Crédito CNN, Reuters, AFP
Por Alonso Rosales
Colombia enfrenta una de las mayores tragedias naturales de los últimos años después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el país el lunes 10 de agosto. El balance de víctimas continúa aumentando y, según los últimos reportes, 224 personas han muerto y más de 600 resultaron heridas, mientras los equipos de emergencia mantienen las labores de búsqueda y rescate entre los escombros.
El terremoto tuvo su epicentro en el departamento del Chocó, una de las regiones históricamente más pobres y vulnerables de Colombia, y provocó daños de gran magnitud en Quibdó, Cali, Pereira, Manizales y otras localidades.
El Gobierno colombiano declaró el desastre nacional y mantiene desplegados equipos de rescate, personal médico, bomberos, policías y organismos de emergencia para atender a las víctimas y localizar a posibles sobrevivientes.
Las autoridades han reportado viviendas destruidas, edificios colapsados, centros de salud y escuelas afectados, además de problemas en aeropuertos y vías de comunicación que complican la llegada de ayuda a las zonas más golpeadas.
En el Chocó, la tragedia adquiere una dimensión particularmente dramática. Sus habitantes ya enfrentaban condiciones de pobreza, aislamiento geográfico y deficiencias históricas en infraestructura y servicios públicos.
“Se cayó todo, estamos en la calle”, es el desesperado relato de habitantes de Quibdó que perdieron sus viviendas y ahora permanecen junto a familiares y vecinos en espacios abiertos, ante el temor de regresar a estructuras dañadas.
Filadelfia, una madre de familia entrevistada por France 24, relató que su vivienda quedó gravemente afectada y que varios de sus familiares, incluidos menores de edad, tuvieron que pasar la noche fuera de casa.
“Muchas personas estamos en la calle. Se cayó todo, se llevó todo, todo se perdió”, relató.
La situación es todavía más complicada en municipios alejados de las principales ciudades. En Unión Panamericana, por ejemplo, las autoridades han informado de más de 120 viviendas colapsadas, además de víctimas mortales y problemas de electricidad y comunicaciones.
El alcalde Geyson Copete explicó que la comunidad ha recurrido a familiares y amigos para alojar temporalmente a quienes perdieron sus casas. Entre las necesidades más urgentes se encuentran alimentos no perecederos, frazadas, sábanas, cobijas y materiales para atender a las familias damnificadas.
El monseñor Juan Carlos Barreto, presidente del Secretariado Nacional de Pastoral Social Cáritas Colombiana, resumió la dimensión social de la emergencia al recordar que el Chocó ha vivido durante décadas una situación de “marginalidad y exclusión”.
En medio de la emergencia, El Salvador anunció el envío de 100 toneladas de ayuda humanitaria a Colombia, en una operación que contempla dos vuelos de carga.
El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, explicó que el Gobierno colombiano solicitó específicamente insumos humanitarios y que, por el momento, no requiere el envío de personal extranjero de rescate o atención médica.
“El Gobierno de Colombia ha solicitado ayuda humanitaria únicamente en forma de insumos para atender a las familias afectadas por el terremoto”, explicó Bukele.
El mandatario señaló que los equipos colombianos de rescate, médicos y demás cuerpos de emergencia ya se encuentran desplegados en las zonas afectadas.
Por esa razón, El Salvador decidió concentrar su apoyo en el envío de suministros.
“Hemos decidido enviar dos aviones de carga con 100 toneladas de ayuda humanitaria, preparada de acuerdo con las necesidades que nos han transmitido las autoridades colombianas”, afirmó.
El primer avión partirá durante la noche de este martes y el segundo está previsto para salir el miércoles.
Bukele también aseguró que El Salvador permanecerá atento a la evolución de la emergencia y que está dispuesto a ampliar su cooperación si Colombia solicita otro tipo de asistencia.
“Si nuestros hermanos colombianos necesitan cualquier otro tipo de apoyo, estaremos listos para brindarlo”, expresó.
Finalmente, el presidente salvadoreño envió un mensaje de solidaridad a las víctimas y sus familiares:
“Nuestras oraciones están con las familias de las víctimas, con los heridos y con todo el pueblo colombiano. Que Dios bendiga y proteja a Colombia”.
El anuncio salvadoreño se suma a las muestras de solidaridad internacional que han comenzado a llegar a Colombia. La prioridad, sin embargo, continúa siendo la búsqueda de sobrevivientes, la atención de los heridos y la asistencia inmediata a miles de familias que han quedado sin vivienda.
Aunque el número de víctimas ya alcanza los 224 fallecidos y supera los 600 heridos, las autoridades advierten que el balance puede continuar modificándose mientras avanzan las operaciones de búsqueda y se logra establecer comunicación con comunidades que permanecen parcialmente aisladas.
El terremoto no solamente dejó una enorme cantidad de víctimas. También expuso, una vez más, las profundas desigualdades territoriales de Colombia.
En el Chocó, donde muchas comunidades históricamente han tenido dificultades para acceder a servicios básicos, carreteras, hospitales y comunicaciones, la emergencia representa un desafío todavía mayor.
Mientras los rescatistas trabajan entre los escombros y las familias buscan refugio, Colombia enfrenta ahora una segunda batalla: atender a los sobrevivientes, reconstruir las viviendas destruidas y evitar que una catástrofe natural se convierta en una crisis humanitaria prolongada.
El Salvador, con el envío de sus 100 toneladas de ayuda, se ha sumado a los países que buscan aliviar las necesidades inmediatas de una población colombiana golpeada por una tragedia que todavía está lejos de terminar.