Por Redacción ContraPunto
En 2025 y comienzos de 2026, el dólar estadounidense ha experimentado una de sus depreciaciones más significativas en años recientes, alcanzando su nivel más bajo en cuatro años frente a otras monedas globales. Esta caída, de aproximadamente 10% en 2025, representa uno de los peores desempeños de la moneda desde 2017 y ha tenido efectos tangibles en las economías de América Latina, principalmente a través de la contracción de las remesas familiares que reciben millones de hogares en la región.
1. ¿Cómo se ha debilitado el dólar y por qué importa?
El dólar, centro del sistema financiero global, ha visto una depreciación notable en los últimos dos años, influido por factores como un panorama económico interno menos robusto en Estados Unidos, mercados laborales más tensos y políticas monetarias menos atractivas para los capitales internacionales. Este debilitamiento significa que con la misma cantidad de dólares se compra menos valor en otras monedas, lo que erosiona el poder adquisitivo de los flujos de dinero que circulan internacionalmente.
Este debilitamiento no solo afecta a los mercados financieros, sino también a la vida cotidiana: los dólares enviados como remesas desde Estados Unidos rinden menos en términos de bienes y servicios locales en los países receptores.
2. La caída de las remesas: cifras que rompen tendencias históricas
Las remesas, es decir, el dinero que los migrantes envían a sus familias desde el extranjero, constituyen una fuente fundamental de divisas para América Latina y el Caribe. Hasta hace poco, estos flujos se habían caracterizado por un crecimiento constante durante más de una década. Sin embargo, en 2025 se marcó la primera caída anual en 11 años en países como México, donde los envíos familiares totalizaron 61,791 millones de dólares, una reducción de 4,6% respecto a 2024 y el fin de una racha de crecimiento sostenido.
Esta caída no se explica solo por el menor valor del dólar: también responde a factores estructurales como cambios en políticas migratorias en Estados Unidos y un mercado laboral donde ha aumentado la incertidumbre para migrantes.
3. ¿Qué significa un dólar más débil para quienes reciben remesas?
Aunque los totales de remesas pueden crecer o mantenerse estables en algunos países, la depreciación del dólar reduce drásticamente el valor real de estos ingresos. Es decir, aunque una familia reciba la misma cantidad de dólares, esos dólares compran menos productos y servicios en su país de origen. Esta pérdida de poder adquisitivo puede traducirse en menor acceso a alimentos, educación, salud y otras necesidades básicas.
El fenómeno no es homogéneo: en algunos países como Guatemala, Honduras o El Salvador, las remesas siguieron creciendo durante 2025, aunque el impacto real en términos de poder de compra fue menor por la depreciación de la moneda estadounidense comparada con las locales.
4. ¿Cómo afecta esto a las economías latinoamericanas?
Las remesas representan una parte importante del ingreso de muchos hogares latinoamericanos y, en ciertos países, una porción significativa del producto interno bruto (PIB). Por ejemplo, en países como Honduras o Nicaragua, las remesas pueden representar más del 30% del PIB, lo que convierte a estos flujos en un pilar económico crucial.
La caída en los ingresos de remesas y la menor capacidad de compra de esos dólares afectan:
Además, la desaceleración o caída de remesas puede intensificar la vulnerabilidad económica en comunidades rurales o pobres que dependen de esos ingresos para subsistir.
5. La narrativa política y económica: tensiones y realidades
Durante la administración del presidente Donald Trump y su segundo mandato, algunos discursos resaltaron la fortaleza económica de Estados Unidos y la idea de hacer “a Estados Unidos más grande”. Sin embargo, la realidad económica —incluida la depreciación del dólar— sugiere desafíos importantes que han repercutido tanto en Estados Unidos como en las economías latinoamericanas que dependen de la economía estadounidense para el envío de remesas.
En este contexto, la caída del dólar ha limitado la capacidad de los migrantes para apoyar económicamente a sus familias y ha expuesto la fragilidad de depender excesivamente de flujos que están fuera del control directo de los países receptores.
El debilitamiento del dólar y la caída de las remesas en América Latina constituyen un desafío económico de gran alcance. La depreciación de la moneda estadounidense reduce el valor real de los ingresos que sostienen a millones de hogares. Aunque hay variación entre países, la tendencia general obliga a reflexionar sobre la resiliencia económica, la diversificación de fuentes de ingreso y la necesidad de políticas públicas que mitiguen la vulnerabilidad social.
Frente a estos retos, los países latinoamericanos deberán fortalecer sus economías internas, promover la inversión productiva y reducir la alta dependencia de factores externos como las remesas, que están sujetos a las dinámicas cambiantes del dólar y la economía global.