Médicos advierten que los cambios de Trump y Kennedy pueden dejar a los niños más expuestos a enfermedades prevenibles

Por Alonso Rosales 

La decisión del presidente Donald Trump de reducir las vacunas infantiles recomendadas por el Gobierno federal ha provocado una fuerte reacción entre especialistas en pediatría y enfermedades infecciosas, que cuestionan que la nueva política tenga detrás evidencia científica suficiente.

La controversia aumenta por el papel del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien durante décadas ha difundido posiciones críticas hacia las vacunas y ha cuestionado, sin respaldo científico, posibles vínculos entre las vacunas y el autismo. La evidencia acumulada durante décadas no ha encontrado una relación causal entre las vacunas y el autismo.

El Dr. Sean O’Leary, presidente del Comité de Enfermedades Infecciosas de la American Academy of Pediatrics, sostiene que las vacunas infantiles han sido cuidadosamente estudiadas y que el calendario se establece teniendo en cuenta cuándo el sistema inmunitario de los niños está preparado para responder de manera adecuada. La organización mantiene para 2026 un calendario que recomienda la inmunización rutinaria contra 18 enfermedades.

La Dra. Pia Pannaraj, profesora de Pediatría de la Universidad de California en San Diego y miembro del mismo comité, ha expresado preocupación por la confusión que pueden generar los cambios de las autoridades federales. Para la especialista, los padres necesitan contar con un calendario estable y basado en evidencia para tomar decisiones sobre la salud de sus hijos.

También ha sido contundente el Dr. Paul Offit, especialista en enfermedades infecciosas y director del Vaccine Education Center del Children’s Hospital of Philadelphia. Offit ha cuestionado la política de Trump y Kennedy y ha advertido que reducir la protección mediante vacunas puede contribuir al regreso de enfermedades que durante años estuvieron bajo control. En particular, ha señalado el aumento del sarampión como una señal preocupante de las consecuencias de una menor cobertura de vacunación.

La preocupación de los médicos se concentra además en la decisión de separar la vacuna triple vírica —sarampión, paperas y rubéola— en tres aplicaciones diferentes. Los especialistas señalan que no se ha presentado una nueva evidencia que demuestre que dividirla ofrezca una ventaja para los niños y temen que exigir más visitas médicas provoque retrasos o que algunas dosis nunca lleguen a administrarse. La propia Organización Mundial de la Salud defendió sus calendarios de vacunación basados en más de seis décadas de investigación.

El debate, por tanto, no se limita a cuántas vacunas debe recibir un niño, sino a si las decisiones de salud pública deben continuar fundamentándose en décadas de evidencia científica o modificarse a partir de decisiones políticas. Para los pediatras que cuestionan la nueva política, el mayor riesgo es que la incertidumbre entre los padres termine reduciendo la vacunación y facilite nuevos brotes de enfermedades prevenibles.