Del arriendo temporal a una vivienda digna: Delesprella debe escuchar a las víctimas

Por Alonso Rosales

Las voces de las víctimas entrevistadas por Caracol TV dejan una conclusión difícil de ignorar: tres meses de arriendo no resuelven el problema de quienes lo han perdido todo y necesitan una vivienda para reconstruir sus vidas.

La propuesta atribuida al presidente electo Abelardo de la Espriella de entregar tres meses de arriendo puede representar una ayuda inmediata, pero resulta insuficiente si no está acompañada de una política seria de vivienda. ¿Qué ocurrirá cuando termine el tercer mes? La familia seguirá sin casa, volverá a enfrentar el pago del alquiler y, en muchos casos, continuará dependiendo de la solidaridad pública.

Las víctimas no están pidiendo únicamente un auxilio pasajero. Están reclamando seguridad, estabilidad y un techo digno. Y esa demanda debería ser escuchada por quien dice   conducir los destinos del país.

De la Espriella se ha presentado políticamente como un hombre fuerte, capaz de enfrentar grandes desafíos. Incluso ha recurrido a la imagen del “tigre” para describir su liderazgo. Precisamente por eso, ahora tiene la oportunidad de demostrar que esa fortaleza también puede ponerse al servicio de los sectores más vulnerables.

Un verdadero liderazgo no se mide solamente por la capacidad de confrontar adversarios o pronunciar discursos contundentes. También se demuestra cuando una familia que perdió su vivienda recibe una solución que le permita comenzar nuevamente.

Una propuesta que vaya más allá del arriendo

El Gobierno debería estudiar un programa extraordinario de reconstrucción y vivienda para las familias afectadas, con soluciones diferenciadas según cada caso: construcción de viviendas nuevas, subsidios completos para quienes no puedan asumir créditos, terrenos públicos disponibles para proyectos habitacionales y mecanismos de financiación de largo plazo para las familias que sí tengan capacidad de pago.

Los tres meses de arriendo podrían mantenerse como medida de emergencia, pero deberían convertirse en el primer paso de una ruta que termine en una vivienda permanente.

También sería necesario establecer un censo transparente de las familias damnificadas, identificar quiénes perdieron totalmente sus viviendas y publicar periódicamente los avances del programa. La tragedia de una familia no puede convertirse en una cifra dentro de un informe gubernamental.

Colombia necesita soluciones que tengan rostro humano. Una casa no es solamente cuatro paredes: es el lugar donde una familia recupera su tranquilidad, donde los niños pueden volver a estudiar y donde comienza la reconstrucción después de una tragedia.

Por eso, la petición a De la Espriella es sencilla: reconsidere la propuesta de los tres meses de arriendo y escuche directamente a las víctimas.

Si quiere demostrar que es el “tigre” que dice ser, este es el momento. Pero no con más retórica, sino con decisiones concretas para quienes hoy no tienen casa.

Porque un Gobierno que no sea capaz de garantizar una respuesta digna a los que lo han perdido todo corre el riesgo de quedarse solo. Ni siquiera le llegará a  gato.