Por Carlos F. Imendia
El encuentro de dos mundos, esa explosión o choque de dos corrientes, el cristianismo y las cosmogonías, el pensamiento abstracto y filosófico nahua, comprendido por los trece cielos, donde habitaban los dioses mesoamericanos, y la reservada capa, Tláltipac donde habitaban los mortales, bajo los pies de la raza humana se conferían nueve inframundos, el Mictlán , a donde iban las almas de los muertos.
La cosmogonía nahua se basaba, en escalas de cinco soles , acompañadas y destruidas por catástrofes cósmicas , el quinto Sol o Era actual , preservada gracias al sacrificio de seres humanos.
La dualidad imperaba en la cosmogonía nahua, día/noche, bien /mal, orden /caos.
La Muerte.
Cada ser vivo era portador del “Tonalli” una energía proveniente de las divinidades , el sacrificio humano y animal , no era vista como una forma de violencia o brutalidad , sino una reciprocidad con el cosmos y los dioses que ahí habitan.
Otro aspecto es el Ollin o movimiento, pensaban los nahuas que el cosmos no era estático, todo lo existente se sustentaba en el movimiento y los movimientos telúricos, acoplamientos de placas tectónicas en Mesoamérica, los terremotos determinaban el fin de los ciclos.
En El Salvador, la localidad sonsonateca de Nahuilingo, según la modalidad descriptiva de los nahua – pipiles y su traducción náhuatl: Nahui- Olin-go (lugar de los cuatro movimientos) El signo calendárico que da nombre a la era actual, el Quinto Sol. El Sol necesita ser alimentado para seguir moviéndose en su tránsito del Este al Oeste, esto significaba la sustentación de sangre de los sacrificados, se asocia el famoso juego de pelota, que existen sus vestigios en sitios arqueológicos en El Salvador como Tazumal y Cihuatan , con respecto al movimiento del cosmos (Ollamaliztli) y la lucha por mantener la vida en el mundo, incluso algunos académicos y estudiosos no lo ven como un deporte de masas como el futbol, sino como un rito cósmico muy profundo.
Tonatiuh (El Sol) era la fuerza que sostenía el mundo y debía alimentarse –no de vez en cuando sino todos los días– necesitaba: Sangre y corazones palpitantes , incluso de los mismos jugadores del juego de pelota, ganadores y perdedores, la bola de resina de látex del chicun zapote , era la representación del sol en su tránsito por el cielo, el choque de la pelota con las paredes, el aro de piedra, y las caderas de los jugadores evocaba el ciclo solar y su paso por los puntos cardinales, que el sol se detuviera era impensable y catastrófico.
Del rescate de la tradición oral de los sabios nahuas sobre el Ollin (Movimiento) se rescatan bellos pensamientos tan relevantes como el de los europeos:
“La vida es un cambio continuo”, “El equilibrio es frágil y debe ser sostenido con esfuerzo”, “El destino de los hombres está ligado al destino del cosmos”.
Y en resumen la divinidad principal –Para los nahuas—Era una energía creadora en constante movimiento.