidente estadounidense Donald Trump, los resultados concretos en áreas económicas y comerciales todavía son limitados.
De acuerdo con un análisis publicado por CNN en Español el 17 de septiembre, el nuevo Gobierno colombiano ha buscado reorientar su política exterior hacia una relación más estrecha con Estados Unidos después de los desencuentros que caracterizaron buena parte del vínculo entre Trump y el expresidente Gustavo Petro.
Uno de los principales puntos de coincidencia es la lucha contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico. Washington mantiene, sin embargo, la descertificación de Colombia en materia de cooperación antidrogas, aunque continúa vigente una asistencia estadounidense de alrededor de 52 millones de dólares destinada a operaciones de erradicación de cultivos ilícitos e interdicción de aeronaves y embarcaciones vinculadas al tráfico de drogas.
La decisión estadounidense se produjo pese al cambio de Gobierno en Bogotá. La administración de Trump ha señalado que Colombia podría recuperar su certificación si demuestra avances sustanciales en la lucha contra el narcotráfico y el desmantelamiento de organizaciones criminales.
Para el Gobierno de De la Espriella, la nueva relación representa una oportunidad para fortalecer la cooperación bilateral. Durante la visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio a Barranquilla, ambas partes establecieron los denominados “Acuerdos de Barranquilla”, con una agenda centrada en la reconstrucción del país, la recuperación económica y la seguridad hemisférica.
La cooperación también se ha extendido a áreas de inteligencia y seguridad. Según CNN, se han reactivado canales de intercambio de información marítima y aérea con el Comando Sur de Estados Unidos. Washington también proporcionó asistencia humanitaria a Colombia después del terremoto del 10 de agosto, mientras ambos gobiernos analizan nuevas áreas de cooperación.
Donde el acercamiento político todavía no se ha traducido en resultados equivalentes es en el terreno comercial.
El Gobierno colombiano ha solicitado a Washington reducir los aranceles que afectan a buena parte de sus exportaciones. De la Espriella planteó personalmente a Trump la posibilidad de flexibilizar esas barreras, argumentando que Colombia necesita mejores condiciones para sus exportadores en medio de las dificultades fiscales y económicas que enfrenta.
Hasta ahora, la Casa Blanca no ha anunciado una reducción general de esos aranceles. CNN señala que la política proteccionista de Washington continúa condicionando cualquier eventual concesión comercial.
Esta situación revela una diferencia importante entre la cooperación política y la económica. Mientras Bogotá y Washington encuentran puntos de coincidencia en seguridad, narcotráfico, migración e intercambio de inteligencia, las negociaciones comerciales avanzan con mayor lentitud.
El propio Gobierno colombiano ha planteado que la nueva relación debe convertirse en una asociación estratégica de largo plazo. Durante su encuentro con Rubio, De la Espriella afirmó que Colombia pretende relacionarse con Estados Unidos desde sus propios intereses nacionales y bajo principios de soberanía, autonomía y pragmatismo.
El nuevo escenario representa, por tanto, un cambio significativo respecto de los últimos años, pero todavía no permite hablar de una transformación completa de la relación bilateral.
Washington parece valorar el giro de Bogotá hacia una política de mayor cooperación en seguridad, mientras Colombia espera que esa cercanía también produzca beneficios económicos y comerciales.
La permanencia de la descertificación antidrogas demuestra que la coincidencia política no implica automáticamente concesiones. Al mismo tiempo, la continuidad de la ayuda estadounidense y la reactivación de los mecanismos de cooperación muestran que ambos países mantienen canales institucionales activos.
La relación entre Trump y De la Espriella entra así en una etapa de mayor proximidad, pero con una agenda todavía pendiente de resultados. Para Colombia, el desafío será convertir la afinidad política en acuerdos concretos que tengan impacto en seguridad, comercio, inversión, asistencia y recuperación económica.
Por ahora, la alianza está más avanzada en el terreno estratégico y de seguridad que en el económico. El comportamiento de Washington durante los próximos meses permitirá determinar hasta dónde llega realmente el nuevo acercamiento entre los dos gobiernos.