El mundial ajeno

Gabriel Otero

El futbol es el deporte más practicado en el mundo, difícil de obviar e imposible de ignorar, ya sea para verlo o criticarlo. Cada cuatro años surgen émulos liliputienses de Jorge Luis Borges, uno de sus críticos acérrimos, quien, presumiblemente en 1978, lanzó su famoso apotegma: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”.

En un juego de paradojas, gracias a la FIFA, el futbol extravió su tufo a calle y barrio, el precio de entrada a los estadios durante el mundial 2026 resultó prohibitivo, las localidades se agotaron hace meses y la reventa está aprovechando cualquier resquicio para una grosera especulación,  se convirtió en un evento ajeno para las masas, como si fuera una carrera de Fórmula 1, perdió su atributo popular. Además, hay una inevitable gentrificación en las zonas aledañas a los recintos deportivos, que se preparan a albergar a los visitantes golondrinos en detrimento de la población local.

El mundial tripartito organizado entre Canadá, Estados Unidos y México ha derivado en el negocio previsible para las corporaciones que no tienen ningún reparo en presentarse con una gama de productos para los consumidores globales.

Pero eso no es todo, Gianni Infantino, presidente de FIFA impulsó que de 32 selecciones participantes se incrementaran a 48, es decir, uno de cada cuatro países de los 211 que conforman dicha organización clasificaron a la fase final. Un negocio redondo, legítimo y calculado que hace que las corruptelas de Joseph Blatter parezcan juegos de niños.  

Pero han surgido varios inconvenientes, el gobierno de Estados Unidos, el principal organizador de la justa deportiva está impulsado una política segregacionista y de intolerancia con la población latina y en sus afanes expansionistas amaga con enemistarse con sus aliados europeos y, además, generó una lista de doce países cuyos ciudadanos no pueden ingresar a dicha nación, entre estos, Haití e Irán, calificados al mundial.    

De los 104 juegos, 78 se llevarán a cabo en Estados Unidos, 13 en México y los 13 restantes en Canadá y se duda que exista una tregua migratoria y algunas potencias futbolísticas como Alemania y Países Bajos barajaron la posibilidad de boicotear el máximo evento deportivo mundial. Ante esta postura, Infantino manifestó “Estoy en contra de las prohibiciones, así como contra los boicots. Creo que no aportan nada, simplemente contribuyen a más odio.”(1)

Con el planeta a punto de estallar y el futbol cada vez más alejado de su esencia, se asoma un mundial ajeno en el que el dinero descarado ha sustituido el amor a la camiseta, y solo falta, y no sería nada extraño, que la codiciada Copa FIFA cambiara de nombre para llamarse Copa Donald Trump.

Habrá que esperar cualquier ridiculez.

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(1) Jornada, L., & Independent, A. Y. (2026, 3 febrero). Un boicot contra el Mundial sólo aportaría «más odio», sostiene Gianni Infantino. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/03/deportes/un-boicot-contra-el-mundial-solo-aportaria-mas-odio-sostiene-gianni-infantino