Por Max Herrador
Para cualquier persona no salvadoreña el volado resultaría ser algo que se fue volando… a lo más en el juego figurativo de la palabra “el volado” podría ser un fulano que dopado en exceso voló en un roce con la demencia psicodélica, es decir:
―El Pepe anduvo bien volado en la fiesta de la Catalina.
Sin embargo, para los salvadoreños “el volado” tiene un sinfín de significados, que van desde lo cotidiano hasta lo peyorativo, pasando por supuesto por lo picaresco.
Veamos unos ejemplos al respecto, sírvanse entonces un cafecito y prepárense para reír un poco.
La forma quizá más común que la salvadoreñidad usa la palabra es para designar una cosa, por ejemplo:
―Hey vos… alcánzame ese volado―, refiriéndose a un objeto indeterminado, que no se quiere mencionar por alguna razón; podría ser un teléfono, un condón, una cerveza, un whisky en las rocas, o bien, cualquier cosa en particular.
O bien, “el volado” puede usarse agregándole una terminación para referirse a una acción “de hacer”, que por lo general termina siendo una acción compleja, por ejemplo:
―Estamos esperando a que Chepito “voladee” el televisor nuevo.
Es decir, el hijo menor es el único que puede configurar la TV recién comprada. Otro ejemplo podría ser cuando en un grupo de jóvenes solo hay un cigarro que debe ser compartido, y hay una tensa relación para encenderlo o no, a lo que se suele decir:
―Voladeá ese volado pues cerote… y dejá de estarlo contemplando―, que traducido al español universal debería de decirse: ―Apúrate enciende el cigarrillo Camilo.
También la palabra “el volado”, tiene una significación sobre ciertas circunstancias… circunstancias que podrían ser al igual que lo anterior un tanto indiscretas, incluso, rosando con la fechoría, por ejemplo:
―Entonces compadre… ¿cómo vamos a hacer el volado?―, cuando dos amigos un día antes quieren escabullírseles a sus respectivas señoras para irse de farra, y tienen que planear una estratagema para lograrlo.
Está también las veces que en la salvadoreñidad usamos “el volado”, para situaciones altamente picarescas como cuando le dice un compañero al otro en la universidad:
―Huuuuuy mirá Juancho… ese voladito que va pasando por allí―, señalándole y codeándolo, para que su amigo alce rápido la vista y vea a la diva rubia despampanante que camina con leggins y tacones altos en el pasillo de la facultad.
O bien, podría ser el caso contrario entre dos señoritas, que le dice una a la otra:
―Mirá el gran volado que se le echa de ver al Joselito cuando se levanta la camisa.
En fin, mis estimadas conversas podrían pasar horas y horas contándoles tanto volado sobre el uso que los salvadoreños hacemos de la palabra “el volado”, así que mejor ya no les quito el tiempo, ya sé que tienen muchos volados que hacer y de seguro el café ya se lo voladiaron mientras leían todos estos volados, o más bien dicho, mientras se voladeaban estas quinientas palabras.