Peter Thiel, el magnate que impulsa una “sociedad secreta” de poderosos y al que rechazan en Argentina

Por Alonso Rosales

La presencia de Peter Thiel en Argentina ha dejado de ser un asunto exclusivamente empresarial para convertirse en un debate político, económico y social. El multimillonario germano-estadounidense, cofundador de PayPal y propietario de Palantir, una de las compañías más importantes del mundo en análisis de grandes volúmenes de datos, enfrenta ahora protestas de sectores que cuestionan su creciente influencia en el país y sus vínculos con el gobierno del presidente Javier Milei.

Cientos de personas se movilizaron el 29 de agosto en Buenos Aires, especialmente en los alrededores de la residencia de Thiel en Barrio Parque. Los manifestantes reclamaron su salida del país y expresaron su rechazo a lo que consideran una creciente entrega de recursos estratégicos a grandes capitales internacionales.

“Desalojo exprés a Peter Thiel”, “Los territorios y el agua no se venden” y “Los buitres a Silicon Valley, la biodiversidad se queda acá” fueron algunas de las consignas exhibidas durante la protesta.

Pero el malestar no se limita a la figura personal de Thiel. Su presencia se encuentra vinculada a una discusión mucho más profunda: quién controla los recursos naturales, los datos, la tecnología y las decisiones estratégicas de un país en una época en la que el poder económico de las grandes corporaciones tecnológicas puede rivalizar con el de numerosos Estados.

Thiel estableció su residencia en Buenos Aires a comienzos de este año. Su llegada coincidió con un creciente acercamiento al gobierno de Milei. Ambos comparten posiciones favorables a la reducción del Estado, la oposición a determinados impuestos sobre la riqueza y una visión económica que privilegia la iniciativa privada y la inversión de grandes capitales.

El vínculo adquirió una dimensión económica todavía mayor cuando Thiel Macro, el fondo de inversión creado por el empresario, adquirió acciones de Vista Energy por unos 75,9 millones de dólares, equivalentes aproximadamente al 1 % de participación en la compañía petrolera argentina vinculada a Vaca Muerta.

Vaca Muerta representa uno de los activos energéticos más importantes de Argentina y concentra enormes reservas de petróleo y gas no convencional. Para sus defensores, la llegada de capital extranjero puede significar inversión, empleo y crecimiento económico. Para sus críticos, existe el riesgo de que los recursos estratégicos queden progresivamente bajo la influencia de grandes fondos internacionales.

El debate se intensificó además por el denominado Súper RIGI, una ampliación del régimen de incentivos para grandes inversiones impulsado por el Gobierno de Milei. La iniciativa contempla beneficios para proyectos que superen los 1.000 millones de dólares y pretende atraer inversiones en sectores considerados estratégicos, entre ellos infraestructura digital y grandes centros de datos.

Sin embargo, la controversia más delicada alrededor de Thiel está relacionada con Palantir.

Una investigación periodística de la revista digital Anfibia, realizada con apoyo de Reporteros Sin Fronteras, señaló que Palantir intentó acceder en 2017 a información digitalizada relacionada con la causa del atentado contra la AMIA, ocurrido en Buenos Aires en 1994 y que dejó 85 muertos y más de 300 heridos.

El episodio abrió interrogantes particularmente sensibles sobre privacidad, soberanía tecnológica y utilización de información vinculada a investigaciones judiciales. En una sociedad cada vez más dependiente de los datos digitales, el control de esa información constituye una forma de poder que trasciende las fronteras tradicionales.

El poder detrás de Silicon Valley

Peter Thiel no es solamente un empresario tecnológico. Es también uno de los principales exponentes de una corriente política que cuestiona algunos de los fundamentos de las democracias liberales contemporáneas.

En un ensayo publicado en 2009 por el Instituto Cato, Thiel sostuvo una frase que desde entonces ha sido ampliamente citada: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.

Su argumento parte de la preocupación por el crecimiento del Estado y por la posibilidad de que las mayorías electorales impulsen políticas que, desde su perspectiva, limiten la libertad económica individual.

Pero sus críticos interpretan esa posición de otra manera. Para ellos, el problema no es únicamente la crítica al Estado, sino la concentración de poder en manos de empresarios tecnológicos que poseen enormes recursos económicos, capacidad de influencia política y acceso a tecnologías capaces de procesar cantidades gigantescas de información.

Thiel también ha desempeñado un papel relevante en la carrera política de J.D. Vance, actual vicepresidente de Estados Unidos, a quien apoyó financieramente durante su trayectoria empresarial y política. Su influencia dentro de los sectores conservadores de Silicon Valley y de la nueva derecha estadounidense ha contribuido a convertirlo en una figura política mucho más importante que un simple inversionista.

Una nueva disputa por el poder

Las protestas en Buenos Aires revelan, en última instancia, una discusión que trasciende a Peter Thiel.

Argentina posee recursos energéticos, minerales estratégicos, grandes extensiones de territorio y un enorme potencial agrícola y tecnológico. El interrogante que plantean sus críticos es si la llegada de capitales internacionales permitirá desarrollar esas riquezas en beneficio del conjunto de la sociedad o si terminará profundizando la concentración económica.

Al mismo tiempo, aparece una nueva dimensión: los datos.

Palantir se ha convertido en una empresa fundamental para gobiernos y organismos de seguridad debido a sus capacidades de análisis de información. Esa realidad plantea una pregunta inevitable para cualquier Estado: ¿quién controla los datos de sus ciudadanos y quién decide cómo pueden utilizarse?

La controversia alrededor de Thiel representa, por tanto, una expresión de una disputa mucho mayor. Por un lado, están quienes consideran que el capital tecnológico y financiero puede acelerar el desarrollo económico. Por otro, quienes temen que detrás de esa inversión se configure una nueva estructura de poder donde empresarios multimillonarios tengan una influencia desproporcionada sobre gobiernos, territorios, recursos naturales y sistemas de información.

La discusión argentina apenas comienza. Peter Thiel puede ser visto como un símbolo de innovación, inversión y futuro tecnológico; sus detractores, en cambio, lo consideran la expresión de un modelo en el que el poder económico pretende ocupar espacios que tradicionalmente correspondieron a los Estados.

En el fondo, la pregunta que queda sobre la mesa no es solamente qué hace Peter Thiel en Argentina, sino qué tipo de país quiere construir Argentina y quién tendrá el poder para decidirlo.