Por Alonso Rosales
Comerciantes del tradicional sector de La Candelaria, en el centro histórico de Bogotá, han expresado su preocupación por el impacto económico que, según denuncian, están provocando las vallas y barreras de seguridad instaladas en diferentes puntos de la zona.
Los propietarios de establecimientos comerciales sostienen que las estructuras dificultan el acceso de clientes y turistas a restaurantes, cafés, tiendas y otros negocios, una situación que habría provocado una disminución de las ventas de hasta 80 %, de acuerdo con testimonios recogidos por medios colombianos, entre ellos Caracol TV.
La preocupación se concentra especialmente en un sector cuya economía depende en buena medida del turismo, del tránsito peatonal y de la llegada diaria de visitantes al centro histórico. Para los comerciantes, cualquier obstáculo que limite el paso o genere la percepción de que determinadas calles están cerradas termina repercutiendo directamente en sus ingresos.
Los empresarios y trabajadores del sector están solicitando a las autoridades revisar las medidas de seguridad y retirar las vallas que, a su juicio, ya no sean necesarias o que puedan ser sustituidas por mecanismos que permitan garantizar la seguridad sin bloquear el acceso a los establecimientos.
La discusión se produce en medio de las nuevas políticas de Bogotá para ordenar el espacio público. En 2026, la administración distrital puso en marcha el Decreto 117, que establece nuevas reglas para organizar el espacio público, mejorar la seguridad y regular las actividades económicas informales. La Alcaldía sostiene que el objetivo es encontrar un equilibrio entre seguridad, movilidad, convivencia y derecho al trabajo.
La Candelaria tiene además una importancia particular por su condición de centro histórico y turístico. La propia administración local reconoce que la zona recibe diariamente una alta población flotante y mantiene operativos de inspección y vigilancia sobre las actividades económicas y el espacio público.
El problema, según los comerciantes, es que las medidas destinadas a garantizar la seguridad pueden terminar produciendo un efecto contrario sobre quienes dependen del movimiento de personas para mantener abiertos sus negocios.
No es la primera vez que los comerciantes de La Candelaria advierten sobre el impacto económico de las restricciones de movilidad. En marzo de 2024, propietarios de restaurantes ya habían denunciado ante Caracol Radio fuertes pérdidas debido a protestas y cierres de calles que impedían el ingreso de clientes y proveedores.
Los comerciantes plantean que seguridad y actividad económica no deberían ser objetivos enfrentados. Su petición consiste en revisar la ubicación de las vallas y garantizar corredores de acceso para residentes, trabajadores, proveedores, turistas y clientes.
La demanda cobra especial relevancia para pequeños negocios que tienen gastos permanentes de alquiler, salarios, servicios públicos, impuestos y proveedores. Una reducción prolongada de las ventas puede convertir una afectación temporal en un problema de supervivencia empresarial.
Mientras las autoridades buscan preservar el orden y la seguridad en uno de los sectores más emblemáticos de Bogotá, los comerciantes esperan que se encuentre una solución que permita mantener las medidas de protección sin aislar comercialmente a La Candelaria.
El reclamo central es claro: proteger la seguridad, pero sin cerrar el paso a quienes viven del comercio y del turismo en el centro histórico de Bogotá.