Por Francisco Manzanares
El flujo de remesas hacia El Salvador continúa siendo uno de los pilares fundamentales de la economía nacional en 2026, especialmente en un contexto marcado por nuevas medidas financieras anunciadas por Estados Unidos. La reciente orden ejecutiva impulsada por la administración de Donald Trump, que busca endurecer controles sobre transferencias transfronterizas, ha generado preocupación sobre posibles efectos en el envío de dinero desde el exterior.
Hasta mayo de 2026, El Salvador ha recibido aproximadamente $3,400 millones en remesas familiares, según estimaciones basadas en tendencias recientes del Banco Central de Reserva (BCR). Esta cifra refleja un crecimiento moderado en comparación con el mismo período de 2025.
En 2025, durante los primeros cinco meses del año, el país registró alrededor de $3,250 millones en remesas, lo que significa que en 2026 el incremento ronda entre un 4 % y 5 % interanual.
A nivel anual, en todo 2025, El Salvador cerró con aproximadamente $8,200 millones en remesas, consolidando a Estados Unidos como el principal origen de estos envíos.
La nueva orden ejecutiva estadounidense no prohíbe las remesas, pero sí introduce mayores controles y vigilancia sobre las transferencias, especialmente aquellas consideradas de riesgo. Entre los puntos clave que podrían impactar están:
Estas medidas podrían provocar:
Las remesas representan cerca del 24 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país, siendo un soporte clave para:
Además, mayo suele ser uno de los meses con mayor recepción de remesas debido a celebraciones como el Día de la Madre, lo que refuerza su impacto social.
A pesar de las nuevas regulaciones, los analistas prevén que las remesas seguirán creciendo, aunque a un ritmo más lento. Se estima que al cierre de 2026 podrían alcanzar entre:
Las remesas continúan siendo un pilar esencial para la economía salvadoreña. Aunque la orden ejecutiva de Estados Unidos introduce nuevos desafíos regulatorios, no elimina el flujo de envíos, pero sí obliga a una mayor formalización y control. El verdadero impacto dependerá de cómo se implementen estas medidas y de la capacidad de adaptación de los migrantes y del sistema financiero.