Por Redacción ContraPunto
La informalidad económica —esa actividad económica que opera fuera del marco regulado del Estado— es una realidad extendida en muchas economías latinoamericanas. Recientemente, un estudio del Banco Mundial puso de relieve que El Salvador se encuentra entre los países con una de las economías informales más grandes de la región, medido como proporción del Producto Interno Bruto (PIB). Esto no solo refleja una característica estructural del mercado laboral salvadoreño, sino también plantea desafíos de desarrollo, recaudación fiscal y protección social para millones de hogares.
Una economía informal entre las más altas de la región
Según el informe titulado Repensar la tributación para impulsar el crecimiento en América Latina y el Caribe, publicado en septiembre de 2025 por el Banco Mundial, el grado de informalidad varía considerablemente entre los países de América Latina. El estudio sitúa en los primeros puestos, por el tamaño de su economía informal como porcentaje del PIB, a:
Estas cifras ilustran que en varios países de Centroamérica y parte de Sudamérica, una parte significativa de la actividad económica opera fuera del sector formal, sin cobertura social, sin bases tributarias amplias y con limitaciones de acceso a financiamiento y servicios básicos.
¿Por qué el Banco Mundial estudia este fenómeno?
El Banco Mundial no solo presenta estas cifras como meros indicadores, sino que analiza las causas y consecuencias de la informalidad económica. La institución señala que:
El informe compara también estos países de alta informalidad con otros de la región en los que el fenómeno es menos intenso. Por ejemplo, Chile registra una proporción de economía informal mucho más reducida, cerca del 13.1 % del PIB, y otros como Argentina y Uruguay también muestran niveles menores, lo que sugiere que políticas de formalización sólidas pueden hacer una diferencia.