Ursula von der Leyen, presidenta de la Unión Europea. Foto: Cortesía.
Por Alonso Rosales
En las últimas semanas ha estallado una crisis diplomática sin precedentes entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE) que ha puesto en tensión las relaciones transatlánticas. El epicentro de este conflicto es Groenlandia, un vasto territorio ártico de enorme importancia estratégica que forma parte del Reino de Dinamarca, y las recientes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles a países europeos que han apoyado militarmente a Dinamarca en la región. La respuesta europea ha sido rápida, unida y enérgica, con posicionamientos claros desde Bruselas hasta París, Berlín, Copenhague y más allá.
El detonante: aranceles, presión y tensiones sobre Groenlandia
Donald Trump anunció que, a partir del 1 de febrero de 2026, planea imponer un arancel del 10 % (subiendo hasta el 25 % en junio) sobre productos importados desde varios países europeos —incluidos Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia y los Países Bajos— como represalia por sus ejercicios militares conjuntos en Groenlandia y por no apoyar lo que él ha descrito como la posible “adquisición” por parte de Estados Unidos de la isla.
Trump justificó estas medidas afirmando que la presencia militar europea en la región constituye una amenaza para la seguridad de Washington y que Groenlandia es esencial para la “seguridad nacional”. Estas declaraciones, lejos de ser meramente retóricas, incluyeron sugerencias sobre presionar hasta que se llegue a un acuerdo que beneficie a Estados Unidos.
La Unión Europea responde: unidad, soberanía y rechazo al chantaje
La Unión Europea respondió de inmediato con una postura de firme rechazo y solidaridad con Dinamarca y Groenlandia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto con el presidente del Consejo Europeo, destacó que las amenazas arancelarias “socavan las relaciones transatlánticas” y que Europa permanece unida y comprometida con la soberanía territorial del Reino de Dinamarca y de Groenlandia.
La UE también subrayó que el despliegue militar europeo en el Ártico —dentro de ejercicios como Operation Arctic Endurance coordinado por Dinamarca— es parte de los esfuerzos para reforzar la seguridad del conjunto de la Alianza Atlántica (OTAN), y no una provocación hacia Estados Unidos.
Posturas nacionales dentro de la UE
La “bazuca” del comercio: Francia impulsa el instrumento anti-coerción
En medio de este enfrentamiento, Francia ha tomado un papel preponderante dentro de la UE. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha liderado el impulso para activar plenamente el Instrumento Anti-Coerción de la UE, coloquialmente conocido como la “bazuca comercial”.
Este instrumento, adoptado en 2023, permite a la Unión Europea protegerse contra la coerción económica de terceros países mediante la imposición de contramedidas —incluyendo aranceles o restricciones— a aquellos que empleen tácticas de presión injustificadas. En este contexto, la propuesta francesa considera que las amenazas de Trump contra socios europeos constituyen un uso de coacción económica que justifica la activación de esta herramienta para defender los intereses europeos.
Macron ha enfatizado que ninguna intimidación o amenaza influenciará las decisiones europeas sobre asuntos de soberanía y seguridad y que la UE responderá de forma coordinada y firme si estas medidas se consolidan.
Solidaridad y coordinación: el bloque europeo en pie de lucha
La crisis del Ártico ha llevado a una coordinación sin precedentes entre miembros de la UE y países aliados. La convocatoria de reuniones de urgencia entre embajadores europeos, declaraciones conjuntas de ocho países y el intercambio constante entre ministerios de Exteriores evidencia una postura consolidada frente a lo que consideran una forma de chantaje político y económico.
Además, la presidenta del Parlamento Europeo, así como líderes de otros países europeos, han reiterado su apoyo a la soberanía y autodeterminación de Groenlandia y Dinamarca, así como su rechazo a cualquier medida que pueda desencadenar una “espiral peligrosa” en las relaciones transatlánticas.
Fuentes. INFOBAE , THE GUARDIAN , EL PAIS.