El Kremlin confirmó que mantiene contactos directos con el Gobierno de Nicolás Maduro y reconoció la existencia de “obligaciones contractuales” con Venezuela.
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Por Alonso Rosales.
El Kremlin confirmó este domingo 2 de noviembre que mantiene contactos directos con el Gobierno de Nicolás Maduro y reconoció la existencia de “obligaciones contractuales” con Venezuela, en medio del creciente clima de tensión por los ataques estadounidenses en el Caribe y el Pacífico.
El portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, declaró que Moscú está “en contacto con sus amigos de Venezuela”, tras ser consultado por la agencia TASS sobre un supuesto pedido de ayuda militar del mandatario venezolano a Vladimir Putin, publicado por The Washington Post. Peskov no precisó si esa solicitud efectivamente se produjo, pero subrayó que existen compromisos vigentes entre ambos países.
El anuncio llega pocos meses después de que Maduro y Putin firmaran un acuerdo de asociación estratégica en Moscú, que incluye cooperación en energía, minería, transporte, comunicaciones y, de forma más sensible, seguridad y defensa antiterrorista. El pacto, ratificado en octubre, refuerza la relación entre dos gobiernos que se presentan como aliados frente a la influencia de Estados Unidos.
Mientras tanto, en Washington, Donald Trump negó haber tomado una decisión sobre un eventual ataque a Venezuela, aunque reconoció que evalúa operaciones contra “rutas de narcotráfico” en la región. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses han destruido 16 embarcaciones en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, dejando 64 muertos, según datos del Pentágono.
Venezuela, que ha comprado armamento ruso durante casi dos décadas, dispone hoy de uno de los sistemas de defensa aérea más sofisticados de América Latina, con misiles Igla-S y cazabombarderos Sukhoi Su-30MK2, de fabricación rusa.
Análisis: lo que significa el respaldo ruso
La confirmación del Kremlin marca un respaldo político y estratégico a Maduro en un momento crítico. Aunque Peskov evitó hablar de una alianza militar activa, su referencia a “obligaciones contractuales” sugiere que Rusia podría asumir un papel de contención o disuasión ante una ofensiva estadounidense.
En términos prácticos, esto podría traducirse en asistencia técnica, suministro de repuestos o inteligencia militar, sin llegar —por ahora— a una intervención directa. Sin embargo, el simple reconocimiento del vínculo envía un mensaje claro: Venezuela no está aislada diplomáticamente, y Moscú está dispuesto a mostrar presencia simbólica o material en el hemisferio occidental, como contrapeso a la presión de Washington.
En un tablero global cada vez más polarizado, el acercamiento ruso refuerza la narrativa antioccidental del chavismo, pero también aumenta el riesgo de escalada geopolítica en una región que históricamente ha estado bajo influencia estadounidense.
“Cuando Rusia se mete en el conflicto, el juego deja de ser regional”, advierten analistas. “Se convierte en una disputa de poder global donde Venezuela es el punto de fricción”.