“Comienza mañana.” Roxana repetía las palabras de la gerente en su cabeza y sonreía… el último éxito de reggaetón competía con el escape roto del bus por hacer el mayor ruido posible. Los pasajeros, ocupados en sujetarse para no caer en el siguiente frenazo, tienen todos la misma cara de resignación ante un mal necesario. Todos menos Roxana, quien por fin veía un rayo de luz después de la tormenta vivida en las últimas semanas.
Autor: Carlos Rosales |
“Comienza mañana.” Roxana repetía las palabras de la gerente en su cabeza y sonreía… el último éxito de reggaetón competía con el escape roto del bus por hacer el mayor ruido posible. Los pasajeros, ocupados en sujetarse para no caer en el siguiente frenazo, tienen todos la misma cara de resignación ante un mal necesario. Todos menos Roxana, quien por fin veía un rayo de luz después de la tormenta vivida en las últimas semanas.
Primero fue su abuelita, que se cayó por no pararse en el mish y se quebró el brazo. Luego su mamá perdió su empleo gracias a Trump y sus redadas contra los inmigrantes. Esto significó para Roxana dedicarse a las labores de la casa y no inscribirse en el ciclo de la universidad. El dinerito que mandaba su mamá ya no está y se hizo necesario buscar empleo.
Roxana se bajó en la parada y compró una Coca grande donde la Niña Mary para celebrar. Abrió la puerta y llamó a su abuela:
-“¡Mamanita!”
-“Estoy en el cuarto, hija.”
Mamanita estaba sentada en la cama, ordenando su ropa con el único brazo del que ahora disponía.
-“¡Me dieron el empleo!”
Ante la mirada de su abuela, Roxana prosiguió:
-“La entrevista de la que te hablé anoche.”
-“Disculpá, hijita, pero ando en las nubes, ¿de qué es el empleo?”
-“Es de cajera en el RapiMarket de Zacamil, ahí por donde vivía mi Tía Tita”
-“Que bueno hijita, ¿y ese RapiMarket es como un super o es una tienda de chinos?”
-“Bueno, es más como una tienda de las que están dentro de las gasolineras, sólo que sin gasolinera. Comienzo mañana.”
-“¡Que rápido! Y … ¿cuál será tu horario?”
-“Entro a las siete de la noche y salgo a las seis de la mañana. Tengo el turno nocturno.”
Eran las cuatro y veintitrés minutos cuando Roxana se bajó del bus. Por ser el primer día debía presentarse a las cinco de la tarde. Sin embargo, no quiso arriesgarse a llegar tarde y salió de su casa a las tres y media. Caminó la distancia entre la parada y su trabajo y miró el reloj antes de entrar: cuatro y treinta y cinco.
La gerente la felicitó por llegar temprano, le presentó a Delmy quien tenía el turno vespertino y quien se quedaría acompañándola en su primera noche para explicarle los detalles de su trabajo. Delmy le explicó cómo funcionaba el punto de venta, la expendedora de refrescos, el calentador de salchichas. Le mostró además dónde estaban los baños, la bodega de trastienda y los interruptores de las luces.
A las siete la gerente se retiró y Delmy le dio la oportunidad a Roxana de quedarse a cargo de la caja. El punto de venta era muy sencillo de usar y pudo cobrar sin problemas a unos jóvenes que llevaron sodas y golosinas. Delmy le ayudó preparando los hotdogs que un señor llevó como cena. A partir de las nueve, los clientes eran cada vez menos y Roxana tuvo oportunidad de ir al baño, algo que necesitaba hacer desde que llegó.
La puerta del baño de mujeres estaba cerrada con llave. Roxana pensó que alguien la cerró por accidente, ya que no había nadie en la tienda más que ella y Delmy, quien estaba llenando el calentador de salchichas. Caminó a su puesto donde estaba la llave, la tomó y regresó al baño. Metió la llave en la cerradura y antes de girarla, desde adentro alguien le dijo:
-“No, por favor.”
Roxana se detuvo en seco; la voz era de una mujer y sonaba vagamente familiar. Pensó que quizás la gerente se sintió mal y entró al baño en lugar de irse hacía un par de horas. Se dirigió adonde estaba Delmy y preguntó:
-“Hay alguien en el baño. No he visto entrar a nadie a la tienda. ¿Será que la gerente está ahí adentro?”
Delmy respondió extrañada:
-“La licenciada se retiró hace rato; la vi subirse a su carro. Abre con la llave.”
-“Alguien, desde adentro, me dijo que no abriera.”
Delmy la miró con cara de incredulidad.
-“Vamos.”
Las dos mujeres caminaron hacia el baño y Delmy tocó dos veces la puerta.
-“¿Está ocupado? ¿Hay alguien ahí?”
Nadie respondió.
-“Dame la llave.”
Delmy abrió la puerta del baño. Estaba vacío.
-“¿Ya ves?” le dijo sonriendo a Roxana.
.-“Estoy segura que oí una voz” dijo Roxana confundida,
-“Están asustando.” Dijo Delmy entre risas.
Roxana se quedó pensando, Delmy se fue a ordenar la bodega y para disipar la tensión encendió un viejo radio. La música de Los Galos comenzó a sonar. Roxana dejó de pensar en lo ocurrido y puso su atención en la canción.
-“Música deprimente.” Murmuró.
Poco antes de las once entró a la tienda un hombre vestido con uniforme de seguridad y una vieja escopeta colgando de una correa de cuero aún más vieja. El hombre era moreno, de baja estatura, sus ojos eran claros y su pelo canoso delataba que pasaba de los 60 años.
-“Buenas noches”. Saludó el hombre con una sonrisa. “Usted debe ser la nueva.”
Roxana no quiso contestar y prefirió responder con otra pregunta:
-“Buenas noches, ¿qué deseaba?”
El hombre miró hacia los baños como si buscara a alguien.
-“¿Delmy está aquí o se fue temprano?”
Roxana pensó que era el vigilante asignado a la tienda que llegaba a cubrir el turno de noche,
-“Delmy está en la bodega, voy a decirle que usted está aquí.”
Roxana comenzó a caminar hacia la bodega, pero se volteó para preguntar:
-“¿Cuál es su nombre? Para decirle…“
Roxana no alcanzó a terminar la frase porque el hombre ya había desaparecido.
Se asomó a la puerta, pero no había nadie afuera, solo un perro callejero dormitaba en el pequeño parqueo vacío.
“¿Qué pasó?”, preguntó Delmy desde detrás del mostrador.
Roxana respondió confundida.
-“El señor vigilante quería hablar contigo, pero no sé dónde se fue.”
Delmy la miró con cara de incredulidad.
-“¿Cuál vigilante?, Ya me asustaste.”
-“Hace un minuto vino un vigilante y preguntó por ti.”
-“Eso no puede ser, la empresa aún no ha contratado a nadie. Parece que estaremos sin vigilancia durante unos días más.”
Roxana no supo qué decir.
Delmy la miró seriamente y Roxana pensó que la tomarían como mentirosa o bromista y que quizás su empleo recién comenzado estaba en peligro.
Delmy la miró a los ojos y comenzó a hablar lentamente:
-“Hay algo que debes saber, pero no le digas a la licenciada que yo te lo dije.”
Roxana asintió con la cabeza.
-“Hace un par de meses, asaltaron la tienda en la noche. Fueron unos mareros, los agarraron y están presos.”
Por la cara de Delmy, Roxana sabía que eso no era todo.
-“Sin embargo, acuchillaron al vigilante. Murió en el hospital.”
Roxana comenzó a sentir miedo.
-“La tienda dejó de abrir por la noche desde entonces. Yo cerraba a las siete, hasta hoy que tenemos abierto hasta tarde.”
Roxana no supo qué responder, pero su cara lo hizo por ella.
Delmy trató de tranquilizarla:
-“No te preocupes, con los mareros presos ahora la zona es segura. Además, pronto tendremos otro vigilante.”
Delmy regresó a la bodega repitiendo que no se preocupara.
Roxana no dijo nada, pero su mente no dejaba de pensar… ¿Debía renunciar? ¿esperar? ¿Su mente le estaba advirtiendo del peligro inconscientemente?
Trató de tranquilizarse. Después de todo, faltaban menos de siete horas para salir. Renunciar o no, mañana lo pensaría. Lo consultaría con Mamanita. Todo va a estar bien.
Decidió entretenerse ordenando las golosinas, luego los churros. Oyó a lo lejos las campanadas de la iglesia; era la medianoche.
Fue entonces que escuchó el ruido. Fue como un suspiro, como un grito que se apagó antes de tiempo. Seguido de un golpe, sonaba como algo que cayó al suelo, algo o alguien.
-“Delmy? ¿Todo bien?” Preguntó Roxana con voz fuerte para que pudiera escucharse desde la bodega.
Delmy no respondió. Pero alguien lo hizo desde la calle.
-“Ayudenme.”
Roxana salió rápidamente del mostrador y al asomarse a la puerta vio algo que le quitó el aliento: en la acera estaba un hombre, su cuerpo, tirado en el suelo, estaba cubierto de sangre y su cara mostraba una combinación de dolor y horror. Era el vigilante, el mismo que había llegado antes.
Roxana solo pudo dejar escapar un grito:
-“¡¡¡¡¡Delmy!!!!!!”
Sin embargo, su voz se apagó de golpe cuando vio tres figuras acercándose a la puerta. Eran tres hombres vestidos con ropas flojas. Uno de ellos llevaba un machete, que iba dejando un reguero en el suelo. Sangre.
Roxana salió corriendo hacia la bodega. Volvió a gritar, pero Delmy no aparecía. Sintió los pasos de los hombres detrás de ella y decidió encerrarse en el baño ya que estaba más cerca.
En la oscuridad del baño, puso el cerrojo y se paró junto a la puerta deteniéndola. Oyó los pasos afuera. Pensó en Delmy. La bodega no tenía puerta. ¿Cómo iba a escapar?
Silencio. Los pasos se detuvieron y solo se oían murmullos ininteligibles. Luego pasó algo que la llenó de horror: alguien comenzó a abrir la puerta. Con la llave. Seguro que le quitaron la llave a Delmy. Desesperada, empujó la puerta para impedir que se abriera. Pero era inútil.
Roxana sólo alcanzó a suplicar:
-“No, por favor.”
La puerta se abrió y Roxana solo pudo cerrar los ojos ante la intensa luz que invadió su oscuro refugio.
Delmy cerró la cortina metálica con un gran estruendo. Eran las siete y dos minutos de la noche. Echó llave y luego comenzó a caminar hacia la parada de buses. Temprano la licenciada le dijo que ya estaban buscando a alguien para poder volver a abrir toda la noche. Delmy pensó: “¿Quién va a querer trabajar en un lugar donde mataron a dos personas? Están locos.”
Llegó a la parada donde dos señoras se quejaban: “Ya va a llover y no pasa el bus.”